En los años que Villa Luro nacía (principios del 1900) Alí inmigrante sirio se casó con Trinidad una bella española; tuvieron aquí 12 hijos. Los años fueron pasando con la unidad familiar y disfrutando del barrio, su casa tenía un fondo con huerta de frutas y verduras estaba en la calle Virgilio y fue el lugar donde crecieron sus hijos, algunos se casaron tempranamente y trajeron nietos al hogar; el patriarca de los Faiad supo enseñarles, desde su sabia humildad, moral, respeto y el valor al amor a la familia. Los domingos eran los días de reunión: abuelos, padres, tíos, nietos, primos reían, festejaban y disfrutaban…Una de sus nietas Zulma, hija de Jacinto; triunfó siendo casi una niña en la televisión y desde esos años nunca dejó de trabajar, forjando una carrera exitosa, conservando siempre, una conducta que de la mano de su esfuerzo por superarse hicieron que Zulma Faiad sea una persona querida y valorada en su profesión artística. Con la nostalgia por el barrio que la vio nacer y con la emoción de los recuerdos, en esta nota, nos abrió su alma y su corazón.
¿Cómo te presentarías?
Soy Zulma Faiad…una mujer autentica, sensible, emocional, que cree en la disciplina para poder lograr cosas en la vida; sobre todo en el trabajo. Con conducta, con respeto al prójimo, con sentido de la moral…Todo esto lo heredé de mi familia. Me siento como un ser espontáneo y transparente.
Recordanos tus días de infancia en Villa Luro…
Nací en el barrio de Floresta, en realidad Vélez Sarsfield en la calle Tupac Amarú 1043, allí viví hasta mis 12 años; fui a la Escuela Manuel Peña en Segurola y César Díaz, allí también estudiaron mis tías y muchas maestras que tuve las habían tenido ellas. Tuve una infancia muy feliz, porque estuve siempre junto a los seres que amaba. Mi abuela Trinidad y mi abuelo Alí eran de Villa Luro, de la calle Virgilio 673, en esa casa también vivían mis 12 tíos, una de ellas Azucena, había fallecido de muy chiquita en un accidente, pero a los 11 restantes los disfruté a todos hasta grande (Carlos su tío de Villa Luro falleció en el 2022).
Siempre viví al barrio con muchísima intensidad, mi familia trabajaba en el mercado, el que está cruzando las vías de Floresta, tenían una rotisería…yo me quedaba muchas veces con mis tíos y después íbamos a la casa de Villa Luro, me encantaba volver caminando…
¿Cómo recordas aquella geografía barrial?
Muy bella, me encantaba caminar junto a las vías del ferrocarril, también iba a la placita “Los derechos del Hombre” …y papá siempre me llevaba al Parque Avellaneda.
Toda mi infancia la pasé entre Floresta y Villa Luro, los domingos en la casa de mis abuelos en Virgilio y Murature, donde comíamos las exquisiteces típicas sirio libanesas, pero mezclaban los sabores, porque la abuela al serr vasca hacía guisos españoles, mientras mis tías preparaban fatah y kepi crudo. Estos gustos y aromas se disfrutaban en el amor y en la unidad de la familia.
Tengo todas las emociones puestas en este barrio, porque Villa Luro guarda en mi corazón los mejores recuerdos…yendo al Gran Rivadavia o al de Lope de Vega y Jonte (donde hoy hay un supermercado). Vivíamos al barrio de verdad, no era que estábamos por ahí y después nos divertíamos en otro lado. Todo pasaba en el barrio, antes se vivía de otra manera.
¿Cuáles son esos cambios de vida?
A los vecinos los veíamos permanentemente y nos ayudábamos unos con otros, las puertas de las casas estaban abiertas y nos sentábamos en la vereda. Existía el “fiado”, porque el almacenero te anotaba tu compra en una libretita y nos vendían muchos productos que ya hoy no están. Volver atrás es volver con nostalgias.
Tus recuerdos están siempre presentes
Si…pero no necesito ira al lugar para recordar. Los lugares y las imágenes junto a mis seres queridos están siempre conmigo…en mi casa tengo fotos de todos, vivo con el recuerdo permanente de mis afectos, los de papá y mamá, de mis abuelos, mis tíos. Es maravilloso recordarlos.
Sabemos que te gusta volver al barrio, pasar por la casa donde naciste…
Claro, porque la casa sigue igual…Es volver atrás…incluso a la historia triste de haberla mi padre perdido, a esa propiedad, por ser honesto. La recordaré igual siempre como mía, por el trabajo que mi padre puso en ella, él la hizo con su esfuerzo y la dejó como está.
¿La casa de Virgilio, también sigue igual?
De afuera no se ve la casa porque tiene una entrada que da a un pasillo, la casa en esos tiempos, estaba en el fondo, era un lugar enorme, mi abuelo que fue verdulero, tenía allí una huerta donde cultivaba todo tipo de frutas y verduras. Un personaje el abuelo que no sabía hablar bien el español, pero se hacía entender, igual en el barrio tenía a los Tarbuch, le encantaba encontrarse con paisanos, había varios inmigrantes de origen sirio en Villa Luro.
…Y ese abuelo que no hablaba bien el español, le inculcó a cada hijo el estudio
Mi papá fue un producto de su padre, fue muy inteligente, estudioso, leía mucho y escribía maravillosamente bien, nunca quiso publicar nada en vida, por eso respetando su pensar, no lo hice yo. Escribía cuentos breves y poesías; mi hermana Virginia heredó su talento y ya tiene varios libros editados, escribió también bellísimas letras para canciones.
¿La vida puede ser una bella canción?
Creo que cuando es joven, no se tiene idea del tiempo que pasa, tenes idea del presente y no te das cuenta que lo que se pierde no se recupera jamás. Yo hoy lamento haber vivido en México tantos años, porque perdí mucha presencia y amor de mis padres durante ese tiempo. Todo tiene un ciclo, todo empieza y termina.
¿Qué extrañabas más allá de la familia, viviendo en México?
Las callecitas del barrio…una casa…otra casa…las costumbres, los amigos, la gente querida, los olores, los sabores. Los barrios, el centro de la Ciudad; sus luces y sus teatros. Todo extrañé, porque en mi esencia está Buenos Aires.
¿Cómo fue tu joven despertar en la vocación?
En principio no fue mío, fue de mi madre (risas) que me puso una profesora de danzas a domicilio y después me inscribió para entrar en la escuela del teatro Colón donde hice toda mi formación. Empecé a trabajar en Canal 7, desde esa llegada temprana a la televisión pasé a canal 13 con Juan Verdaguer en “Risas y sonrisas” …hasta que hice el aviso que me lanzó a la popularidad el de “La malagueña
Allí decías” A esta lechuguita no le falta nada” un slogan inolvidable
Con esa publicidad paso algo increíble, la gente se siguió acordando de la lechuguita y no del producto, que era un aceite de cocina…hasta el día de hoy me dicen que me recuerdan disfrazada de lechuguita. Después seguí con comedias y no paré… Tengo 50 películas filmadas y muchos trabajos en teatro y televisión.
Una vez dijiste que te gusta interpretar mujeres de barrio
Porque a mí me gusta lo barrial; yo creo que todos somos producto del lugar del cual venimos y cuando hago una persona de barrio, indudablemente estoy interpretando a una vecina de Villa Luro o floresta, siempre digo que no hablo inglés, pero sí hablo el idioma “ florestiano”.
¿El actor necesita ser reconocido?
Yo nunca necesité del halago para sentirme bien, no podés poner tu persona en manos de la opinión de los demás.
¿Tu personalidad te ayudó a levantarte, por ejemplo, de los tiempos de la pandemia?
No sé si por mi personalidad, uno tiene que ser agradecido y entregarse a Dios, ante todo, tener fe y buscar cada nuevo día cosas que te hagan feliz, hacer algo que te gusta y si no hay trabajo, como a todos nos pasó con la pandemia, buscar nuevos caminos, inventar otros proyectos.
¿Se hacen amistades dentro del ambiente artístico?
Como en todos lados, podes tener más o menos afinidad con alguien; yo creo en la amistad sobre todas las cosas y tengo amigos muy querido de la profesión.
¿Sabías que muchos en Villa Luro te sienten como propia?
Hacen bien en tenerme como propia, porque yo los hice propios a ellos. Tengo gente muy querida en Villa Luro, al igual que en Floresta son mis barrios y están en lo más profundo de mi ser, nunca podría olvidarme de la sencillez, humildad y solidaridad de los vecinos. Soy una agradecida al barrio.
¿Qué lugar o esquina del barrio recordas?
Muchas…la imagen para una postal sería la calesita que estaba en Juan B. Justo y Lope de Vega, los que la conocieron sabrán por qué la elijo; un lugar mágico, lleno de alegría y color. Ver pasar el tren o esperarlo en la estación es otra imagen inolvidable…Y el Santuario San Ramón Nonato, donde tomó su Primera Comunión, mi hermana.
¿Volverías a vivir en el barrio?
En un momento cuando me tuve que mudar porque nació mi primera hija, la idea era buscar una casa, pero yo quería encontrar una igual a la que teníamos en Tupac Amarú con fondo y jardín; y encontré una casa así, pero lejos del barrio, donde vivo. Aunque las ganas siempre estuvieron presentes.
¿Cómo definirías a la palabra “barrio”?
El lugar donde nacemos o el que adoptamos, nuestra raíz, la casa y la familia.
¿Cómo es tu relación con la gente en la calle?
Maravillosa, nunca me sentí distinta a nadie: soy autentica, sincera y espontánea con la gente. Ni los éxitos ni los fracasos me afectaron y eso que los dos van de la mano.
y…Zulma Faiad también se nos manifestó autentica, la vimos emocionarse con algunas preguntas
Porque me provocaron mucha nostalgia, al recordar cosas que tenía guardadas, por eso les agradezco por este momento que pasé, donde volví a ser niña y aquella joven reina de carnaval del Club de la calle Segurola. Y me emociono porque siento que algún viejo vecino, cuando lean esta nota, pueden a acordarse de mis padres que vivieron toda la vida allí.
¿Qué no podés decir de Mirando al Oeste?
Me encanta que la revista se ocupe de la esencia del barrio y de que nos den a conocer siempre algo nuevo, de ayer o de hoy el Villa luro que no conocíamos, es lindo para los vecinos y para los jóvenes para que también lo sepan. Me parecen admirables, es muy importante y valorable el trabajo que hacen con Mirando al Oeste.
Por último y agradecidos por esta cálida entrevista, te pedimos un saludo para los lectores.
No les digo adiós; les digo hasta la próxima porque mi corazón sigue estando en el barrio.
