XXXII-mayo 2022-N°344

Yo como médico, hace ya muchos años, aprendí a ejercer y disfrutar el don de la escucha. El estar atento a un sin fin de signos y síntomas, la mayoría de ellos médicos, pero también a las historias personales, familiares y porque no, las barriales. En estas últimas es donde quiero determe hoy, estimado lector. Es como retomar esa sana costumbre, que conocimos de niños, cuando el médico del barrio que tanto nos conocía, no solo sabía de medicina sino también de lo que sucedía en sus calles pues las caminaba a toda hora, algunas veces las disfrutaba y otras las padecía, como el resto de los vecinos. Hoy en día es tema de conversación las veredas, las hojas del otoño, el acelerado paso de los autos, lo incómodo del cruce de las barreras, la contaminación de la autopista,  pero fundamentalmente los recuerdos. Es así que me dijeron hace muchos años que en una calle del barrio, una cortada para ser más exacto que no quiero divulgar, existían los fantasmas del pasado. Esas almas que ya no estando en este mundo de los mortales nos acarician cuando una noche de viento y frío caminamos por sus veredas mientras pisamos ruidosamente las hojas de esos árboles, ya desnudos, que acompañan nuestro andar. Cuando me enteré de este hecho, para mi novedoso,  no tuve mejor idea que vivir mi propia experiencia y sentí la sensación de que muchos duendes caminaban a mi lado, pero acá viene lo más apasionante, pues esa sensación muy nostálgica, las viví en otras calles de nuestro barrio. Fue así que pensé que se trataba de algo que se sentía solamente en esta época del año y lo repetí en el invierno, en la primavera y porque no en el verano pero  la respuesta siempre fue la misma, percibir esos duendes  que caminan por sus calles invisibles a los ojos pero cercanos a mi piel. Es por esto, estimado lector que todo barrio que se jacte de ser sincero consigo mismo, nunca ocultará esas almas que caminan a nuestro lado por sus calles que con su pasado hicieron posible que hoy tengamos esta pujante Villa Luro que todos amamos y que no surgió de la nada misma sino de la vida de esos duendes que no vemos, pero físicamente  habitaron el barrio y escribieron nuestra historia. 

Dr. Horacio Torcelli

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