XXXII-Junio 2022-N°345
Carmelo Lovótrico, mi querido tío peluquero de oficio por más de 40 años, dejó su huella con el local de Peluquería en el barrio de Floresta sobre Av. Segurola entre J. A. García y Camarones. El local sigue allí, después de haber pasado por varios rubros a lo largo del tiempo. Pero hablemos de aquella Peluquería, que en su origen era solo de mujeres. Carmelo y Luisito (su empleado y colaborador) eran artesanos en lograr forma y belleza peinando a las señoras que acudían, con el famoso” Peinado a la Marcel”, muy de moda en ese momento. Con el correr del tiempo se ofreció en el local también, cortes de pelo y barba para los hombres. Curiosamente podría haberse llamado La Barbería de Carmelo, ya que hoy los jóvenes peluqueros utilizan la palabra “Barbería”, incluso en la entrada luce el típico cilindro rayado que señala local de peluquería, como un nostálgico revival de los años 30. El local tenía varios sillones, y uno especial que era el Sentador para afeitar con navaja. A la mano del cliente estaban las revistas El gráfico, para hojear mientras Carmelo rasuraba la barba.
La clientela fue creciendo y el local contaba con 5 empleados. Los sábados era el día en que se hacía “Pelo y Barba”
Desde la década del 70 se instauró el famoso PRODE (Pronósticos deportivos), y Carmelo se anotó para lograr la concesión. Lotería Nacional se la otorgó sin problema dada su confiabilidad y trayectoria laboral de tantos años en el barrio. Su zona iba desde la Av.Jonte hasta Segurola.
Fue una época de gran prosperidad económica. Alicia, hija de Carmelo y mi prima de corazón, lo ayudaba a hacer los cálculos de los resultados, ya que los días viernes a las 14 hs. se cerraba el Prode. Ella le sugirió alguna vez que usara la calculadora, pero Carmelo sumaba mentalmente y jamás se equivocó. Era celoso de las listas que llevaba en forma personal, a la Lotería.
En el local se vendían además billetes de la Lotería. Tenía una carpeta-bandoneón en la que iba poniendo el billete de cada cliente. Un día vendió La Grande. El número ganador lo tenía él en su poder, porque el cliente no lo fue a retirar. De suyo, lo primero que hizo fue avisarle al cliente que había ganado la Grande! para sorpresa y alegría del beneficiado. Pero no faltó también la malicia de algún empleado que le robaba billetes de la vidriera.
No obstante Carmelo tenía una simple caja sin tapa, para poner el dinero, que quedaba a la vista, ya que el mostrador que tenía estaba hecho sin cajones.
Usaba un guardapolvo largo, para su trabajo, que su hija Alicia se encargó de modernizar, cosiendo una chaqueta nueva.
Al mediodía almorzaba en su casa, un sándwich de jamón y queso con una petaquita de vino y volvía al negocio. Algunas pinceladas de la vida de este peluquero que fue mi tío Carmelo Lovótrico.
La Cooperativa Floresta, que es un banco de crédito de la comunidad judía, ubicado en JA.García y Segurola , en homenaje a él, le dedicó un pequeño libro. Sin duda está allí la huella del esfuerzo y también del amor que Carmelo puso en su peluquería durante tantos años. Agradezco a Alicia, mi prima, porque gracias a su recuerdo vuelve en el presente de esta nota, la dulce y cálida sonrisa de mi tío Carmelo, el peluquero.
Amelia Elia


