Todo actor, debe representar a personajes, nacidos para determinadas obras, es decir tiene que incorporar en su cuerpo y mente las distintas personalidades y particularidades que le pide el personaje. Lo difícil es llegar al corazón de la gente, como lo hace Juan Leyrado. Hay que ser un buen actor para lograrlo, porque la vocación, el talento y el profesionalismo deben ir de la mano, o “caminar en la misma vereda”, si lo llevamos a una frase, para un contexto de barrio: que fue el hilo conductor de esta entrevista
Nos recibió natural, fresco y espontaneo, y principalmente como un buen tipo. Nos regaló a Mirando al Oeste su tiempo con dedicación y entusiasmo; quizás porque, nuestra Revista, tan identificada con el barrio de Villa Luro, a Leyrado le rememoró vivencias de un pasado no tan lejano o quizás sí. Aquí vivió momentos inolvidables de su vida: en su juventud y luego cuando sus hijos eran chicos (Luciano uno de ellos -director de cine- dirigió OLIVA la última película de Leyrado).
Subimos el telón, y nos encontraremos con un actor, que esta vez sale a escena, no como uno de sus tantos personajes, sino como un vecino, un tipo de barrio o como nos dijo “Un sobreviviente más de este territorio” …
Mi nombre es Juan Leyrado, nacido en el barrio de Barracas, un día 18, del mes de agosto del año 1952; cumplí 73 años. Me defino como un actor al que le gusta actuar…y como un tipo de barrio, que en un tiempo vivió en Villa Luro un lugar muy presente en mis sentimientos y en mis recuerdos.
¿Cómo fue tu infancia en Barracas?
Mis andanzas de pibe, eran más o menos, como la de cualquier otro chico de esos años; mucho con la pelota, cazar mariposas, jugar con los autitos…Y con respecto a mi vocación artística, se me manifestó en esos años de niñez, casi por casualidad, por azar…o te diría como un juego. Fue a mis 9 años, en un club de barrio, me gustó, pero recién, muchos años después empecé a estudiar teatro, fueron muchos años de estudio, de capacitarme hasta empezar a trabajar profesionalmente.
¿En tu niñez soñabas con ser actor?
Noooo…Yo quería ser marinero, porque papá, que se negó a que yo lo fuera; estuvo en la marina, él era marinero…y les cuento una anécdota, no sabía nadar…le tenía miedo al agua.
Era como el colmo de un marinero el tenerle miedo al agua…
No sé si es tan así, porque mi abuelo murió muy joven, papá se quedó muy chico sin esa figura paterna, y seguramente por eso incursionó rápidamente en la Escuela de Marina, que después críticó. Fue marinero, como podía haber sido cualquier otra cosa
¿Cuándo llegaste a Villa Luro?
Tuve varias etapas en Villa Luro; la primera cuando me casé con María, compramos allí un departamento, vivimos como 5 años y después estuvimos como unos 10 años yendo y viniendo; igual volvía seguido porque mis suegros siguieron viviendo en Villa Luro. Mi suegro era Mario Lozano, actor de los años del Cine de Oro Nacional y era muy querido y reconocido en el barrio.
¿Cómo era tu relación con los vecinos de Villa Luro? ¿Te querían tanto como a tu suegro?
A mi suegro le gustaba hablar mucho más, tenía más tiempo (risas). La relación con los vecinos era muy buena, aunque a veces la gente tiene muchas fantasías sobre el actor, a veces son los medios, los que influyen y otras son los mismos actores los que tejen esas fantasías, y entonces, cuando ven que uno no responde a ese prototipo, no entienden. La vida de lujos que mucha gente imagina que uno tiene, no es real. A mí me van a ver comprando en el mismo lugar y que miro y comparo precios, para llegar mejor a fin de mes (risas) como en la economía de cualquier familia. Es bueno que sepan que uno trabaja de actor como podría trabajar de electricista o empleado bancario. Villa Luro, siempre me gustó, porque es muy abierto, por su gente y su geografía; tiene una luminosidad y energía muy especial; el vecino siempre fue muy natural conmigo. Allí conocí a muchos que me ha gustado conocer.
¿Cómo fue que conociste a este lugar del Oeste Porteño, tan alejado del centro?
Yo de joven, tenía a varios amigos en Liniers, uno de ellos Raúl Rizzo, te estoy hablando de hace 50 años y un poquito más. Teníamos una barra, y aunque no vivía en Villa Luro, andaba mucho, por por allí; hasta tengo una anécdota, con alguno de ellos pintamos, a modo de changa, la escuela primaria de la calle Cossio a metros de Ramón Falcón y de la plaza Ejercito de los Andes (Rivadavia 10.400). Por eso digo que Villa Luro me conoció en diferentes etapas, aquella primera de cuando pintaba paredes y en los momentos en que empecé como actor de televisión, en esa época estaba viviendo en Yerbal y Sáenz Valiente.
La televisión, es la que te dio la mejor vidriera ¿Es con la que más te identificas?
Yo me considero un actor, por eso me gusta cualquiera de los tres medios, me encanta también hacer teatro y cine. Te diría que cada uno, me moviliza una zona particular y única en mi alma y en mi cuerpo.
¿Alguna anécdota actoral?
La profesión me dió cosas, que nunca había imaginado ni soñado. Recuerdo que un día llamé a mi suegra para preguntarle si tenía algún llamado telefónico en su casa, no eran tiempo de celulares (risas) y me dice que me había llamado Emilio Alfaro el director diciéndole que estaba por salir, desde Colombia a Europa, de gira con su obra “La señorita de Tacna” con Norma Aleandro, y que necesitaba reemplazar a un actor y yo era el indicado para suplantarlo. Al principio cuando me lo contó mi suegra me quedé helado, entre otras cosas, porque todavía no conocía Europa; haciéndola corta en 15 días me estaba bañando en el Mar Negro en Israel, en esa gira también pude conocer la selva colombiana, cosas inverosímiles. Fueron muchas las cosas maravillosas, son muchas anécdotas, las que me ha dado esta profesión, es siempre cambiante e imprevisible, y eso es lo más lindo.
¿Qué diría Juan Leyrado de Juan Leyrado?
Que, a lo largo de la vida, he aprendido muchas cosas, me he equivocado en otras y a partir de esa equivocación volví a aprender, que busca tener sus tiempos y espacios y que ama la vida y ama esta profesión.
Te pedimos una despedida para los lectores de mirandoaloeste.com.ar
Les mando un abrazo enorme, cuiden su lugar y amen “el lugar” en donde viven, que es la mejor manera de vivir bien. Y mucha suerte para todos y que tengan una excelente vida.
