Desde julio de 2009, una plazoleta de Villa Luro, homenajea al historiador local Hugo Corradi, su hija Leonor, lo recuerda con emoción y nostalgia.
«Qué fácil y a la vez qué difícil me resulta escribir acerca de mi papá Hugo Corradi, fácil, porque las letras se amontonan en mi cabeza; de ahí a mis dedos para plasmarse rápidamente en la pantalla, y difícil, porque las lágrimas dificultan la escritura. Parece mentira, pero después de quince años de su partida, el nudo en la garganta sigue presente, pero acompañado de una sonrisa instantánea que sale al recordarlo, porque así creo que a Huguito se lo recuerda, con una sonrisa, porque sencillamente era un HOMBRE BUENO, AMABLE, de una generosidad MARAVILLOSA no solo para nosotros su familia, sino para todo aquel que se pusiera en su camino. Como padre fue fantástico, y no lo digo para caer en una frase común, lo escribo porque sencillamente es así. Siempre con tiempo para sus hijas, desdramatizando situaciones que quizá para nosotras eran complicadas, ya sea un dibujo, una materia difícil, un paseo en patines que no salía, una zambullida en la pileta del club, la desaparición de un lápiz etc, etc. Cuando él llegaba por las noches a casa, todo se convertía en una fiesta, lo esperábamos desde el patio que mira a la estación» Villa Luro», y ahí bajaba el del tren saludándonos con una mano y con la otra sosteniendo su portafolio, con un -«HOLA CHICAS!,» corriendo salía nuestra perra Chicha, que era la primera en encontrarlo a la bajada del puente, y luego yo en la esquina de Víctor Hugo y Yerbal, mientras mi mamá nos esperaba entre los pilares de la puerta de mi amada casa familiar.
Hay fechas que han marcado mi vida, la primer era para Carnaval, donde junto con sus amigos de toda la vida, y aquí va todo mi amor para FERNANDO BENITO, y otros » muchachos de la cortada» organizaban los famosos Corsos, donde yo me creía transportada a otro mundo, con tantas mascaritas, cocoliches, con los rostros cubiertos, que jugaban con pomos de agua y papel picado, y los tangos, y los rocks ,o los más modernos twist para los mas osados, hacían las delicias de todos los que concurrían al lugar en esas mágicas noches de verano. Y hablando de noches mágicas, como no mencionar NUESTROS MARAVILLOSOS FINES DE AÑO, donde esperando ansiosos las agujas del reloj, hasta que se juntaran en las doce, salíamos disparados cual cohetes hacia la calle , de ahí a buscar a los BENITO a Víctor Hugo, la caravana de vecinos se iba sumando, papá golpeando columnas de alumbrado, Fernando, con una copa en la mano y una botella de Sidra en la otra, el resto de los chicos del barrio, con tapas de cacerolas, bocinas o cualquier objeto que hiciera ruido, que lindo era…. y que sorpresa para el motorman, el guarda y los retrasados pasajeros del tren al ver «esos locos del andén de Villa Luro» que dejaban la mesa familiar para cumplir con el rito de todos los años de hacer partícipe a desconocidos de una celebración tan importante. A veces me pregunto porque se fue tan rápido, pero enseguida me contesto que debe estar alegrando al cielo, con su sonrisa, con sus tanguitos, sus foxtrots y su jazz, también me lo imagino que andará contando historias del viejo Buenos Aires, y de sus barrios. Era un gran amante de la música, y su vida estaba llena de música, siempre silbando, o escuchando su amada colección de discos de pasta. Su amor por la Historia Argentina y la investigación de la creación de los Barrios de la Ciudad era su desvelo. Podría escribir días sin cansarme, porque hay mucho que escribir de Hugo, doy gracias a DIOS que fue muy feliz, con un buen matrimonio, con la felicidad de vivir con su madre, su esposa y sus hijas, que lejos de ser una carga, este grupo de mujeres era también su pasión.
Doy gracias también que pudo conocer a sus cuatro nietos y el inmenso placer de retroceder en el tiempo nuevamente como papá y disfrutarlos como hijos llevándolos a la plaza, a Club Vélez Sarsfield, o a los interminables paseos en bicicleta. si hubiera conocido a sus bisnietos, el círculo de la felicidad se habría cerrado por completo, pero estoy segura que a estos nuevos chiquitos, los disfruta desde arriba.
Es por eso que tengo que agradecer a la comunidad de Villa Luro, a sus vecinos, hoy reunidos en diferentes Instituciones, que lo conocían y lo querrían tanto, porque al honrarlo con el nombre de una Plaza, es lo más significativo y cercano al amor, que se puede hacer por Hugo Ricardo Corradi, ya que los niños eran tan importantes para El, como su amado Villa Luro, y la calle Yerbal. Todo mi cariño, agradecimiento y eterno amor».
