Y cómo no recordar al cine de mi barrio, el querido cine “Corro”, allí cerca de la barrera…..
Eran los últimos años de los 50 , y a metros de Corro y Sarachaga se levantaba aquella edificación: una gran sala larga , con butacas de madera y un cortinado rojo. En el frente, un gran ”foyer” con mosaicos en el piso y una boletería diminuta, donde un señor de bigotitos finos nos vendía las entradas…. Había también un acomodador con su eterna linternita en la mano y entre película y película un caramelero que recorría la sala ofreciendo maní con chocolate, confites “Suchard” y pastillas “Renomé”. Allí íbamos los sábados después de comer: Raúl, Hugo, Titín, Hector y el cabezón Berdardez entrabamos a aquella enorme sala, y nos sentábamos, al mejor estilo “Cinema Paradiso, ” por cinco horas ( cinco horas!!) a ver “el continuado”: 3, 4 y a veces cinco películas: Las clásicas, las infaltables eran una de romanos, con esclavos y mares que se abrían, una de amor, con la escena del beso, y una de guerra, con barcos, cañones y muchos japoneses malos….. y entonces empezaban a desfilar Chalton Heston, John Ford y Kir Douglas entre desiertos y templos egipcios de cartón pintado… todos en esa enorme pantalla , peleando y amando toda la tarde, mientras nosotros nos bajábamos uno a uno los maníes, los chocolates y hasta algún sanguche de milanesa…. y después la salida, ya casi de noche, con los ojos irritados y las pupilas dilatadas de tanto mirar y mirar….
Hoy hice el cálculo , y ya han pasado mas de 50 años de todo esto. Mi cuerpo cambió, se arrugó, de dobló, pero en mi cabeza todo sigue igual. Como en la mañana de mi vida, como en aquel cine que está tan lejos pero a la vez tan cerca: Todo está guardado en la memoria. Las aventuras, el chocolate con maní, el olor a sudor en las butacas, los besos, los tiros… todo mezclado, todo amorosamente junto, en una sucesión de imágenes que me quedarían grabadas para siempre…..
PD: Y claro que me gustaría que el barrio tenga otra vez su cine. No por las películas, que ahora se pueden ver en casa, sino para recuperar un lugar de encuentro barrial, un lugar donde hacer amigos, estrechar lazos, compartir emociones y momentos felices , que al fin y al cabo, son lo único que tiene verdadero valor en esta vida
Pablo Elia
