Aquel miércoles 27 de marzo de 1929, Aníbal Eugenio Regina y María Magdalena Macchi se casaron en la Ciudad de Buenos Aires. Juntos forjaron sus vidas y su familia en pleno barrio de Villa Luro, en una bella casa que gradualmente fueron mejorando, situada sobre Cajaravilla al 4900 -“Caxaraville” fue su nombre original hasta los años 70-.
Por entonces, esas calles eran de tierra, pasaba el tranvía eléctrico por la avenida Rivadavia y se veía el ferrocarril de cargas recorriendo la actual traza de la Autopista Perito Moreno. Así también, se escuchaba el rugido del Viejo Fortín de Basualdo 463 cuando cada domingo jugaba el equipo de futbol del Club Atlético Vélez Sarsfield.
El Club Leopardi, que en su momento fue un hito referencial, además de su competitiva actividad deportiva, recibía a las grandes orquestas de tango, tal como las de Osvaldo Fresedo, Carlos Di Sarli, Francisco Canaro y Juan D’Arienzo. De ese club, don Aníbal Regina fue presidente durante varios años y contribuyó a afianzar tal prestigio.
Aníbal y Magdalena tuvieron tres hijos: Osmildo, Flora y Nelli -mi mamá-, que crecieron con principios y valores donde “ser feliz fue su color de identidad” -parafraseando al cantautor Facundo Cabral-. Hoy, Flora -mi madrina- sigue atesorando los recuerdos vividos en aquellas épocas donde los tres hermanos comenzaron a construir una misma historia.
Guillermo Tella
