A ver, amigos! De entrada les comento que la yapa es un regalo en vez, la propina es una recompensa económica. Esta última tiene una larga historia. La palabra es de origen griego y significa “beber antes”. Parece que existía la costumbre de beber primero, y dejar un resto de bebida para que otra persona disfrutara tomando el poco que quedaba. Podría interpretarse como una donación. Hasta ahí, se asemeja a la “yapa”, pero en el curso de su historia cambió su intención, porque alrededor del siglo XV, la clase alta dominante fue estableciendo este hábito para reafirmar su status social frente a la clase que los servía. Leemos que esta práctica se profundizó en la Inglaterra del siglo XVII, y esto fue tomado por las clases aristocráticas de los EE UU. adquiriendo visos de una práctica racista en el siglo XIX con el fin de tomar gente para trabajo informal con salarios indignos o directamente sin paga, argumentando que se compensaba recibiendo las propinas. Con una mirada optimista digamos que eso cambió en este último siglo dado el debate de si la propina debe ser voluntaria, obligatoria o estipulada en un porcentaje fuera del sueldo del empleado que la recibe.  Esto en la actualidad se maneja de diferente forma en los diversos países, pero algo es claro, el que recibe la propina no debe depender de ella para completar su sueldo, ni recibirla como soborno, ni menos como dádiva o caridad. Entonces los invito a meditar acerca de la propina como hecho social que es, desde su sentido neto de gratitud monetaria, en nuestro sistema socioeconómico, donde el dinero marca los valores de todas las acciones entre las personas. Uy será realmente así?  O, como dice Serrat, “ no hay que confundir valor y precio!” 

Me quedo decididamente con la nobleza de la Yapa. ¡Hasta la próxima amigos!   

Amelia Elía