Desde niña amo nuestra música, la cantaba, la bailaba, la estudiaba. El folklore me acompaña desde esa etapa inolvidable que es la niñez para todos los seres humanos.

Crecí y me crie en Villa Luro, barrio donde sigo viviendo en la actualidad, que no solo me une sentimentalmente por todo mi pasado allí, sino, también, porque es un lugar de raíces, un LUGAR con IDENTIDAD y en ese rico pasado, en este presente y sin duda en las generaciones futuras entre sus RAICES barriales…“El folclore” estuvo, está y estará siempre presente.

La Asociación Vecinal de Fomento Los Amigos de Villa Luro (Ramón Falcón 5176) fundada en 1924, desde sus inicios tiene un grupo folclórico, lo conocí, al igual que parte de su gente, y fue un placer, como el haber tratado con todos aquellos vecinos que lo bailan y en los Centros de Jubilados y escuelas.

Villa Luro es un barrio, con muchos músicos y bailarines del folclore, entre ellos conocí Enrique Vannini, que había llegado de la mano de sus padres al barrio en el año 1929 a la calle Ruiz de los Llanos 79 a pocas cuadras de la estación de trenes. Aquí en Villa Luro se gestó su pasión por hacer instrumentos folclóricos de caña: Quenas, pincullos, flautas, sikus, anatas, zampoñas, charangos, calimbas y bongoes.

Muchos lo conocían y lo visitaban en su casa, al igual que su taller que tenía en el barrio de Floresta, donde apilaba cientos de cañas tacuara y bambú esperando ser transformadas en un instrumento musical.

La música folclórica le había gustado siempre, pero su pasión despertó en el año 1952, escuchando, por la radio, a la quena y el charango de los hermanos Abalos En esos años el destino quiso que en un viaje a Humahuaca se entusiasmara con la idea de aprender a hacerlos…Y fue así que un día paseando por el Tigre, recolecto varias cañas en un cañaveral y ni bien maduro el secado elaboró a su primera quena, aunque todavía no reunía todas las condiciones técnicas de sonido y afinación.

Un amigo y música del barrio Jorge Corradi (hermano del historiador Hugo, quien fuera director del museo del Cabildo) le enseño a tocar la quena, sin darse cuenta que hacer instrumentos folclóricos iba a ser su medio de vida.

 Antonio Pantoja quenista peruano fue el primer músico famoso que le compró, a partir de allí llegaron a Villa Luro grandes maestros como: Los Hermanos Avalos a los que Enrique Vannini tanto admiraba, también le vendió sus instrumentos a Jaime Torres, Sergio Villar y a Margarita Palacios, con ella integró un conjunto folclórico, también toco junto al inolvidable Atahualpa Yupanqui en una época donde en Buenos Aires se vivía un gran auge del folklore.

Decía también Vannini que el músico nace, la diferencia está en que, si uno a esa diferencia que le da la naturaleza, le suma estudio, se llega a un artista fuera de serie.

Interpretaba música típica del norte argentino, también de Bolivia, Chile y Perú; uno de sus primeros recitales fue en la Asociación Vecinal de Fomento Los amigos de Villa Luro. Su hijo Mario también compartió su pasión, conservando la tradición familiar.

Cómo anécdota contaba, que una vez un tío le dijo porque trabajaba en forma anónima y fue a partir de allí que comenzó a firmar todos sus instrumentos…muchos de ellos vendidos a Europa incluso llegaron a Japón.

Es sabido, como dije, al comenzar este escrito, que la niñez es lo más importante en nuestras vidas: en mi caso siempre estuvieron presentes los juegos: la bicicleta, las muñecas, él barrilete, las escondidas; todos recuerdos inolvidables, donde siempre estuvo presente el amor de mis inolvidables padres, en una casa hermosa llena de plantas y de cálidos ambientes; en donde escuchábamos la radio, que nos regalaba las más bellas canciones, y muchas eran folclóricas…Como no ser una enamorada de esta música, de sus bailes, de sus cantores…Si es parte de toda mi vida; es una alianza inquebrantable, única e invaluable. GRACIAS FOLCLORE…GRACIAS ARGENTINA.

Por Pochi Telesca de Alsogaray – Nota y fotos originales del archivo de Mirando al Oeste –