En nuestros inicios con Mirando al Oeste conocimos a Félix Verdi bandoneonista de la guardia vieja, fuimos a visitarlo a su casa de Villa Luro, era muy mayor y recuerdo que tenía artrosis en sus manos, cuando terminamos de entrevistarlo recuerdo que nos dijo “quieren que les toque un tanguito” pensé que por su artrosis, sus dedos no responderían; fue emocionante escucharlo… sonó brillante el tango que interpretó. Con los años conocimos al fuelle mayor de Buenos Aires: Ernesto Baffa, nacido y amante de Villa Luro; el maestro en aquella entrevista nos habló de sus herederos en el bandoneón y nos nombró a Marcelo Mercadante, en esos momentos un joven músico radicado en España a quien no conocíamos. Con el tiempo supimos que Marcelo era de Villa Luro, nos propusimos contactarnos con él, no pudimos al principio, de hecho, paso un tiempo largo. Gracias a las redes sociales, que te acercan y te unen, logramos hoy hacer esta entrevista, donde brilla el talento, las emociones y los recuerdos del barrio que lo vio crecer…con sus calles románticas con nombres de escritores, músicos y poetas.
¿Cómo te presentarías?
Soy Marcelo Mercadante, bandoneonista y compositor, formado en Buenos Aires, lugar donde nací y Ciudad que nunca olvido…y de la que me alejé físicamente, a la edad de 21 años más o menos; cuando conseguí trabajo en 1992 para tocar en la EXPO SEVILLA era por 6 meses, y así fui yéndome y volviéndome de Buenos Aires varias veces, eventualmente porque quería seguir formándome en el país, quería estudiar con ciertas personas. Hasta que definitivamente decido residir en Barcelona, donde vivo desde aquella época. La música que hago, por supuesto tiene que ver con mi lugar de nacimiento y de formación y es el tango.
¿Viviste en Villa Luro, tus padres ya eran del barrio?
Mi madre Leticia Coroas es de Floresta y mi padre Juan Mercadante de Liniers, fuimos a vivir a Villa Luro cuando yo era chiquito, nos mudamos en mis días de niñez y allí en Villa Luro es donde me crie. Seguramente mis padres, que en su pasado rodeaban al barrio, porque tanto Floresta como Liniers limitan con Villa Luro, eligieron un punto medio, para que tanto yo como mi hermano nos criáramos… y para ellos fue vivir hasta el resto de sus días, porque con mi padre fue así lamentablemente, papá falleció recientemente en Villa Luro…Vivieron hasta el año pasado allí, hoy mi madre se mudó, o sea que, en el barrio, desde hace unas semanas la familia ya no está.
¿Cómo recordas a tu infancia y a aquella geografía barrial?
Entre mis recuerdos del barrio de mi niñez está el salir corriendo del colegio para irme a jugar a la pelota a la plaza, allí teníamos nuestra canchita. También íbamos al Club Leopardi, vivíamos sobre la calle Leopardi y jugar con los amigos era parte de mi cotidianeidad en esos lugares y en la calle también, donde la pasábamos divirtiéndonos hasta que cayera el sol y volver rápido a casa para hacer acto de presencia (risas) y no se enojen nuestros padres, vivíamos de una manera muy libre; podíamos salir solos, cosa que hoy, por lo que escucho, no puede hacerse; en nuestra época en los años ochenta era algo normal…la merienda después del cole en casa o en la de un amigo y después salir a jugar a lo que sea, me acuerdo también mucho de ir a la cortada de la vía en la calle Milton
¿Aromas y sabores de esos años?
¿Olores? Recuerdo mucho el aroma a jazmín, la casa de mis padres tenía unos jazmines hermosos y enormes; centenarios, diría yo…y cuando llegaba con el 86 o con cualquier colectivo que viniera por Rivadavia, nosotros estábamos a media cuadra de la Avenida, enseguida me recibía ese olor a jazmín que se acentuaba en los días de primavera, aroma que no se me fue nunca y que cada tanto lo vuelvo a respirar. ¿Sabores? Cualquiera de las comidas que hacían en casa las disfrutaba con placer, no solo era disfrutar el sabor de un buen plato dulce o salado, también era la compañía de tus seres queridos, que desde la distancia siempre añoré.
¿Cuándo aprendiste a tocar el bandoneón?
Comencé a estudiar el bandoneón de adolescente inundé literalmente (risas) la manzana de Villa Luro con el sonido de mi instrumento durante horas…días semanas, meses, años. Estudiando por supuesto, y tengo una anécdota al respecto, cuando un día me dejaron una carta muy linda, prolija y muy bien escrita en el buzón de mis padres, que decía “Soy su vecino realmente valoro lo que hace, porque es maravilloso que la juventud se dediqué a nuestra música y a un instrumento tan bello y particular como es el bandoneón, pero le voy a pedir un favor…si en el horario de la siesta puede dejar de estudiar”. Por supuesto en el horario de la siesta le di descanso a mi bandoneón y hoy es un recuerdo muy bonito de mi pasado para mí, que en el momento me causo gracia y ternura.
¿Seguís volviendo a Villa Luro?
Hasta hace unos cuatro meses estuve por allí, porque mi madre seguía viviendo en Villa Luro, pero tras la muerte de papá todo cambio, ella se fue más para el Oeste. A partir de ahora ya siento como un vacío, un duelo muy grande, saber que ya no me queda familia en el barrio. Hoy la sensación es esta, y es movilizante, porque todavía es profundo el sentimiento de pérdida. Son muchos años armando valijas para salir de España, arribar al país y volver a Villa Luro.
En el 2001, tras 10 años de vivir en España, volviste como músico de Serrat
Sí fue a principios de este siglo (risas) toqué mi bandoneón para Joan Manuel en Buenos Aires y en su gira por la Argentina. Fueron varias emociones profundas. la primera que me llamara Serrat, que ya desde los 80 era un ídolo para mí, escuchaba sus canciones en mi casa de Villa Luro intercalándolas con rock y tangos y la otra emoción: volver al país y reencontrarme con la Ciudad y con el orgullo de mis padres, de que su hijo estuviera ahí con Serrat, nunca olvidaré esas imágenes con ellos presentes en todas las funciones del teatro Gran Rex.
¿Seguís sosteniendo que el tango está más vivo que nunca?
Evidentemente continua, pero el tango ya no es lo que era; antes era nuestra música popular, en el sentido más amplio de la palabra, que bailaban y escuchaban todos. Esto dejo de ser, ya no hay una mayoría; pero es una música que al igual que el jazz tanto en la Argentina, como en gran parte del mundo se escucha y sigue presente al igual que su baile, pero en reductos…porque somos millones de personas y el porcentaje de gente que sigue el tango no es alto. Y con respecto a ¿si sigue vivo? Sí por supuesto, de otra manera que, en sus años de esplendor, pero sigue vivo y hay una búsqueda permanente de compositores e instrumentistas para que esto continúe.
¿Contanos como es hoy tu vida en España?
Sigo componiendo, tocando el instrumento, no es una tarea fácil, porque el mundo de la música cambio mucho en los últimos 20 años. El desafío es buscar los caminos y las maneras de acercar lo que uno hace a la gente; ahora acabo de llegar del sur de Francia, donde toco y doy clases (una vez al mes) de bandoneón y de tango con orquesta; en una asociación de tango en Albi, cercana a Toulouse, de allí era la familia de la mamá de Gardel. Y esta semana estreno un nuevo repertorio que se titula “Hoy y ahora” donde elegí a unos poetas españoles de diferentes regiones y los musicalicé con una cantante, guitarrista y contrabajo porteños.
Una vez te dijeron que…
Hace poquito, Marcelo Costa director de esta revista me dijo que en una entrevista que le había hecho a Ernesto Baffa (bandoneonista de Troilo) comentó que Marcelo Mercadante era un muy buen bandoneonista…y que un gran maestro, que vivió la mejor época del tango, como Baffa haya hablado bien de mí, hizo que se me pusieran los pelos de punta…. me pareció maravilloso.
Un encuentro inolvidable fue con…
Con Serrat inolvidable y otro sin duda con Leopoldo Federico él hizo un arreglo de un trabajo mío, esto fue la joya de ese encuentro, ese tango se titula “Tal vez” y lo sigo tocando por todos lados.
Un consejo…
En lo musical tengo un consejo de Julio Pané, uno de los más grandes bandoneonistas que dio este universo él me dijo: “cuídate con quien tocas”, me pareció más allá del humor, una opinión más que acertada con los años.
Fantaseaste con la idea de volver a radicarte en el país
Un montón de veces, tuve varias crisis, pero ya no las tengo. Son 31 años viviendo en España
¿Cómo definirías a la palabra barrio?
No hay palabras para definir lo que uno vivió en el barrio, es el entorno, es contar cosas, es la gente, amigos, vecinos, donde a veces está todo bien y otras no tanto (risas) es como la familia, de alguna manera es una extensión de tu casa. Recuerdo a Villa Luro con el sentido más amplio de la palabra barrio, yo claramente tengo las imágenes de tener visitas de vecinos en casa y se quedaban durante horas conversando con mis padres. Es un lugar donde uno se forma y es nostalgia. Nunca más volví a sentir y a vivir esa sensación de libertad barrial como en villa Luro.
Te pedimos una despedida…
En principio un gran abrazo para vos y todos los que hacen la Revista y decirles que mi viejo, que era un tipo que amaba a Villa Luro, él quería en mis inicios, cuando empezaba a crecer con el bandoneón, me conozcan en el barrio, papá me decía “Marcelo lleva tu música a la radio de Villa Luro, si vos no querés te lo llevo yo, así escuchan tus tangos los vecinos”. Quería compartir este recuerdo, porque esta era una obsesión suya porque él era muy del barrio, le parecía primordial que la música de su hijo se escuchara en la radio local, hice un tango que se llama Villa Luro lo escribí hace muchos años y que lo tengo grabado en el disco “Esquina Buenos Aires”. Es una emoción muy grande saber que hoy y tan cerquita de la partida de papá hacer esta nota, este llamado que tuve de parte de ustedes, seguro que él sabe de todo esto. Este encuentro tiene un sentido más profundo, que el de solo una entrevista, justamente por todo esto quiero mandarles un abrazo enorme, agradecerles y mi saludo a todos los lectores de Mirando al Oeste
