Vamos a despedirnos del mar, decía mi mama y de esta manera comenzaba el ritual de regreso de las vacaciones.

En el año 1989 nos fuimos de vacaciones en familia a San clemente del tuyu, mi papá, mi mamá, mis tres hermanos y yo. Los viajes eran muy distintos a los de la actualidad, eran una verdadera aventura. Ahora le damos una tablet a mi hija de siete años y con eso se entretiene todo el viaje. También era diferente la seguridad del vehículo, mi papá tenía un Citroën 3cv  furgoneta, nos ponía un colchón atrás y así viajábamos hasta la costa atlántica con mis hermanos, hoy sería una locura, te llevarían preso. Lo emocionante era que esos viajes podían durar muchas horas, pero muchas horas de verdad.

Este fue el caso del verano del 89, después de despedirnos del mar, salimos bien temprano de san clemente para llegar a Villa Luro como tarde, al mediodía, pero las cosas se empezaron a complicar apenas salimos, ni bien hicimos 50 km, la furgoneta empezó a fallar, mi papá se tiró al costado del camino y trató de verificar cual era el desperfecto, arrojando un resultado negativo, no tenía idea cual era el problema.

La camioneta volvió a arrancar luego de un empujón de unos muchachos que pasaban por ahí, y avanzamos  otros veinte kilómetros. Otra vez, al costado de la ruta y ningún resultado positivo. Esto se repitió por varios kilómetros hasta que llegamos a la ciudad de Dolores, mi papá preguntó por un mecánico, pero como era la hora de la siesta, lo tuvimos que esperar un par de horas. Luego que el mecánico arreglara la camioneta, le dijo el costo de la reparación, obvio que al regresar de unas vacaciones mis padres no contaban con mucho dinero, así que le tuvo que pagar con unas herramientas que usaba mi papá para su trabajo, y para colmo a los pocos kilómetros después de arrancar la camioneta volvió a fallar.

Finalmente llegamos a Villa Luro pasadas las 11 de la noche, los resultados finales que arrojó ese regreso eterno fueron: un viaje de más de 15 horas, alrededor de 35 paradas obligatorias, sin plata ni herramientas y un hambre de locos. Al día siguiente mi papá volvió a revisar (más tranquilo) la camioneta. ¿Cuál era la falla? Tan solo una manguera de la nafta estrangulada.

Viajes… Viajes eran los de antes.

Facundo Castro