XXXII-Junio 2022-N°345
En tiempos de infancia, mientras concurría a la escuela primaria en el barrio, la llegada de las vacaciones de verano era muy anhelada. Múltiples planes para la recreación se delineaban para entonces. Y alguna vez uno de ellos fue dejar crecer el cabello en ese lapso, quizás en búsquedas de rebeldías puberiles. Lo cierto es que en esos tres meses se tornó prominente la cabellera hasta que en marzo, momento previo al inicio de un nuevo ciclo escolar, con inocultable resignación, debí volver a visitar a mi peluquero.
Creo que le decían “Don Paco”, un gallego duro y osco que atendía en pequeño local situado al lado de la pizzería Asturias, sobre la calle Cortina, esquina Rivadavia, frente a la placita. Recuerdo nítidamente su mirada al verme entrar y ante tal asombro exclamó: “¡Pues hombre, con esa melena puedes hacerte un colchón!» Ese recuerdo hoy lo vivo con ternura pero aquel entonces brote de vergüenza. Travesuras de niños en el barrio.
Guillermo Tella

