XXXII-mayo 2022-N°344
Alguien me dijo que vaya a esa cuadra de mi barrio. No sé si fue en un sueño , pero allá voy en este atardecer.
Mientras camino caen sobre mí las hojas que el viento del otoño arranca de las ramas de los árboles. Las observo planear suavemente antes de llegar al suelo. Éste es el lugar. Ésta la calle Miro a un lado y a otro. Hay silencio y soledad.
Me apoyo en la pared sin ventanal ni puerta y espero. No sé qué, pero espero. Un dulce y placentero estado me lleva a cerrar los ojos y respirar hondo sintiendo la brisa otoñal que tiene aroma a hoja seca. Escucho sonidos, y voces, que aparecen en sucesión:
El martillar del Herrero moldeando una herradura del caballo inquieto sostenido fuertemente por su amo .
El ronroneo del motor del Citroën del Profesor de Piano que llega para darme clase
Escucho esa melodía repetida que suena en mi piano ,sin que yo la toque….Pero quién lo hace ahora….?
Escucho al diariero pregonando : ¡»Diarios revistas y diarios»….!
El golpeteo de los cascos del caballo acompañado por el tintinear de la campanilla del carruaje del Lechero con fileteados coloridos
Escucho el ring ring acompasado de la campanilla que hace sonar el Sereno en su bicicleteada nocturna
Huelo el aroma de la Dama de Noche que se abre cuando todas las otras flores duermen.
Aparece en la esquina la maravillosa Fogata del día de San Pedro y San Juan con su fascinación
El Tranvía con su chanchan casi tanguero
Divina ensoñación.
Abro los ojos . …¿ Despierto?
Estoy parada en una calle señalada por alguien . Esta calle que reconozco, forma parte de mi vida.
Estoy y me quedo, a disfrutar del recuerdo.
María M. Fernández Serrano

