María Antonia de la Paz y Figueroa es un escondido y humilde pasaje, de solo una cuadra; donde Villa Luro se confunde con Floresta y Monte Castro, que los vecinos han llamado siempre: “Figueroa” a secas, sacándole el resto de su nombre para acortarlo; quizás hasta en forma justificada, porque como escuche por allí “El nombre es más largo que el pasaje” …
Pero ya dejará de ser un pasaje escondido e ignorado y no lo llamaremos solo Figueroa; quizás lo cambien por Mamá Antula (Mamá Antonia en idioma quechua). Beata Argentina (1730-1799) que el Papa Francisco el día 11 de febrero de 2024 en Roma; la promulgará Santa; será la primera mujer santa argentina; “ahora habrá que compartirla” dijo el Cardenal Mario Aurelio Poli, en un acto Religioso y Cultural multitudinario, que se realizó el domingo 4 de febrero, organizado por el Santuario de San Ramón Nonato, la Comuna 10 y por vecinos del barrio; en el que participaron la escuela de Danzas Jorge Donn; el coro, el grupo de danzas folklóricas y los bombos del API y entre sus oradores: la profesora Francis La Greca; el presidente de la Comuna Juan Manuel Oro y el Cardenal Poli. Hubo, en las casi dos horas que duró el encuentro, bailes y canciones “solo faltaron las empanadas santiagueñas” frase que también se escuchó entre la multitud que participó con alegría de esta jornada festiva, donde se le rindió homenaje a una mujer que fue distinta, desde su personalidad, su ímpetu; su alegría de vivir y de ayudar a los demás. Había nacido en 1730 en Villa Silipa en la provincia de Santiago del Estero; a los 15 años hizo sus votos en la orden de San Ignacio, Jesuitas, y vistió el hábito, consagrándose a la oración y al apostolado. Inicia su obra misionera por varias provincias del país, para transmitir su misericordia y piedad tras la expulsión de los Jesuitas de la Argentina y de todas las tierras de ultramar, por parte de la corona española. Llega a Buenos Aires a sus 49 años de edad, desde Córdoba y lo hizo caminando con varios compañeros, fueron dos meses y 700 kilómetros. Ya en Capital Federal, enseguida la catalogaron como loca, borracha o bruja, era mal vista aquella mujer que había llegado descalza, con el hábito negro de los jesuitas y con una cruz de madera en la mano, a ella no le importó, siguió con su vocación y su destino, el de ayudar a los pobres y a los presos, su obra aquí en Capital, empezó a ser reconocida, incluso fue querida y consultada por muchos de los próceres del país, que a pocos años de su muerte lograron forjar nuestra independencia.
Resta decir, que debemos sentirnos orgullosos de que nuestro Oeste Porteño, recuerde a Mamá Antula, seguramente dejará de ser desconocido este pasaje, que lo era, sin duda, solo por ignorancia, porque lo cierto es que, poco sabemos, del porqué del nombre de nuestras calles. Hoy este rincón del barrio pasará de Figueroa a secas al de Mamá Antula la primera Santa Argentina.
Los invitamos a adentrarse en la maravillosa vida de nuestra flamante Santa: https://mamaantula.com/
