Fue en el invierno del año 1934, precisamente el sábado 30 de junio al amanecer. Se estima que lo vieron pasar por Villa Luro entre las 7.00 y 7.30 de la mañana, entonces estaba aclarando, cuando se percibió un rumor persistente que lo delataba entre las brumas matinales.
Era un coloso que avanzaba lentamente rumbo a Campo de Mayo, lugar donde debía amarrar.
Hacia unos meses que el país, especialmente Buenos Aires, comentaba la inminente llegada del famoso dirigible “Graf Zeppelin” en su primer viaje, desde Alemania; la expectativa era enorme, por supuesto todo el mundo estaba aquella mañana ansioso de observarlo. Su imagen era popular por las fotografías difundidas por periódicos y revistas, incluso películas. Los comentarios radiales lo nombraban a cada momento.
En los barrios como el nuestro, con edificación chata, hizo que las terrazas, azoteas y techos se encontraran ocupadas por sus moradores y vecinos. Grandes y chicos, nadie se quería perder el espectáculo; inquietos por el frio reinante y la ansiedad propia del momento… y cuando lo vieron no los defraudó, al contrario, era más imponente de lo que se lo imaginaban, pasaba por el cielo villalurense, majestuoso hacía el oeste, lento y sereno. Desde el barrio se lo veía como a la altura de Villa Devoto, o tal vez un poco más cercano, en esos años, se veían perfectamente los perfiles de los edificios del depósito de Aguas Corrientes sobre la Av. Tres Cruces (hoy Beiró) y la Cárcel de contraventores (actualmente ocultos, por el crecimiento poblacional).
En los minutos que duró su paso, el día comenzaba a aclarar con mucho frio, propio del mes invernal y la hora.
Después por la radio, los vecinos se fueron enterando de los detalles de la llegada, de su descenso, de los centenares de soldados conscriptos que lo esperaban prontos a retenerlo mediante sogas, de las declaraciones de los funcionarios, dispuestos para la recepción. Y de la enorme cantidad de público que se había trasladado al lugar.
A las 8.47 después de algunas maniobras el ZEPPELIN, se posó a escasos centímetros de nuestro suelo, contenido por los numerosos grupos de conscriptos, provistos de cuerdas que lo contenían.
Seguidamente tuvo lugar el descenso de numerosos pasajeros, luego ingresaron las autoridades que lo aguardaban, efectuándose el cambio de saludos oficiales. Unos minutos más tarde subieron a la cabina 20 pasajeros con destino a Rio de Janeiro y Alemania. A las 9.40 el enorme dirigible soltó sus amarras, se levantó suavemente, giró…y emprendió su viaje de regreso. Pese a los planes que se proyectaron para el futuro, jamás volvió a surcar nuestro cielo.
El país entero, vivió una jornada inolvidable, donde Villa Luro también fue protagonista, chicos y grandes se quedaron con la sensación de algo maravilloso, irrepetible, que hasta no hace tanto tiempo, volvía a sentirse en conversaciones de viejos vecinos, entre ellos mi padre Jorge Costa, que con sus cinco años de edad, lo vio pasar y nunca lo olvidó, él me recordaba siempre este acontecimiento, era una foto que conservaba en su memoria: cuando estuvo sentadito junto a su papá subido al techo de su casa, sin saber en esos momentos que este hecho sería parte de la historia.
Marcelo Costa
