El día 20 de abril, domingo de Pascuas, falleció el inolvidable y excéntrico arquero Hugo Orlando Gatti; tras 60 días de internación en Hospital Pirovano de nuestra Ciudad de Buenos Aires. En septiembre 2016 lo entrevistamos; se sumó con gran entusiasmo y cordialidad a cada pregunta que le formulamos desde Mirando al Oeste; el “loco” fue espontaneo y autentico regalándonos una nota inolvidable, que hoy a modo de homenaje queremos recordarla con una sonrisa; porque GATTI; producía eso…y con la revista no fuimos ajenos a esa sensación…disfrutamos aquel encuentro con risas y mucha alegría.

Repartía su vida entre Argentina y España, país que había elegido para radicarse, aunque como no le gustaba el frio volvía seguido a nuestros veranos. Así lo había hecho hace unos meses, pero una caída con fractura, complico su salud, produciéndole el triste desenlace.

¿Cómo te presentarías?

Nací en Carlos Tejedor que limita con Pehuajó, General Villegas y Lincoln, en esos años en el pueblo nos conocíamos todos. A los 16 años llegué a Buenos Aires para jugar en Atlanta, viví en una pensión que quedaba cerca de la cancha, el club los mandaba a todos a esa pensión que quedaba en Pampa y Heredia.

¿Qué nos podes contar de tus padres?

Uhhh ¡Qué te podría decir de ellos! Para la mayoría de los hijos sus padres son los mejores y yo opino igual; para mi fueron los mejores del mundo. Papá se llamaba Pedro, me hablaba poco, porque con solo una mirada me decía todo y a mi madre Mercedes, la recuerdo siempre atenta a las necesidades de cada uno de sus hijos; éramos siete hermanos yo fui el más chico, cuatro varones y tres mujeres.

Vamos a tus años de infancia en el barrio

Siempre digo, que la mejor infancia para un niño, es poder tener algo de verde, algo de tierra a su alrededor para jugar, principalmente al futbol. Mi infancia fue a puro campo; andaba a caballo; tomaba la leche al pie de la vaca y comía lo que había, que generalmente era comida sana. Y la pelota…siempre estaba la pelota, poco con los libros, era vago, pero solo en la escuela, porque yo desde chiquito ya trabajaba con papá cosechando y arando. Tengo los mejores recuerdos de mi niñez.

Siempre te gustó jugar más con los pies que con las manos ¿En esos años eras delantero?

En el campo, mi puesto era el de 9, pero cuando jugaba con los grandes, me ponían de arquero, porque atajaba bien, tendría unos 13 años. Yo protestaba porque me gustaba hacer goles.

¿Quién te descubrió como[SC1]  jugador?

El primero fue uno de mis hermanos; él me trajo a Atlanta y después el Nano Ganduglia, que fue mi primer técnico.

¿Cómo lo veías al barrio de Villa Crespo?

Sabía algo del arroyo Maldonado que estaba entubado bajo la Avenida, lo quiero mucho al barrio, un lugar con mucha historia y al igual que hoy con casas bajas y en esos años con muchos espacios verdes arbolados; lo sentía como vivir en un pueblo, zona tranquila, muy llana y familiar; pero comparado con mi pueblo era enorme Villa Crespo.

¿En tu casa eran futboleros?

Mis hermanos eran los futboleros; a papá jamás lo vi patear una pelota; siempre me preguntaba: “¿a quién salimos jugadores de futbol nosotros?” Mi madre tampoco era devota al futbol; pero estaba siempre ahí apoyándonos.

En Atlanta conociste a un ídolo y eterno goleador velezano: Pichino Carone?

Trabajamos juntos con Pichino en una fábrica textil, como nos reíamos juntos. Desde esos años conservo una gran amistad con Pichino. Es un hermano de la vida, lo quiero mucho, y gracias a él, seguí jugando al futbol, porque yo, aunque tenía solo 16 años, quería ya jugar en la primera de Atlanta, quería hacerme profesional enseguida y como no se me daba me quería volver al campo; pero Pichino me dijo: “¿quedate que escuché que ya te quieren poner en la primera?” Después me enteré que era todo verso, para que no me vaya. Después me lo confesó; realmente fue un gran respaldo que tuve de él y su familia.

Mirá cuanto te quiere Pichino que no dijo que te preguntemos cuantos goles te hizo el día que te fuiste a probar a Atlanta

Él jugaba en la cuarta y yo en la sexta, porque ya estaba en el club cuando llegué, y sí, como me voy a olvidar el día que me probé…nueve goles me hizo; me amargué tanto que me fui al diablo, me paró el técnico preguntándome ¿adónde te vas pibe? Le dije que me habían metido nueve goles, solo le dije que había viajado en un rastrojero hasta el club y no daba más de cansancio. El técnico me habló, me convenció, me dijo que ya tenía una cama en la pensión y que me iban a conseguir trabajo.

¿De Atlanta te fuiste a River?

Sí de 1964 a 1968. Ahí me hice popular; para mí River y Boca están en una misma medición. Llegué a un grande y fue muy lindo, a todos nos gusta que nos conozcan, que te quieran, que te saluden en la calle y que coreen tu nombre. Pero nunca me volvió loco la popularidad, el apodo de loco, solo dentro de una cancha.

¿Cuándo nació el apodo de LOCO?

Enseguida, porque me veían haciendo cosas que otros nunca habían hecho. Fue por mi forma de jugar, porque de loco no tengo nada. Siempre fui un tipo sencillo para vivir. Sí es verdad que he tenido y tengo declaraciones explosivas, pero siempre relacionadas con el futbol. “Soy el mejor y no hay otro más grande que yo” era como Cassius Clay, que fue uno de mis grandes idolos, de hecho, a mi hijo Lucas le puse como segundo nombre Cassius por él.

¿Cómo es hoy tu relación con la gente en la calle?

De un cariño indescriptible, nunca me imagine que iba a seguir hasta hoy. Incluso la prensa en la actualidad me elogia más que cuando era jugador. Todo ese reconocimiento te mantiene vivo.

¿Fuiste un jugador cabalero?

Los humanos, sin duda, somos todos inseguros, el que te dice que no lo es, te miente. Cábalas no tuve, de vez en cuando capaz tenía alguna boludez, de repetir ciertas cosas. Algunos se ponen el mismo calzoncillo del partido ganado…yo eso creo que no lo hice (risas).

¿Qué recuerdos conservas en tu casa de tu carrera?

Antes no se guardaba nada, yo pude tener la camiseta de Pelé como un gil no se la pedí; lo poco que tenía se los regalé a mis hijos. Lo que conservó es la medalla de campeones del mundial 1978, me la regaló el jefe de la AFA, porque yo iba a jugar ese mundial y por mi rodilla no pude. Una vez me invitaron y me homenajearon, creo que fue por los 20 años de aquella hazaña y fue aquel día Julio Grondona quien me la regaló, diciéndome que a mí también me consideraba un campeón del mundo. Esa medalla la tengo, pero no me preguntes en donde (risas).

Sabemos que muchas veces visitas al barrio, bien alejado del centro, que es Villa Luro ¿por qué?

Porque vive mi amigo Pichino Carone, me gustaría visitarlo más y que el me visitara más a mi también, como él es mas vago que yo suelo darme una vueltita para darle un abrazo. Es como yo muy casero, de estar en su casa y en su barrio, porque Villa Luro es Vélez y Pichino es Vélez en su máxima potencia

Por último, queremos preguntarte ¿Qué opinas de Mirando al Oeste?

Mi despedida sería un saludo para todos los vecinos, que hago extensivo a ustedes con su revista. Siempre respeté y me llevé bien con la prensa y con la gente. ¿Un deseo?  Sería que tengamos más alegría y amor y que aprendamos a querernos y a querer la vida.


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