Con la familia decidimos, tomarnos unos días de vacaciones. Elegimos la segunda quincena de enero en la costa. La playa de Mar del Plata nos recibió, con días de lluvias y de sol, tratamos de ir siempre, salvo fuertes tormentas…obvio que aparecieron; pero nada iba a amargar este merecido descanso todos juntos, no nos importó dormir parados los primeros días, porque nos insolamos: entre las olas y el viento; ni hacer colas para cenar una pizza o traernos unos kilos de más por comer: facturas, bizcochitos, galletitas…Tampoco nos importó soportar el intenso tránsito de ida y vuelta a la playa, ni el afán por gastar plata a lo loco para comprar cualquier cosa, como recuerdo del viaje. Queríamos contar los días para atrás, que no pasaran rápidos…transcurrimos la primera semana, con la alegría que nos quedaba otra, que voló como la primera; y sin darnos cuenta ya estábamos preparando las valijas para el regreso a nuestro barrio de Villa Luro.
Una vez en casa, nos encontramos con el buzón rebalsaste, porque estaba desbordado de impuestos: ABL, Patente, gas, luz, Aysa…todos juntos, obviamente, no fue el mejor recibimiento, los juntamos los pusimos en la mesa y dijimos “hogar dulce hogar”, los chicos fueron por instinto a la heladera, que ni agua fría tenía, porque la habíamos desenchufado. Para apaciguar el momento de “hambre incontrolable adolescente”, los dejamos abrir una de las cajas de alfajores para regalar…Obviamente que hacía calor, casi cuarenta…prendimos el ventilador y volvimos a la rutina…su ruido no se le había ido, al contario parecía más fuerte que nunca, nadie dijo nada, quizás el cansancio del viaje, hizo que nos quedáramos callados, hasta que mi mujer, pego un grito “Hormigas…hormigas”…parece que en nuestra ausencia tuvimos una invasión, eran más de un centenar en la cocina, habían atacado un paquete de azúcar y no sé qué más de la alacena…
¿Qué otra cosa nos podía pasar?, había que mirar lo bueno: Agua había, el ventilador andaba, la televisión
también, el chino “nunca cierra” así que podíamos ir a buscar lo que necesitábamos…Salimos a hacer compras y el barrio nos recibió en una calurosa soledad, con sus calles más tranquilas que nunca y a nuestra disposición…Recorrimos unas cuadras, ya la luna asomaba, se hizo una noche cerrada y bella, dejamos la bolsa con las compras y nos fuimos a tomar un helado…nos reímos de anécdotas del viaje, mientras pensábamos como podían seguir las vacaciones para los chicos en Villa Luro…Sin darnos cuenta, se nos fueron los merecidos y postergados días de descanso, pero con cosas nuevas por contar, y con muchas hormigas. Así fue nuestra vuelta a casa.
Roberto Heredia.
