XXXII-mayo 2022-N°433
Me dijeron, que en una calle del barrio, abundan los jardines y los árboles se asoman por las rejas como chusmas de barrio y dejan sus frutos al alcance de la mano, como las mandarinas del 5024, que estiran tanto sus ramas para no perderse ningún detalle, que los vecinos, aprovechan y se manducan algunas y el perfume de las muy olorosas mandarinas, los acompañan toda la cuadra hasta sus casas.
También me dijeron, que en esa calle, hay jardines con hortensias, coronas de novia y calas y en uno de ellos, hay una planta de jazmines, que cuando apenas sopla una leve brisa, se perfuma toda la cuadra.
Dicen, los más nostalgiosos, que por suerte, a esa calle de casas bajas y techos de chapas, todavía no se la llevó de upa la piqueta. Es más, el paso de la gente en esa calle, es más lento como si la acariciaran y gozaran pisar sus veredas, esquivar una baldosa floja o saltar un charquito.
El sol, sale a pleno en esa bendita calle de casas bajas y la puesta de los atardeceres, es una fiesta para los vecinos, hasta la lluvia es bienvenida por los mas chicos y cuando para, cuando para de llover, se muestra el Arcoiris con sus mejores colores y después, se pavonea como un pavo real por toda la calle.
Me dijeron, que en esa calle del barrio de casas chorizo, del corralón de Don Pedro, con zanjas y bichos colorados, de escondidas contando hasta diez, con el almacén de Dos Mariano, la modista del 5052, el patio y la galería y los ñoquis amasados por mi vieja América, viven hoy en el lugar más hermoso de nuestro cuore.
Me dijeron que en una calle del barrio…

Carlos Alberto Paez
