En Rivadavia al 9400 nace la calle Donizetti, llegando a Ramón Falcón, en los años 30, contaba con hermosos ejemplares de árboles y plantas. Algunas casas tenían un banco de madera en la vereda, que se utilizaba para conversar entre los vecinos, incluso era lugar de descanso de algún visitante de otros lados. Personas que lo recuerdan, cuentan que en esa cuadra existían, además, muchos ejemplares de magnolias y hermosas flores blancas.
En Donizetti Y Rivadavia, donde están ubicadas las torres (en la vereda impar) allá por 1910 hasta 1950, existió una casa, comúnmente llamada “tipo chorizo” muy grande, perdida en medio de frondosos ejemplares arbóreos, como Pinos, Eucaliptos, Higueras, Nogales, Olivos, Palmeras y árboles frutales…y como coronando todo ese paisaje “natural”; un gigantesco pino “Paraná”; no faltaban las flores, algunas cultivadas y otras creciendo espontáneamente, enredaderas, violetas, rosales y jazmines. En esa casa vivía un matrimonio de ingleses, de apellido Harris quienes amaban la vida silvestre, eran apasionados de los pájaros que los visitaban cotidianamente. Según cuentan no se daban mucho con los vecinos, pero eran muy educados y siempre saludaban con una sonrisa; tenían tres hijos muy rubios y atléticos. Por supuesto, un predio semejante necesitaba, de quien lo cuidara y es así que tenían varios perros de talla poco común. El señor Harris, como buen inglés, tenía un caballo, con quien elegantemente paseaba por el viejo barrio; eran “los ingleses del barrio” y cuando se fueron, según cuentan los viejos vecinos, se los extrañó; porque, aunque hablaban poco, siempre se comentaba algo de ellos. Y si de comentarios se trata, al poco tiempo, en el año 1955, se comenzó a hablar en el vecindario, de que allí se construiría una torre, que contaría con 34 pisos y 600 departamentos, muchos decían, que nunca lo harían, era imposible para Villa Luro. Todo se confirmaba un 16 de abril de 1961, cuando se colocó la piedra fundamental, concurriendo autoridades nacionales, presidentes de distintas cajas de previsión social y entidades bancarias; informándose que ese gran edificio sería financiado por la Caja Nacional de Empleados de Comercio. En 1962, empezaron con las primeras excavaciones, para asentar las bases de las columnas de hierro y hormigón armado. Pero, quizás hasta para darle la razón a los que descreían de su construcción, la obra se frenó, no llegó a terminarse tal cual fue programado, se concluyó con una torre de 27 pisos y dos de 14, tal cual puede verse hoy, terminadas en la década del noventa, con un total de 408 departamentos. Se tardó más de tres décadas para su finalización. El barrio durante tantos años cambio su fisonomía, desaparecieron los terrenos para dar lugar a nuevas casas, la población vecinal creció en habitantes; y ya la inmigración europea había cedido y solo quedaban los últimos, los que llegaron en los años cincuenta; que ya radicados en el país y asentados en el barrio, crearon una identidad villalurense, entre ellos una familia de Ingleses “los Harris”, que siendo tan amantes de la naturaleza, nunca imaginarían, que en donde vivían, se iba a levantar un edificio emblemático en el barrio, porque “El cemento es mudo, pero elocuente” como decía de Don pepe Amalfitani.

Delia Rusconi -Nota archivo Mirando al Oeste-
