Aquella tarde, cuando con MIRANDO AL OESTE nos entrevistamos con Carlos Bianchi, todos nuestros deseos se cumplieron, pudimos lograr una muy linda nota que nos quedó para siempre. Su amabilidad, su amor por Vélez y su pasión, fue acompañada por su gran personalidad; la de un tipo cálido que toma todo con interés y respeto y así fue como nos contestó cada una de las preguntas que le hicimos, no nos quedó nada en el tintero.
Fue siempre un profesional como técnico y como jugador y lo que más despierta a quien lo está entrevistando es el amor y la entrega a su pasión, que es el futbol. Sin duda es un hombre feliz, porque así se muestra, transmite seguridad en sus palabras. La seguridad de haber triunfado en la vida, tanto con la redonda, como en la hermosa familia que tiene y disfruta hoy cada día.

¿Cómo te presentarías?
Carlos Bianchi, nací un día 26 de abril del año 1949 en el barrio de Villa Real, donde viví hasta el año 1970. Mi niñez fue como la de todos los chicos del barrio de entonces, que nos pasábamos todo el día jugando a la pelota en la calle, después de la escuela y todos los fines de semana; ya con eso estábamos felices, no éramos muy complicados. Cuando termino la primaria, empecé con el secundario y al mismo tiempo, con mis 12 o 13 años entró a jugar en las divisiones inferiores de Vélez, esto me ocasiono dejar un poco de lado el estudio, que sinceramente no me gustaba demasiado (risas).
¿Tus padres qué opinaron de que dejaras el estudio por el fútbol?
Mi padre quería que siguiera estudiando, pero veía que mi vocación era el fútbol, yo a esa edad ya soñaba con ser jugador profesional, a los 14 más o menos, dejé la secundaría, ya trabajaba con papá en su kiosco de diarios en San Martín, cerca de la cancha de Chacarita como canillita. Dejar la escuela hizo que mis días empezaran a ser más difíciles, porque me levantaba a las cinco de la mañana, de las 7 a 9 vendía diarios en los colectivos y después atendía el kiosco; volvía al mediodía a casa y a las dos de la tarde ya estaba en el club entrenando, los días eran muy largos, pero lindos, porque el trabajo también lo hacía con ganas, siempre me gustó ser canillita, tener trato con la gente, de todos los niveles…y porque después… el resto del día lo continuaba y lo terminaba con fútbol, que era lo que más deseaba. Papá, además tuvo una gran cualidad, nunca se metió en mi carrera y se lo valoré mucho, porque sé, que hay padres que no aconsejan bien a sus hijos; solo me decía: “vos hace goles nada más” y después como técnico: “Vos Carlitos ganá”. Es todo lo que hablé con mi viejo de fútbol.
Recordanos las canchitas y los potreros donde jugaste de pibe…
Me acuerdo de” Sol de América” del “Liniers”, y mucho de las canchitas (terrenos) de Irigoyen en Villa Luro, ahí empecé de chico, íbamos todos los días y en verano jugábamos hasta las diez de la noche.
Un amigo de MIRANDO AL OESTE es Beto Fornasari, él jugo con vos en el “Ciclón de Jonte” Clase 49, ¿Cómo lo recordas a ese equipo?
Qué lindos recuerdos me traes a la mente!!!; el “Ciclón de Jonte” estaba en la manzana de las calles Virgilio, Moliere, Miranda y Alcaraz, de ese equipo los mejores jugadores entraban a Vélez habremos llegado unos seis o siete. Teníamos 13 años, era una época linda, sin problemas en la cabeza, jugábamos dos o tres veces por semana en torneos. Con ese equipo viajamos a Uruguay porque nosotros habíamos salido campeones de la Capital y por eso tuvimos que ir a jugar con los campeones de allá. Ganamos todos los partidos.
¿Eras goleador ya de chico?
Si, ya convertía muchos goles, era lo que mejor sabía hacer y me gustaba hacerlo bien.
¿Cómo llegaste a Vélez?
Del Ciclón de Jonte vine a Vélez, empecé en la pre novena, después hice novena, octava, séptima, a los 15 años pasé a quinta y ese mismo año a tercera, donde estuve dos años, porque era muy chico, ya que la edad era generalmente 19 ó 20 años. Debuté en primera a los 18 contra Boca.
Otro goleador de Vélez fue Pichino Carone ¿Cómo lo recordas?
Había que verlo, tenía una forma de jugar muy especial; era muy pícaro, muy vivo, buscaba los puntos más insignificantes para su favor y hacer el gol. Yo era distinto, Pichino era mucho más oportunista, yo era goleador, pero también me tiraba atrás, gambeteaba a dos o tres jugadores y no era tan pícaro como él.
Uno de tus primeros goles inolvidable…¿Sería?
Antes del campeonato del ‘68 tuve la suerte de hacerle un gol a Carrizo que en esos momentos estaba llevando un récord desde el campeonato metropolitano y yo era muy joven tenía 19 años y él había sido uno de mis ídolos…fue mi primer gol inolvidable, sin dudas. Después seguí haciendo goles muy lindos, porque ese equipo tenía muchas ambiciones, antes peleábamos la mitad de la tabla, ¡ese año despegamos!
¿Siempre viviste el futbol en forma apasionada?
Yo digo, que la pasión a veces puede llegar con locura, y la locura no es buena, en el futbol muchas veces no la controlaba pero de a apoco la fui dominando. Mi familia siempre fue mi apoyo, cuando fui jugador, cuando fui técnico lo vivieron a mí mismo ritmo, les contagié mi pasión pero ellos me dieron paciencia, sobre todo mi mujer Margarita , mi gran compañera, la primera y única mujer de mi vida
En Francia también sos un ídolo…
Llegué en el año 1973 y jugué hasta 1980 y fueron siete hermosos años; salí cinco veces goleador en la liga francesa y gané el “zapato de plata” dos veces y “zapato de bronce”, también finalista de la Copa de Francia. De 1980 a 1984 estuve de vuelta en la Argentina para después dirigir al Reims, me radiqué luego en Paris y del ‘89 al ‘90 dirigí Niza, y del ‘91 al ‘92 estuvimos en Paris y en 1993 volví al País.
¿Cómo vivís los recibimientos que siempre te brinda la gente de Vélez?
Emocionante; siempre me emocionó, es como que nunca me hubiera ido del club, me da mucho placer que me traten de ese modo, pero yo nunca busque ser alguien, que me hagan estatua (risas) yo busque hacer bien mi trabajo. No soy demagogo siempre estuve contento con lo que hice en Vélez y sé que la gente me quiere, me dicen cosas muy lindas, con mucho cariño. Todo me pone muy contento.
Contanos alguna anécdota
Les voy a contar una de mis 19 años, fue en Jujuy, por ser menor de edad yo no estaba concentrado; desde afuera me entero que un grupo de unos seis jugadores, van a un boliche que estaba cerca del hotel, por supuesto el técnico no les había dado permiso, en un momento dado, mientras estaban pidiendo algo en la barra, salta alguien y dice “Para mí también, lo mismo” al verlo, se dan cuenta que era el preparador físico, cuando lo vieron salieron corriendo a buscar las puertas, uno se cayó en la pileta, otro se tragó un tarro de basura, Pero todo no termino ahí, se complicó mucho más, porque el técnico Giudice al otro día presentó la renuncia, lo tuvimos que convencer para que se quedara.
Debe ser difícil, seguramente, contener a los muchachos concentrados…
Yo creo que el que está concentrado, que está esperando el momento de jugar y hace una estupidez así demuestra no ser muy inteligente, ya que uno sabe desde que empieza en las divisiones inferiores que te tenés que cuidar.
Podemos afirmar que ¿Carlos Bianchi es una persona satisfecha con su carrera?
Sí; porque no me arrepiento nunca de nada de lo que he hecho. En Francia tienen la costumbre de decir “Yo me lamento” ; Yo nunca me he lamentado de nada, siempre hice lo que creí mejor para mí y mi familia.

Marcelo Costa -archivo Mirando al Oeste-
