XXXII-mayo 2022-N°344
Cuando me propusieron desde la revista, escribir algo bajo el título “Me dijeron que en una calle del barrio…”; decidí hacerlo, pero omitiendo el “me dijeron…”, ya que, aunque era muy niña, lo que contaré, es para mí una vivencia muy nítida. Cuantas veces escuchamos “yo de mis 3 o 4 años no recuerdo nada” …Yo en cambio sí tengo recuerdos de esos primeros años de vida.
El tema, me inspiró para escribir de una calle en especial y de los carnavales de los cincuenta, aquellos hermosos bailes de máscaras que nuestros hijos y nietos se perdieron.
En aquellos tiempos había muchos corsos, algunos pequeños diseminados por todo el barrio. El mío era el “Corsito de Murature”, que se armaba en esa calle, entre Moliere y Virgilio.
Todo estaba muy bien organizado, por un señor que vivía en Murature 5230; hoy su casa sigue en pie, es un recuerdo vivo a más de medio siglo de distancia.
De 14 a 17 hs se jugaba al agua y todos participaban: Padres, hijos, abuelos; como les dije en los 50 yo era muy chiquita, pero todo me vuelve con naturalidad y frescura, son imagines imborrables. A las 17 hs, seguramente el vecino organizador, era el que avisaba que se habían terminado “los juegos de agua”, todos obedientemente agarraban sus baldes, también baldeaban la vereda y calle y si les sobró, volvían a sus casas con sus pomos, los globitos…que reservaban para el día siguiente.
Entrabamos a nuestros hogares para merendar y para cambiarnos, con nuestros disfraces. ¡Todos se disfrazaban! Después del agua las calles y veredas quedaban secas; los abuelos principalmente iban con sillas o banquetas a ocupar un lugar a lo largo de los cordones de la calle Murature, para ir formando una especie de platea y así “cómodamente” disfrutar de lo que después sería el corso.
A veces hasta se armaba temprano un escenario sencillo. A partir de las 19 hs empezaba el movimiento y duraba hasta las 21hs; primero se desarrollaba el “corso infantil” allí los niños mostraban sus habilidades en el baile, canto y vestimenta; siendo siempre muy aplaudidos por los vecinos en esos momentos “publico espectador”.
Finalmente, a la noche “El corso de los grandes”: Música, bailes, papel picado. Como realmente era muy chica, en algún momento me dormía, me ponían entre dos sillas al cuidado de una tía abuela, mientras seguía la diversión. Se terminaba a media noche, para que todo volviera a comenzar al día siguiente.
Así transcurrían los esperados 4 días de carnaval de la calle Murature; en algún lugar tengo fotos de mis padres, tía Mariana, amigos y siempre estaba yo en alguna de esas fotos con mis 2, 3 o 4 años felizmente disfrazada por mamá frente a la vereda donde viven Berry Reffray o Adelma, cuando las encuentre a esas fotografías, que están tan bien guardadas, que olvide el lugar…se las muestro.
Cristina Heyazi

