José Carlos Soriano “PEPE”… 25/09/1929 – 13/09/2023
En septiembre de 1999, nos habíamos entrevistado con Pepe Soriano, en esos días estaba grabando “Trillizos” en los estudios Mapol en la localidad de Martínez, compartimos un café en el bar del lugar, la charla fue espontánea, agradecidos por su entusiasmo y respeto por nuestro medio y por Villa Luro que estuvo presente en aquel cálido e inolvidable encuentro
Mi primer nombre es José…mi segundo es Carlos; pero todos me llaman y me conocen como Pepe. Nací un 25 de septiembre del año 1929 y sigo viviendo en la misma casa en donde nací en el barrio de Colegiales y, como todos saben, trabajo de actor. Tuve una infancia, quizás como la de muchos o casi todos, con momentos muy lindos y con otros momentos no tan gratos; de joven me dediqué a estudiar abogacía, pero abandoné la carrera para volcarme al teatro, mi gran vocación que conservo hasta el día de hoy.
¿Qué recuerdos tiene de aquel viejo barrio?
Mi casa era la típica de gente de trabajo; una construcción tipo chorizo que reciclé, le encontré mi estilo, conservando su esencia, sus paredes me remontan a distintos momentos de mi vida.
Fui a la escuela del barrio, al colegio Nacional de Colegiales y luego a la Facultad de Abogacía, cuando se inauguró su nuevo establecimiento, sobre la Avenida Figueroa Alcorta.
Volviendo a aquel pibe de barrio ¿Su infancia fue la de la pelota de trapo y el balero?
En los barrios, cuando yo era chico, el fútbol se jugaba en la calle, en el potrero o en cualquier lado; porque en esa época abundaban los espacios. La mayoría eran ideales para usarlos como canchitas, no había otra posibilidad, no teníamos televisión, ni computadoras, ni juegos electrónicos; tenías una pelota, un balero o se jugaba a la billarda. Y aunque parecía que no tenías muchas opciones más, siempre algo nuevo inventábamos ¡Cómo disfrutábamos!…
En esos años ¿ya se perfilaba su vocación actoral?
Para mí, fue de siempre, es algo natural, sin duda en mí. Era chico y recitaba en los actos escolares; recuerdo que en el Colegio Don Bosco había un conjunto filo dramático, donde siempre intervenía. Así la actuación fue ocupando un rol muy importante en mi vida, permitiéndome llegar a la gente, me acercó primero a un público, que eran compañeros de escuela, maestros, padres, familias…vecinos. Cuando llegó el teatro se hizo más fuerte ese lazo. Con la obra “El loro calabrés” voy hoy a todos los barrios, a los pueblos…Me gusta encontrarme con ese público tan cálido, que muchas veces no pueden ir a verte a los grandes teatros del centro de nuestra Ciudad, porque prefieren quedarse en su lugar de pertenecía. Seguramente actué en algún lugar de Villa Luro, me parece que fue en un Centro de jubilados. Llegué a “los cien barrios porteños” como decía Alberto Castillo… con “El loro calabrés.”.
¿El teatro es el lugar, donde se siente más cómodo trabajando?
Siempre me agradó hacer cosas que yo sintiera que pudiera hacer bien. Si hago una mala obra de teatro no me gusta y si hago mal cine o televisión tampoco. Me anoto hoy por hoy, en lo que creo que sirve, puedo equivocarme también; por eso opino que no es mejor el teatro que la televisión o el cine. Lo bueno es lo que uno realiza con convicción.
¿Sus padres eran inmigrantes?
Ellos nacieron, ambos, en la Argentina, mis abuelos sí fueron inmigrantes. Llegaron de Italia de los dos lados, de madre y padre. Me crié con todos estos italianos familiares y amigos. Así fui aprendiendo los dialectos y conviviendo con ellos, también sus costumbres. Pastas todos los días domingo, los jueves comíamos pollo, en esa época, aun siendo pobres, se podía comer pollo y del bueno.
¿Se siente una persona famosa?
A veces la gente piensa que cuando lo mira a uno está mirando un espejo diferente del que tiene enfrente, pienso que deben vernos como a cualquier otra persona; nuestro trabajo es el de actor, pero en la cotidianeidad somos todos iguales…quiero ser feliz, o por lo menos lograr una felicidad armoniosa y buscó como todos la unión familiar, que es el sostén para vivir mejor, en compañía de tus seres queridos, como podría olvidarme de aquellas mesas llenas de paisanos italianos nacidos allá o descendientes…mis padres los abuelos… tíos, primos, sobrinos… En cuanto a ¿sentirme famoso? Para mí es un invento de la televisión; eso es puro cuento.
¿La vocación viene con uno, o también es puro cuento?
(risas) Esa ya es una pregunta más seria. Entiendo que la vocación es una tendencia que sí viene con uno; te puedo dar un ejemplo, la vocación la tienen también los animales, una vez me dijo Cuttini (dueño durante años del Zoológico de Ezeiza) que hay tigres que son lamedores, otros acariciadores con las patas, todos tiene diversas tendencias y creo que esto también pasa con la gente, nacemos con una facultad o inclinación hacía una cosa más que otra.
¿Qué papel le gustó más interpretar en su larga trayectoria?
Todo lo que hice en mi vida, lo hice convencido, me habré equivocado dos o tres veces, pero todo lo que realicé en mi carrera fue lo que elegí. Por eso no tengo plata, es muy sencillo.
¿Pero seguramente hay en su corazón, una película, un programa de televisión?
Si tengo que nombrar una película les diría “La Patagonia rebelde”. En teatro “Lisandro” y en televisión un programa que se llamó “Rito de adviento”con el que gané el premio al mejor actor en el Festival Internacional de Monte Carlo, eso fue en el año 1970.
Como sabe Mirando al Oeste es una publicación nacida en Villa Luro, nos gustaría saber ¿Cuál fue la película con más exteriores barriales?
Filmé “El ayudante” en toda la zona portuaria, donde se respira el clima de barrio, con gente de trabajo, con vecinos que mostraban gran curiosidad; porque siempre está presente ese invento de considerarnos “estrellas”, pero después la gente se da cuenta de que somos como ellos, nos ven laburando 12 ó 14 horas por día y ven nuestro cansancio, realmente se te cae el alma a pedazos.
¿Cuándo se fue a vivir a España, que cosas extrañaba más del país?
A los amigos y a mucha gente. Extrañaba los olores, los sabores. No necesitaba cosas folclóricas como el mate, necesitaba esos lugares donde me reunía, necesitaba a los vecinos que me saludaban y me preguntaban ¿cómo estás?, no tiene nada que ver Madrid con Buenos Aires, digamos que puede haber cosas en común en la arquitectura de nuestros centros de la ciudad, pero los barrios no se asemejan, porque tienen su identidad, pueden ser mejores o peores, pero son otros, no hay comparación.
¿Cómo nos definiría su barrio de Colegiales?
Mi barrio es el lugar donde aprendí a gatear, mi barrio es donde yo aprendí a querer, mi barrio es donde aprendí a ser persona. Yo soy producto de mi barrio.
¿Qué nos puede decir del barrio de Villa Luro?
Que lo conocí y lo caminé mucho cuando era pibe; porque en Villa Luro, zona con muchos inmigrantes italianos te estoy hablando de fines de los años treinta, principio de los cuarenta, Vivian unos parientes de mi abuela. Recuerdo que, en ese entonces, se estaba poblando, con su arroyo (Maldonado) a cielo abierto, la pelota de trapo era la identidad, las alpargatas como zapatos y hasta más de uno andaba descalzo. También he viajado en el trencito que iba de Versalles a Villa Luro y me llamaban la atención las quintas, algunas eran inmensas, en una había frutillas, era como un “mar rojo” una imagen ideal para usarla en una película, quizás no en esos tiempos, porque eran en blanco y negro (risas) mi cabeza la imagina en los días actuales. Villa Luro al igual que mi barrio eran mi “Patria”, casi no salíamos, aquí teníamos el club, la canchita, los amigos, por eso no te movías, ir al centro era todo un acontecimiento.
¿Qué otra imagen puede darnos de Villa Luro?
Yo soy de Boca, aunque no soy fanático, pero acepto que el futbol es muy importante en el sentimiento de los argentinos y esta pasión es mayor cuando un barrio tiene a su estadio y su club local, es por eso que a Villa Luro no lo puedo dejar de relacionar con su viejo “Fortín” donde presencié varios partidos…allá en su cancha de la calle Basualdo. Una vez me encontré con Alberto Castillo y él me hablo de Vélez y de su infancia en Villa Luro y yo le conté que conocía al barrio. pero cuando se emocionó y largó su más fuerte carcajada de felicidad, fue cuando le dije que había conocido los viejos tablones de su inolvidable “Fortín de Villa Luro”.
¿Recuerda a más amigos del barrio?
de Villa Luro era Mario Lozano, Ricardo Passano y Oscar Rovito al que quiero mucho y a quien conozco desde que era un pibe y hacía de “Tarzanito”. Todos son viejos compañeros y amigos, porque uno termina siendo amigo de la gente a lo largo de los años de andar por el mismo camino.
¿Cómo lo recuerda a Mario Lozano? Sabemos que lo venía a visitar
Muchas veces me acerqué a su departamento de Villa Luro, porque era un gran amigo, nos encantaba hablar de todos los temas, con Mario trabajé en “Una sombra ya pronto serás”. Siempre critiqué que a él lo habían encasillado para interpretar solo a villanos, nos reíamos cuando lo hablábamos porque, yo le decía que a mí también me habían encasillado, siempre me ponían de viejito o de viejita como cuando hice “La nonna”. Una vez tuve que hacer de padre de Juan Carlos Torry cuando tenía 24 años. Hoy grande me siguen pidiendo que haga de viejo, pero ya está acorde a mi realidad.
Pero interpretar a viejitos siempre le ha traído satisfacciones
Muchísimas alegrías, y los he interpretado en España y Francia, lo que pasa es que en la Argentina a la tercera edad se la descarta, todo está pensado para los jóvenes, por eso a mí, siempre me ha gustado ocuparme de la gente grande y mis abuelos siempre fueron un tributo a nuestros mayores.
¿Cómo es su relación con la gente?
En el barrio me conocen de siempre, incluso mi familia vive por aquí, además supongo que por ser actor me conocen más. En la calle me saludan amablemente, cuando uno es grande no tenés fans, las chicas solo persiguen a los jóvenes (risas) aunque nunca fui galán…a Ricardo Passano sí que le gritaban, lo perseguían, él paraba el tránsito. Mi relación con la gente es respetuosa, me dicen que les gusta lo que hago y les respondo con agradecimiento.
Anécdotas no le deben faltar…
Cuando vivía en Banfield, tomaba el tren rutinariamente por la madrugada; una vez me quedé dormido y fui a parar a Brandsen; recuerdo que cuando volví a casa, me preguntaron “¿Dónde estuviste?” y le respondí “viajando”…¡.Cuanto deseaba un auto en esos tiempos!
Por ultimo le pedimos una despedida para los lectores de Mirando al Oeste
Simplemente quiero recordarle a la gente que un actor es un tipo que hoy trabaja en condiciones bastante duras, son muchas las horas y en definitiva a nuestro gremio también le falta trabajo, como al resto del país. Hay muchos actores desocupados y hablo de nombres con trayectoria, no solo de quienes empiezan.
Y quiero aprovechar también este espacio, para mandar un afectuoso saludo a todos los vecinos y les diría que trabajemos juntos para que en la Argentina la honestidad, la ética y la solidaridad sean palabras que se cumplan todos los días.
Gracias Pepe a 24 años de esta nota, volverla a revivir nos ocasiono emoción; mucha nostalgia y comprobamos como las personas con honestidad en sus palabras son leales a su pensar, aunque pasen muchos años.
