Américo Elia, mi querido viejo, ha sido uno de los tantos niños de Villa Luro que disfrutó de sus orillas, sus tardes al aire libre, su barro y las zambullidas en la curva de “La Tosquita” a la altura de la calle Víctor Hugo. Y si bien llevo sus palabras y anécdotas en mi recuerdo, la nueva propuesta de Marcelo Costa de escribir sobre el arroyo Maldonado, me entusiasmó para volver a preguntarme ¿Cómo es el Arroyo que misteriosamente corre por debajo de la Av. Juan B.  Justo y sus boulevares…si este es el único paisaje que he conocido dado que nací mucho después que el Arroyo fuera entubado! Y ¿de dónde toma su nombre Maldonado?

Si no fuera por Carlos, mi gran compañero, que un día de cumpleaños me regaló un libro de tapas verdes, pequeño y sin pretensiones “Historia y leyenda del Arroyo Maldonado” del historiador Diego A. del Pino, yo no hubiera podido escribir esta nota.

¡¡Ah!! Qué gran descubrimiento, qué ayuda invalorable para rescatar una historia tan cercana a nuestro sentir villalurense! En mi pensamiento fue como reflotar las aguas del Arroyo, a cielo abierto, y develar así su misterio de agua oculta corriendo por los túneles de la Av. Juan B. Justo.

Con mucha admiración y agradecimiento por este bello libro escrito por el historiador Diego A. del Pino, quisiera compartir algunos párrafos que me condujeron al redescubrimiento de un paisaje entrañable y familiar para mí, como la Av. Juan B. Justo y el Arroyo Maldonado que corre debajo ocultando a nuestros ojos, secretos del tiempo y de nuestra propia historia.

¿Por qué se llama Maldonado?  Con respecto a esto, en el libro se menciona la historia de La Maldonado, que, según crónica de un tal Ruy Díaz de Guzmán, escrita en 1616, entre los que vinieron a estas tierras con Pedro de Mendoza en 1536, hubo una mujer a la que llamaban La Maldonado.  Frente al hambre y las terribles condiciones en que vivían, esta pobre mujer abandonó el poblado y marchó por la llanura hasta una lomada con agua natural, allí ayudó a una puma en trance de dar a luz su cría. Se cuenta que hasta allí llegaron indios que la tomaron prisionera y con quienes aceptó convivir.  Al tiempo fue rescatada por un oficial español, pero condenada por haber abandonado el poblado. Fue llevada a las márgenes de un arroyo a una legua de distancia y atada a un árbol para morir de hambre y sed, rodeada de alimañas. Pero la Maldonado fue defendida por aquella puma a la que había ayudado. A los tres días los españoles la hallaron extenuada, pero viva aún con la puma y sus cachorros a su lado. Desde entonces, hace casi cinco siglos el arroyo fue conocido con el nombre de Maldonado, en recuerdo de aquella mujer, en tiempos del descubrimiento. Será esto verdad….?

En relación a su origen, este curso de agua, considerado el mayor de los que podían verse en la Ciudad de Buenos Aires, nacía en la zona noroeste de la Pcia.de Buenos Aires. Era el resultado de filtraciones de aguas llovidas en los terrenos próximos a la actual Universidad de la Matanza. Se originaba el curso en las llamadas Lomas de San Justo, en la calle Mármol y Ombú a 100 metros de la Universidad. Arrancaba por Mármol hasta Brandzen, la Av. Pedro B. Palacios y luego las calles Acha, Sgto. Cabral y González Castillo, cruzando la Av. Dìaz Velez para entrar en Ciudadela por la calle Vito Dumas, ir bajo las vías del Ferrocarril Sarmiento, luego la Av. Maldonado y la Av. Juan B. Justo hasta Palermo y luego Av. Bullrich, para desembocar finalmente en el Río de la Plata a la altura del Aeroparque y de las instalaciones del Club de Pescadores. El recorrido total es de 19 Km en su avance. El Maldonado presentaba numerosos meandros o curvas, propios de los ríos en las planicies de poco declive, calculado éste en un metro cada kilómetro.

 El mito del Maldonado se fue forjando con claridad cuando el propio Arroyo estuvo incorporado al paisaje urbano, entonces se tuvo en cuenta todos los problemas que acarreaban las inundaciones que pasaron a preocupar a los pobladores, que en un natural movimiento de expansión se iban alejando del centro de la ciudad en busca de tierras de menor costo. Por eso a partir de 1880 los elementos constitutivos y característicos de ese mito fueron las inundaciones, ahogados, proyectos de canalización, loteos, tranvías que se atascaban o que no podían pasar del otro lado, puentes inseguros…y así hasta que fueron apareciendo nuevos barrios como Santa Rita, Villa Crespo, Villa Malcom para dar nacimiento -ya con una población estable y heterogénea- a sainetes, tangos y refugio de personajes que poco a poco se alejaban del centro de Buenos Aires. 

Los autores de sainetes se interesaron por algunos barrios que cruzaban el Arroyo. Entre los cultores de este género estaba Alberto Vacarezza que vivió en Villa Crespo, donde sus padres tenían una talabartería. Conoció los famosos conventillos, e inmortalizó uno de ellos: El Conventillo de la Paloma, y otro que escribió junto con Pacheco que se llamó Maldonado, en mención al Arroyo presente en su fondo, sus acciones y el vocabulario de su obra.

Existe una relación entre la temática de algunos tangos y el Arroyo Maldonado que actúa como incitador. Acaso esto está explicado en la presencia de numerosos cafés que se levantaban en las vecindades del Arroyo y donde se podían escuchar tangos con unción casi religiosa. Entre los cafés más conocidos de ese entonces estaba El Café de la Paloma en la esquina de Arroyo (hoy Av.J.B. Justo) y Santa Fe frente a la estación Pacífico. 

A lo largo de las décadas, el Arroyo vio caer muchos ranchos de adobe y alzarse en su lugar esas casitas de material construídas sobre terrenos adquiridos a plazos. Así, esta pequeña burguesía de obreros y trabajadores (entre ellos mi abuelo inmigrante) fue desterrando de sus orillas a esos seres representativos del Buenos Aires de ayer que pasaron a ser minoría. 

Las zonas vecinas al Maldonado fueron entonces fraccionadas en lotes interviniendo los rematadores con un permanente e interesado optimismo y por allá se instalaron primero fábricas, luego pobladores que levantaron sus casitas a medida que el tramway avanzaba por las calles importantes. En Villa Crespo entre 1880 y 1910 se implantaron dos fábricas que ofrecieron trabajo a miles de obreros y así a partir de ese momento, esta gente pudo comprar lotes baratos en zonas aledañas que fueron sufriendo rápidas trasformaciones cuando los hombres se afincaban a medida que iban apareciendo calles, escuelas, hospitales etc. 

Con respecto al cruce en distintos puntos a lo largo del Arroyo cuando estaba a cielo abierto, podríamos decir que existía una especie de “clases sociales” de puentes, desde el más modesto tablón de madera hasta los de hierro y mampostería con sus barandas que realzaban el valor y la estética de la calle que lo cruzaba. Había también puentes exclusivos para peatones por los que no podían pasar carros o coches.

Los problemas de inundación se presentaban a lo largo de todo el recorrido. Así por ej. tenemos noticias de que, por la Av. Lope de Vega, a principios de siglo se encontraba el llamado Monte del Sauce, el agua llegaba a niveles notables. En el año 1919 a la altura de la calle Murillo, cayó al Arroyo un carro con dos caballos, el carrero se salvó, pero los animales murieron ahogados. Dicen testigos de la época que en los jardines delanteros de muchas casas se veía con frecuencia además de bancos de madera y carritos de juguete, un bote preparado para cruzar la otra banda si el Maldonado se llegaba a desbordar.

A partir de principios del siglo pasado, a raíz de los problemas que ocasionaba el desborde del Maldonado y su desembocadura, ha hecho que reiteradamente, los gobiernos de turno se hayan planteado entubarlo o ver de qué manera resolver las situaciones de inundación que traía. Finalmente, las autoridades decidieron entubarlo como solución definitiva, comenzando las obras de excavación en el año 1929 y la empresa encargada de esta tarea fue Amente y Maisterra. Luego de importantes trabajos que ocuparon a centenares de obreros y máquinas traídas del exterior, hubo una segunda etapa realizando un verdadero alarde de ingeniería que consistió en levantar columnas destinadas a soportar una losa gigantesca.

Continuaron los trabajos y en el Anuario Municipal del año 1932 se publicó un informe que habla del entubamiento diciendo: Esta es una obra técnica de gran aliento que ha sido ejecutada por la empresa M. Kimbaum y Cía.  Una obra entre las de mayor trascendencia que se han realizado en la Capital en los últimos tiempos es el entubamiento del Arroyo Maldonado que ejecutarán las Obras Sanitarias de la Nación como parte de un amplio plan de desagües pluviales de la metrópoli. Como detalle de color recordemos que luego del entubamiento del Arroyo, en el año 1930 se inauguró el tren subterráneo que uniría las estaciones L.N. Alem con F. Lacroze, (Línea B de subterráneos) a la altura de Av. Corrientes y pensemos que bajo ese asfalto corre el Maldonado entubado, y por debajo de él, se encuentra el amplio túnel de doble vìa por donde se desplazan los trenes de la línea B de subtes.  Por eso en el año 1935 a la observación visual además se añadía un fuerte olor a humedad que indicaba que estábamos pasando bajo un curso de agua, que era el Maldonado.

Recién en abril de 1936 se resolvió construir sobre el entubado, una avenida desde Palermo hasta la calle Segurola con una extensión de 70 cuadras aprox. para luego proseguir hasta la Av. Gral. Paz.  Dicha avenida llevaría su nombre en homenaje al médico y político argentino Juan B. Justo (1895-1928). En el año 1937 se realizó otro tramo hasta la Av. Nazca y las obras prosiguieron hasta la Av. Segurola.  Recién en 1950 se abrió la licitación para continuarla hasta la Av. Gral. Paz.

En palabras del periodista Asdrúbal F. Cáceres tenemos esta imagen de la Avenida: “…hay algo en la Avenida que es un alivio, saben que es? Sus curvas, tan extrañas en una ciudad cuyas calles han sido trazadas en línea recta. Es que la Av.J.B. Justo no fue realizada por un urbanista, fue realizada por Dios…porque antes que avenida, fue arroyo, el Arroyo Maldonado.”

Y finalmente las justas palabras de Diego A. del Pino (autor del libro del cual he extraído estos párrafos previos. Dice: El Arroyo Maldonado fua en la ciudad algo más que un curso de agua pequeña humilde que corretea como un chico o como un perrito entre latas cajones y zapatos viejos. Fue algo más que una sucia capa de barro tapando calles cuando se inundaba. Fue algo más que refugio de vagos, lugar de tangos, escenario de juegos y porque fue mucho más que eso, llegó tan hondo al alma de aquellos que lo conocieron, y por eso se lo canta casi llorándolo y se lo vitupera y se lo recuerda. No hemos podido entender claramente qué era para todos el Arroyo y esto acaso tiene una explicación, el Arroyo fue uno distinto para cada espectador. Uno para el que vivió cerca y allí jugó de niño, otro para el que solo sospecha su presencia allá abajo en un submundo de columnas y ratas también frecuentado por hombres que tienen el raro oficio de recorrer galerías en busca de deshechos.  Cuando el que evoca es un hombre maduro el Maldonado reirá con el verde de sus orillas, el colear de los barriletes, el sonido de una lata vacía pateada durante cuadras y cuadras, partidos de fútbol con una pelota hecha con medias, será un lugar de rabonas, cajas de sorpresas. Y la inundación desdibujada en la lejanía no será un problema infantil, sino alegría, evasión, aventura, presencia de lo extraordinario atisbando en cada vuelta. En cambio, será otro, para el hombre que bailó tangos en algún salón vecino, que asistió a una pelea o acaso lo leyó o lo soñó. Ese fue el Arroyo Maldonado. 

Ojalá esta nota les despierte el entusiasmo por seguir indagando en nuestras historias y el agradecimiento profundo a las personas como Diego A. del Pino, que, aunque no conocí, nos motivan con su obra a seguir indagando acerca de historias y vivencias que van forjando nuestra vida.

Amelia Elia