XXXII-Junio 2022-N°345
Mi papá me contaba que fue uno de los primeros vecinos de nuestra cuadra que compró ese nuevo invento “revolucionario”: El televisor, obviamente era en blanco y negro y el único canal que salía al aire era el 7; pero alcanzaba y sobraba, ya que la compañía de la radio seguía, pero ver las imágenes, aunque la trasmisión fuera aburrida era otra cosa: De a poco los programas fueron mejorando y Antonio mi viejo se prendía a todos, desde ya algunos le gustaban más que otros, uno era “la peluquería de Fidel” que salía al aire en los comienzos de los sesenta, protagonizada por Fidel Pintos, uno de los actores preferidos de casa y a quien papá conoció, porque venía a visitar a su hermana que vivía en Villa Luro y se lo cruzó en más de una oportunidad por las calles del barrio. Ese peluquero Fidel era muy cómico y el público respondía, ya que tenía mucho rating y nunca quedo en el olvido, a punto tal que 20 años después Sofovich decide reponer a ese personaje de la mano de otro capo cómico Jorge Porcel, esta vez se llamaría Don Mateo un peluquero yugoslavo que de vez en cuando daba a conocer su apellido como Popovie lo secundaba Rolo Puente cliente que iba a afeitarse. A ese programa sí lo vi y disfrute, incluso junto a papá, que inevitablemente lo comparaba con Fidel Pintos, pero igual le gustaba como el gordo Porcel lo interpretaba a ese peluquero. Aquel programa me trae los mejores recuerdos, de encuentro familiar, estaba también mamá y mis hermanos, cenábamos mirándolos, nos reíamos y hasta comentábamos alguna situación. Tenía la esencia que existe en toda peluquería, que son las charlas de futbol, del barrio o de política que siempre se genera en estos comercios. Mi peluquero hasta los años noventa se llamaba Vito, era un tipo grande nacido en Italia, y tenía unos bigotes, en realidad bigotones que siempre me hacían acordar a los de Don Mateo, una vez se lo dije y me dijo: “ese afeitaba, pero nunca lo vi usando una tijera” y agregaba “la mejor ahí es la Noemí Alan” que hacía de periodista italiana que siempre decía “Facciamo il reportaggio”. Cuando Vito se hizo más grande, cerró su peluquería, creo que atendió hasta los 85 años, seguía con sus bigotones, su sonrisa, su tonada italiana y su buen humor. Quizás por eso siempre lo asocié a Don Mateo, a ese peluquero que salía por televisión, pero yo a Vito lo miraba y lo disfrutaba en vivo y en directo.
Roberto Heredia
