No hubo, ni creemos habrá voz más conocida y querida que la de pelusa Suero, porque es el padre de las voces más importantes del dibujo animado nacional y en la animación de jingles radiales y televisivos. Su prestigio fue creciendo cuando da vida con su voz y con su alma a los personajes de Manuel García ferré: Pucho, Neurus, Serrucho, el búho de Cachavacha, el padre de Oaki, el Boxitracio, el comisario de Trulalá y del queridísimo Largirucho, después llegó Clemente, Patoruzú, Upa, los mosquitos de Raid, los indios de la Gotita de Poxipol y desde hace 50 años sigue haciendo la de Bardall, que ya es un himno nacional de la empresa. Una vida creando voces, que llegan al corazón de la gente; en esta cálida entrevista comprendimos que no solo se dibuja con un lápiz, sino también con la voz, con la garganta; y que Largirucho, como todos los personajes que él le dió la capacidad de expresión, serán eternos e inolvidables, exactamente con las voces que Pelusa Suero, creó para cada uno de ellos

¿Cómo te presentarías?

Soy pelusa Suero tengo 84 años y el año pasado cumplí 70 años trabajando con la “garganta”, mi título es el de locutor, pero empecé como cantante, tuve una orientación musical por mi mamá Dora Contreras. Incluso a mis 18 estuve 3 años con Marianito Mores en su cuarteto vocal. Posteriormente hice voces para dibujos animados, cuando ya había hecho personajes cómicos en la Revista Dislocada, trabajé mucho y sigo haciendo voces para publicidades…Pero sin duda soy reconocido por la gente, por darle vida a la voz de Largirucho.

¿Recordanos tu infancia?

En la primaria fui un alumno muy aplicado, muy querido por las maestras. Era de lucirme en los actos escolares; tenía aptitudes de actor, no me costaba subirme al escenario y recitar el Martín Fierro…Otro rasgo de mi personalidad de niño eran las manualidades, en casa me regalaban herramientas por juguetes. A mis 12 años empecé a arreglar y hacer guitarras; llegué hasta ganarme la vida. En esos años también soñaba con ser cantor de tangos o de otra música popular, me recuerdo cantando con el acompañamiento de mi mamá en el piano; para mí cantar era como hablar fue mi primera gran vocación. El entrenamiento de mi garganta se remonta a mi niñez que derivó, entre otras cosas a hacer jingles.

¿Cuantos jingles publicitarios tenían la voz de Pelusa Suero?

En los sesenta empecé a vivir de la publicidad, muchos jingles aún quedan en la memoria de la gente como “Momentito…Pluma…pluma” o aquel “Usted al pucherito, le pone Supra”. Mi voz, se puso de moda (risas) llegó hasta los oídos de García Ferré, que en 1962 me llamó para participar del primer ciclo animado del país, que fue “Anteojito y Antifaz” por canal 9; yo hacía la voz del caballo “Jacinto” y una amiga era la voz de Anteojito. Este trabajo que fue exitoso, me acercó mucho más con García Ferré y a partir de ahí estuve con él por 50 años.

¿Cómo lo definirías a García Ferré?

Fue una persona absolutamente formal. Contrariamente a lo que se pueda pensar no era un tipo divertido, por su personalidad seria y ordenada. El rasgo más importante suyo fue lo empresarial, era imbatible, con una intuición fuera de serie. En un balance no ha tenido ningún fracaso; triunfó en la gráfica, en la televisión en el cine.

¿Te consideraste su amigo?

Durante muchísimos años no hemos tratado de usted. Pasó mucho tiempo para que nos tuteáramos. Posiblemente como buen español “clásico” tenía, esa formación de tomar distancia: “Yo aquí, y tu allá”; incluso con el mundo exterior. Fue de muy bajo perfil, a punto tal, que me ha mandado a recibir premios en su nombre.

¿A tu personalidad cómo la definirías?

Me considero de rango extendido; puedo divertirme muchísimo, como ser el tipo más serio. Es decir, puedo conservar mi corazón juvenil y en otros campos soy un hombre grande…Mi realidad es que, a pesar de los años que tengo, me considero un compinche de la gente joven. Estoy cómodo con ellos.

¿En los años noventa, hiciste la voz de Patoruzú?

La hice en 1992, antes había hecho también la de Upa, fue cuando se pone en venta el video de la película de Patoruzú, que fue “Upa en apuros”, cuyas imágenes son las originales de Dante Quinterno, porque estaba muy bien la película, pero muy mal el sonido. Así que tuve que hacer otra vez a Patoruzú que tenía la voz original de Tito Lusiardo; en aquel entonces se tomó como criterio ponerle un tono aporteñado, el cacique hablaba como un porteño, yo la cambié, la hice más indígena. Gustó la idea y la recompensa mayor fue haber participado en su restauración con mis doblajes, en lo que fue la primera película argentina de dibujos animados.

¿En qué te basas para componer la voz de un personaje?

Es sin duda un acto creativo, primero un personaje debe tener un por qué y un para qué. Hay un bueno y un malo, los primeros rasgos que surgen es por esa función que cumplen. A partir de ahí lo diseño, y para que un personaje tenga peso necesita rasgos que lo caractericen. Si el personaje es gordo, puede tener una voz gruesa o por antinomia muy finita, como era la de Bonavena, que era un tipo enorme, pero con voz finita. Después sí es un galán, le podés dar un tono francés o italiano…y quizás cordobés. Hay un montón de cosas para contar con la voz; la habilidad está en conocer los condimentos para que el personaje tenga el sabor necesario. A mí me encanta crear una voz nueva, porque, aunque no dibuje con un lápiz, me siento que dibujo con la garganta.

¿Qué es Largirucho para pelusa Suero?

Es el personaje con mayor carga creativa; ha sobrevivido a la propia tira de Hijitus. Pasó a ser protagonista de largometrajes, se metió en “Ico el caballito valiente” en “Manuelita” en la peli con Soledad (Pastorutti)…está en todos lados (risas). Es el personaje con mayor riqueza de expresión, de todos los que he hecho. Tiene mucho que ver conmigo, porque más allá de haber nacido de la mente de García Ferré, posee rasgos, características, condimentos… que son de mi experiencia personal.

Si pudieras hablar con Largirucho ¿Qué le dirías?

(Risas)…En realidad lo conozco tanto que no tendría que preguntarle nada. Largirucho es una especie de hijo mío, es parte de mi vida. Yo sé todo de él, pero él no sabe todo de mí. Largirucho todavía tiene cosas por decir; sigue viviendo su vida, bajo sus pautas. Y cuando entro en el personaje, pienso como Largirucho; sigue siendo integro, porque mi cabeza pasa a ser la de él.

En agosto cumplís 85, pero como a tus personajes, a tu voz no le pasan los años

Digamos que no pienso en hacerme un lifting (risas). Pero hay una circunstancia y es que mi voz está sana, tengo a mi garganta y a mi cerebro fresco por suerte. Pertenezco a una familia de longevos, mi madre centenaria, una tía de ella vivió hasta los 104, nos reíamos, porque decíamos que se murió porque se le había vencido la garantía de magiclik…Digamos, para cerrar la idea, que no me planteo la vejez vocal, porque aún a mi voz la sigo sintiendo joven.

¿Cómo fue hacer la voz de Clemente?

Fue bastante complejo; porque en principio Caloi no sabía explicarme la voz que él tenía en su cabeza de Clemente, tenía una idea, pero no me la podía transmitir, le pedí que se grabara intentando hablar como Clemente; hasta que me dijo “Vos sos el profesional, lo que hagas va a estar bien”. Al darme libertad surgió la voz de Clemente.

¿Cuál de tus personajes es un tipo bien de barrio?

Pucho, es el mayor representante de un barrio, le gusta el lunfardo, es bohemio, futbolero…

¿La gente te reconoce por la calle?

A veces, porque durante mucho tiempo yo seguí el mismo camino de García Ferré de tener perfil bajo. Posteriormente decidí dar entrevistas…mi mayor exposición fue cuando trabajé con Sofovich en la peluquería de “Don Mateo” y el mayor reconocimiento fue el premio que me dieron en la legislatura hace 4 años como personalidad destacada de la cultura.

¿Qué sentís cuando tratan de imitar la voz de Largirucho?

Me han pasado situaciones graciosas, por ejemplo, de decirme una madre “mire pelusa que bien lo hace mi hijo a Largirucho” y el pibe no lo hace bien para nada, lo puso en aprieto al pobrecito.

¿Tenés otras anécdotas al respecto?

Que me digan que haga a Largirucho es una fija. Una vez en el 2012 cuando se estrenó “Soledad y Largirucho” un amigo en su casa me pidió que lo llamara a su nieto, a quien todavía no conocía haciendo la voz de Largirucho; a mí me daba vergüenza, porque la mayoría de la gente que estaba en esa reunión no tenían ni idea quien era yo, tanto insistió que al final empecé a llamarlo y se me ocurrió darme vuelta, sin que me vea, solo que me escuche; hasta que decido darme vuelta y le hago la voz de Largirucho mirándolo y no le gustó nada, se puso hasta a llorar y me dijo “Vos no sos Largirucho”; por lo cual comprendí que no es bueno que los chicos sepan que el personaje no existe por sí mismo, porque para un niño es verdadero…

¿Vamos al barrio, que recuerdos tenes de Villa Luro?                                                                                              

De chico conocí a Villa Luro, era un lugar de paso cotidiano, me era familiar. Formaba parte en esos años de mi vida el barrio de Villa Luro y la zona Oeste, aunque vivíamos en Palermo; mi relación es porque mamá era maestra en la escuela N° 3 de Ramos Mejía tomábamos el tren Sarmiento y siempre me gustaba la estación de Villa Luro, una compañera vivía allí y solíamos visitarla en su casa. Después volví varias veces al barrio, porque mi prima hermana: Carmen Suero vive hace años en Villa Luro, en 1987 fui padrino de su hija Guillermina la bautizaron en la Iglesia Sacratísimo (Moliere 856). Del barrio me encanta su aspecto conservacionista, todavía con muchas casas bajas, algunas centenarias, con viejos negocios, conserva la esencia de la palabra barrio, que es cuna, identidad, pertenencia…donde los vecinos se conocen, porque muchos nacieron allí y otro se sienten nativos por adopción. Me gusta que sea un lugar sentimental, bien podría vivir “Pucho” en Villa Luro. Espero y deseo de corazón que sigan manteniendo sus tradiciones.

Por ultimo te pedimos una despedida para los lectores de Mirando al Oeste

Me gustó mucho el reportaje, me hicieron rememorar mi infancia, cosas que uno tiene guardadas en su corazón y no encuentra el momento de sacarlas afuera. Agradezco que me hayan dado la oportunidad de mostrar el alma de alguien que pretende ser un creativo, que me valoren como artista y que me hayan visto más allá de mis personajes. Hoy digo que Largirucho en cierta manera, me ha jugado en contra, soy como los hijos de los famosos que siempre van a ser los hijos de tal, en mi caso soy el papá de Largirucho y muchos me encasillan solo con esa paternidad.

 Y a los vecinos, lectores de Mirando al Oeste les digo que espero las haya gustado la historia de un hombre que sueña y que ha vivido siempre, para que, a ninguna edad, nos falte la imaginación, la fantasía y el deseo de encontrarnos en el camino con nuevos logros y sorpresas.