Todos lo relacionamos con Matías, porque sin duda es el papá de un personaje querido por todos, pero en su esencia Sendra es un exquisito dibujante y un crítico de la realidad “Siempre uno tiene que decir lo que piensa, porque con la autocensura dejas de ser vos y el humor será la polilla que horadará el garrote del poder”. Este fue uno de los tantos pensamientos que el maestro Sendra nos regaló en esta entrevista, que, sin duda, fue a corazón abierto; hablamos de su familia, amigos, su carrera, sus pasiones, de los cambios en la sociedad; y tuvimos también el privilegio que Villa Luro fuera protagonista.

¿Cómo te presentarías?

Fernando Sendra de 74 años, nacido en Mar del Plata, aunque siempre viví en Buenos Aires, hago humor grafico y me gusta mucho escribir.

¿Recordanos tu niñez?

Mi niñez fue muy linda, recién entre en un túnel muy profundo, cuando pasé de la infancia a la adolescencia, ahí me sentí muy infeliz, pero con el tiempo eso se superó.

¿Por qué no fuiste feliz en tu adolescencia?

Por muchas cosas, en principio un cambalache importante en mi estructura de amigos, los pibes de la infancia ya no estaban, los que quedaban cambiaron, ya no compartíamos las mismas ideas, algunos de repente tienen una vocación que uno no esperaba y se apartan; empiezan a ser extrovertidos con las minas y uno es retraído entonces quedaba como un cobarde o un apocado. Diferentes cosas que iban pasando me hacían infeliz.

¿Cómo recordas a tu casa?

Como parte de mi vida; estaba mucho tiempo en casa, que era un lugar muy grande, nosotros vivíamos en la trastienda de un local, que tenía muchísimas habitaciones, que servían de deposito del negocio, que era una joyería y había de todo por allí y eso me hacía jugar con la imaginación, siempre digo que en esos años se despertó en mí la vocación creativa

¿Era buen estudiante ese niño soñador?

Sí, de hecho, fui el mejor alumno de mi camada en la primaria, con medalla y todo eso; y era buen estudiante sobre todo por mi vieja Magdalena, tenía vocación de maestra, más que un buen apoyo, era un buen tornillo, que lo apretaba todos los días cuando volvía de la escuela (risas). En realidad, mamá era profesora de letras, aunque frustrada, porque cuando se casó se dedico a la casa y entonces me agarró a mí como conejillo de indias. De hecho, siempre le agradezco su tesón, porque mí faceta de juego con las palabras lo aprendí de ella, porque me enseñó que las palabras se podían desarmar y volver a armar. Fue una herramienta para mí invalorable.

¿Qué nos podes decir de tu papá?

Inmigrante Español, que vino solo al país con 15 años, acá tenía un tío y aunque conoció la soledad, siempre fue un tipo muy cariñoso y afectuosos; se llamaba Fernando, que sería el numero 23 y yo vendría a ser el Fernando numero 24; porque papá siguió con esa tradición de seguir con el nombre; y no les miento; en el pueblo de mi viejo, un familiar que estaba en la municipalidad se ocupó de hacer el árbol genealógico hasta el año 1789, ese fue el año más lejano que llegó y ya había uno que se llamaba Fernando séptimo y a partir de ahí, somos un montón.

¿Cuándo nace tu vocación?

Siempre digo que la vocación es como la cara, te la pueden ver todos los demás y vos no te la ves; necesitas un espejo para verte y al revés (risas). Hay dibujantes excepcionales. Que solamente podrían ser dibujantes por su notoria habilidad; yo soy un tipo al que le gustaba dibujar y lo hacía bien; pero nunca sentí que me expresaba a través de un dibujo, para mí era un entretenimiento agradable y con el tiempo, cuando empecé a sumarle texto, toda mi carga expresiva cambio.

¿Te definirías como guionista y dibujante, en ese orden?

Claro, soy más guionista que dibujante, sin duda si tendría que ofrecerme en un trabajo diría que soy redactor. Mi gusto por la escritura fue un descubrimiento tardío, pero siempre estuvo presente, empecé haciendo poesías, cuando tenía 16 años y lo hacía con mucha pasión y sentimiento. Hoy puedo llegar a mis fibras con más facilidad, porque el trayecto que uno lleva recorrido te permite ir conociendo esos piolines que tenías sueltos.

¿Qué sensaciones te generó ver a tu primer dibujo publicado?

De mucha emoción fue en el año 1973 en la Revista 7 días; y la sensación fue sentir que podía ocurrir con continuidad, que podía seguir; lo primero fue vencer esa valla. Ese primer chiste fue sobre la guerra de Vietnam, al igual que hoy, trabajé con la actualidad.

¿Cuándo y como nace tu primer personaje?

Sin duda cuando presenté en un diario a mi primer personaje mentí, porque no podes controlar su evolución, cambian mucho; por eso Bartolo de Caloi se transformó en Clemente y Prudencio, en mi caso, se mutó en Matías; fueron personajes secundarios que terminan tomando el rol primario. La Eulogia de Fontanarrosa, empezó siendo una mujer flaquita y hermosa y terminó como una gorda espantosa (risas).

¿Cómo recordás a la tira Prudencio?

Prudencio nace en 1988 y cada tanto aparecía Matías; hasta que en 1993 decido cambiar el nombre de la tira por MATIAS, porque después de 5 años se había convertido en el personaje principal; porque el chico era muy actual y el guapo (Prudencio) era retro y evocativo. Matías está agarrado a valores más existentes y participativos.

¿Qué es Matías para Sendra?

Es como una manta americana, esas que se hacen con un montón de parches de otras mantas, en Matías pongo todo lo que viví a través de mis hijos, lo que recuerdo de mi infancia, lo que yo fantaseo que haría hoy si estuviera en ese lugar, trato de tener una mirada inocente, como que cierta información no me ha llegado nunca …y con todos esos pedacitos tengo que lograr que mi trabajo tenga cierta coherencia.

¿Qué es Sendra para Matías?

Mi sensación es que hay una mutua pertenecía y creo que para Matías yo tengo un tubo directo que me conecta con él; por eso estimo que, si le presentara mis tiras a un psicoanalista, me daría un diagnóstico claro (risas).

¿Cómo se mantiene viva a la creatividad?

Es una condición natural en uno, seguramente a un bombero le atrae el fuego y en vez de prenderlo lo apaga. Creo que hay un motor para la creatividad, quizás pueda ser el narcisismo, la idea del protagonismo, de querer mostrarse, no lo puedo decir con seguridad, pero sospecho que es así.

¿Fue traumático tu salto a la popularidad?

No lo considero así, porque el que es popular es Matías no yo. Cuando voy por la calle difícilmente me reconocen y si lo hacen, es bajo el manto de la sospecha, y no de la certeza. Por suerte cuando tienen seguridad de quien soy me tratan muy bien.

¿El artista necesita ser reconocido?

Lo que necesita el artista es ser comprendido, principalmente por el público. Me acuerdo que uno de mis primeros escritos, lo compartí con unos amigos y cuando vi que se reían con ganas, me pareció algo mágico.

¿Qué sentiste cuando Matías se hizo monumento público?

Sensaciones controvertidas, por un lado, me da mucho gusto, que se hayan acordado de mí, o por lo menos de Matías y por otro lado, que había muchos otros por hacer antes; por ejemplo no conozco un monumento a Favaloro….Y otra sensación, el día que lo pusieron a Matías fue pensar “lo van a hacer pelota”.

¿Cómo nos definirías la palabra barrio?

Como Institución; la principal: El bar de la esquina; en donde cuando entrabas veías al filósofo, al pelotudo, al tipo rico y al poligrillo, al miserable. Allí convivían todos los sectores de la sociedad. Hoy parece que el barrio son solo casas y no es así; lamento mucho que se haya desdibujado con el tiempo, que se haya perdido el bar de la esquina y muchos lugares de pertenecía. El barrio debe volver a ser una gran familia, hoy se desconoce la realidad del de al lado, que es la misma que la tuya. Las tres cosas fundamentales que se perdieron son: los chicos en la vereda jugando, para los hombres el bar y para las mujeres el mercado donde funcionaba la “chismocracia” que era el chisme en su mejor versión (risas).

¿Sabías que Villas Luro tiene nombres de escritores y poetas?

No lo sabía, y me parece muy interesante, les puedo hacer una pregunta ¿Cervantes es de una sola mano?

Sí, es de una sola mano

Entonces se hizo justicia con el poeta, porque si la hacían de dos manos, sería una injusticia, una burla para el pobre tipo que era manco, sería el colmo de Cervantes, tener una calle que se lo recuerde con dos manos (risas).

Por último, te pedimos un deseo y un saludo para los lectores de mirandoaloeste.com.ar

No voy a ser muy original, porque son los que deseamos todos y los míos no se los digo para que se me cumplan, pero en todo caso les deseo eso que deseen. Y además compartir la impresión que yo tengo, que sin duda será como la del resto de los argentinos, y es la de tener un sentimiento de país, debemos volver a respetarnos, de recuperar cosas simples, una de ellas, esta relacionada con la pregunta que me hiciste; y es la del saludo. Saludo a los lectores pidiéndoles que también se saluden con el otro, para recuperar entre todos esa sana y hermosa sensación de pertenencia.

Marcelo Costa