Existe un lugar muy hermoso y escondido en el barrio de Flores. Una casona tan emblemática y muchas veces obviada por los vecinos que pasamos con el tren a diario. El Marcó del Pont es una quinta histórica por estas tierras. Hace unos días me dispuse a bajar en Flores (venia de Caballito a Villa Luro) y después de años de pasar con el tren me acerqué y la conocí. Es increíble la dualidad de estilos tan opuestos cuando uno pasa la reja pegada a la estación. Entrar es ya como sumergirse hace 160 años atrás, si bien se escuchan las bocinas y el frenetismo de la estación, ya pisar esas baldosas antiguas me sumergieron en una Buenos Aires más parecida a un paraje que a una ciudad, en mi mente trataba de imaginarme el silencio y la amplitud. Caminé hasta la casa donde uno ve un frondoso patio con decoraciones de la época y llega a una hermosa galería con muchas puertas de época. Al tocar una de las puertas me atendió un señor muy amable quien me contó un poco la historia del lugar. Una construcción de 1860 motivada por la llegada del ferrocarril que se iba extendiendo hacia el interior. En ese momento Flores era un pueblito aislado con quintas. Supo ser una residencia familiar, pero también escenario de la Revolución de 1890 donde frecuentaron sus salas, entre otros, Bartolomé Mitre, y también como hospital de sangre. Al fondo hay unos arboles añejos y un patio amplio, al alejarme sentí realmente que estaba en el siglo XIX porque no veía edificios atrás. Es un lugar para conocer y asombrarse, por lo hermoso y porque su construcción se encuentra casi intacta. Algo que me pregunté, sin tener respuesta, es el por qué se construyó tan pegada a la estación del tren, habiendo tanto espacio, pero hay versiones de que ya había sido construida antes de la llegada del ferrocarril. Hoy es un hermoso y valioso centro cultural, la dirección es Artigas 202, pegadito a la vía.

Agrego otro dato que muchos vimos seguramente desde el tren: a una sola cuadra (sobre Fray Cayetano y la vía) hay otra casa aún en pie de 1875 pero esta lamentablemente muy descuidada, esta pintoresca casa antigua del siglo XIX, cuyo propietario fue Alejandro Rosa. Si bien tiene protección patrimonial, hoy la casa se encuentra abandonada y en deterioro. La separa de las vías un alambre de tejido romboidal y está “tomada” por varias familias que viven en ella desde hace muchos años. Esta histórica residencia de verano sigue en pie como un testimonio del Flores señorial del siglo XIX. Espero que desde la municipalidad puedan restaurarla y que esté también abierta a la comunidad porque tiene mucha historia para conocer.
Invito a los vecinos que vayan a conocerlas, si no lo hicieron y pidamos el cuidado de estas casonas antiguas porque no abundan. En una época donde parece anticuado hablar de cosas pasadas hace mas de un siglo atrás, donde el celular, las noticias y las compras compulsivas dominan, pienso que si no preservamos el patrimonio, la historia y la belleza arquitectónica que alguna vez tuvieron los barrios de Buenos Aires; perdemos la identidad que se forjó con el aporte de tantos inmigrantes que eligieron al País como destino de progreso y estas construcciones son un fiel testimonio.
Leandro Costa
