Entre la emoción y la razón

Hace seis décadas apareció por primera vez en la televisión de la mano de su papá, el inolvidable Osvaldo Terranova, presente en esta nota, al igual que su mamá la actriz Beatriz Doré, viene de una familia de actores fue su herencia y la que hoy Rita (64) le está dejando a su hija. Trabajó con todos, haciendo dramas, comedias musicales, teatro para niños, clásico y contemporáneo. También es una directora apasionada, hoy dirige la exitosa obra: «Babel cocina». En televisión llegó a tener más de 30 puntos de rating. «Cosecharas tu siembra» fue traducida al italiano y al hebreo fue un éxito en Israel, muy especial para Rita que haya triunfado en esas tierras, porque tiene muchos recuerdos y vivencias de la comunidad judía de su barrio…Es de los tiempos, donde no existía internet y recibía 100 cartas semanales, las que respondía una por una con su puño y letra… Esta charla fue un encuentro inolvidable, donde sin duda brilló la emoción, la extrema sensibilidad, que Rita heredó de su padre y también el raciocinio que lo lleva en su ser del lado de Beatriz, su mamá, ambos marcaron su personalidad y su vida.

¿Cómo te presentarías?

Me llamo Rita Terranova, nací en Villa Crespo vengo de una familia de actores, mi madre Beatriz Doré y mi padre Osvaldo Terranova y ahora mi hija también es actriz. Empecé a trabajar profesionalmente a los 14 años, pero a los 5 fue la primera vez que aparecí en televisión, presentando dibujos animados junto a mi papá…Y nunca paré, o sea que hace cincuenta años que trabajo en teatro, cine y televisión donde aparecí por sorpresa, en una época donde se hacía muchísima ficción y no había tanta gente joven, entonces trabajábamos muchísimo. Éramos generalmente hijos de actores, eran los setenta y no era bien visto ser actor; es más en mi secundario, cuando se enteraron, que yo a veces faltaba porque hacía teatro, me empezaron a mirar diferente…y yo era una santa (risas). Hoy la mirada es otra; no hay nada más apasionado y ligado a la diversidad que la actuación, te diría que es casi un sacerdocio; donde tenés que cuidar mucho: tu cuerpo, tu voz, tu psiquis, tu alma…

¿Cómo fue tu niñez?

En un departamento con un balcón en un primer piso, al lado, en una casa muy linda vivía Viviana, que es mi amiga hasta ahora; las abuelas ya nos paseaban juntas siendo nosotras bebes y decían: «cuando sean grandes van a ser amigas» y se cumplió ese deseo, esa expresión, porque hasta esta altura sigue siendo mi amiga. Fui al colegio «Buenos Aires» del barrio, que era privado…y como Villa Crespo es un lugar con mucha comunidad judía, tenía casi todos mis compañeritos, entre ellos Omar Saúl, el hijo de Alejandro Romay que comulgaban con esta religión, por eso, el Día del Perdón y todas las fechas judías no iba nadie a la escuela, éramos dos o tres en clase los demás faltaban y lo recuerdo como algo atractivo, porque la escuela en soledad era nuestra. También siempre me vuelve a mi memoria de esos días de escuela, el haber conocido a abuelos que iban a buscar a sus nietos, que tenían las marcas de los campos de concentración y eso me impresionaba mucho. Hablaban en idish. Forjé muchísimo cariño con la comunidad judía y me gustan mucho sus comidas y tengo amigos de «la cole» como dicen ellos. Yo típica de familia italiana, me acuerdo, que mis amigas decían que en casa éramos alegres, pero muy gritones (risas).

Te pido sabores y sonidos de tu infancia

El sabor: el de la vainilla, sonido el de la lluvia, a la que los niños esperábamos, porque en esa época mi barrio se inundaba y nosotros hacíamos barquitos de papel que tirábamos para verlos flotar, todo lo transformábamos en un juego. Después me enteré que era por el arroyo Maldonado que se inundaban las calles.

¿Por que eligió tu familia vivir en un barrio alejado del centro?

Papá era entrerriano de Villaguay, en su provincia, en su pueblo había muchas colonias judías e italianas, creció con esa mezcla, era cotidiana la relación y existía un vínculo entre las colectividades; por eso cuando se vino a estudiar teatro a Buenos Aires, eligió al barrio judío, donde venían sus amigos a estudiar y se alojaban en la casa de una tía, de una abuela; entonces papá alquiló en una pensión en Villa Crespo, donde estaban sus amigos. De ahí de Entre Ríos, viene el vínculo con la colectividad judía y con el barrio. 

¿Tu nombre es en homenaje a tu abuela Rita?

Sí, así se llamaba mi abuela y el nombre viene de Margarita, porque Rita es por Santa Rita de Cascia, que es una santa italiana, cuya basílica queda ahí, en Italia.

Aquí la Iglesia Santa Rita está muy cerquita de Villa Luro, pero ojo que dicen que «Santa Rita lo que te da …

No… no es así, ya me explicaron como es, lo dicen por si no le cumplís la promesa a la virgencita. Me gustaría conocerla a esa iglesia, voy a ir

¿Qué nos podes decir de tus padres?

Papá como te dije era de un pueblo de Entre Ríos y mamá de Pocitos (Montevideo) y de una familia de clase alta, vivía en un Petit hotel en un barrio “paquete”; era actriz de la Comedia Nacional Uruguaya, lo conoció a papá y se enamoraron, viniendo de clases sociales tan diferentes, pero que se querían tanto, fueron personan muy abiertas mentalmente, porque en esa época a mamá la hubieran obligado a casarse, mínimo con un escribano (risas) y papá podía haber elegido una chica del pueblo…Y que hayan hecho esa mezcla, fue muy atractivo para mí. Mamá me enseñaba como moverme, como comer en una embajada digamos… y los modales y otras cosas y después yo andaba descalza en un piso de tierra que me venía de papá y eso me resultó siempre muy enriquecedor, me hizo ser una mujer dúctil a todo tipo de situación, yo por ejemplo no tengo prejuicios con las personas, quizás solo con aquellas que sé que son malas personas; ahí no te negocio (risas). No tengo ningún problema de comer de una olla un guiso y tampoco voy a ponerme a criticar si tomas en una copa de plata; son cosas que viví de chica, mi vida fue siempre intermedia; no he sido ninguna de las dos cosas, ni mucho ni poco (risas).

¿Qué otras cosas, más allá de la ductilidad, heredaste de tus padres?

Osvaldo Terranova era un apasionado, de él heredé la pasión y el humor, papá vivía con alegría y te enseñaba a reírse de uno mismo; era un hombre tremendamente sensible…yo también (recuerda esto y tiene los ojos mojados) entendí que con el humor nos salvamos de los dolores y es algo que yo practico muchísimo, me rio mucho de mí, con mi hija Renata nos reímos mucho la una de la otra todo el tiempo. Y volviendo a la pregunta, me falta decirte que heredé de mi madre, ella ha sido una gran compañera de mi papá y además de muy fina y delicada fue una mujer muy femenina y muy fuerte, que enfrentó situaciones muy dolorosas en la vida con mucha fuerza, entre ellas la muerte de su amor, papá falleció con solo 60 años…y ella nunca se hizo la víctima. Una fortaleza muy digna, además tenía una gran pasión por el conocimiento, como tengo yo, mamá llegó a ser pastora protestante, cuando dejo el teatro. Mi padre, como buen socialista, me enseñaba a detestar a la iglesia y mi mamá a amar a Dios; ella creía tanto, que me ha transmitido, digamos a modo de herencia ese amor también. Mamá razonaba mucho, papá era más de emociones y yo sin dudas tengo una mezcla de las dos cosas de emociones y raciocinio.

¿Cómo fue criarse entre libretos y ensayos?

Es muy raro de contarlo, porque era una cosa tan cotidiana y natural, que para mí es como levantarme y hacerme el mate, por eso yo no le doy una trascendencia de epopeya, el ser actriz…el de me voy a morir actuando arriba de un escenario (risas), porque en casa, como bien me preguntaste, convivía entre ensayos y libretos todo el tiempo. Sí, recuerdo que había que quedarse callado, para no molestar ni desconcentrar. También era parte de nuestra cotidianeidad, que se hablara de teatro, porque papá lo hacía permanentemente, desde que nos levantábamos hasta que nos acostábamos; íbamos caminando por la calle y te decía «mira ese viejito como se mueve» y era para proyectar un personaje… «y mira ese otro» son cosas que tiene el actor, de estar siempre atento. Y seguramente por todas esas vivencias, sumado a haberme criado en los teatros yo salí actriz.

¿Te abrió puertas ser la hija de Osvaldo Terranova?

Sí siempre y sigue abriéndomelas; Rómulo Berruti dijo: «Osvaldo Terranova es un actor, que con el tiempo se va revalorizando» y es verdad, porque era tan gran actor y se desdoblaba tanto para hacer un personaje y otro y otro. Y uno lo valora mucho más ahora, quizás más que en ese momento. Hoy aparece mucho la personalidad del actor cuando están componiendo un personaje, se parecen a ellos. Yo heredé mucho eso de dejar de lado mi ser, para transformarme totalmente en el personaje y creo que es el camino más divertido, por eso lo hago así, más allá de la ductilidad que puede llegar a tener uno para hacerlo. Dustin Hoffman una vez dijo algo que yo lo tomo como ejemplo «todo el camino de un artista, es su biografía» Y es verdad, porque yo compuse personajes pensando en tíos, primos, incluso me puse en la piel de papá, cuando hice «Noche de Reyes», yo era Osvaldo Terranova.

 ¿Qué te gusta más hacer teatro, cine, tv?

Me gusta actuar, pero también me encanta dirigir; las dos cosas. Me pasa que cuando hago mucho teatro extraño la tele y viceversa. Dirigir, lo que tiene es que uno cuenta una historia entera y actuando formas parte de un elenco, porque la historia la cuenta el director; por eso dirigir es apasionante. Ahora estoy haciendo «Babel Cocina» (refleja la Bs As del siglo XIX, en un momento histórico muy particular: la huelga contra la libreta de trabajo del año 1888) que escribí y dirijo, con gran éxito en el tinglado (Mario Bravo 948) una obra que llevo dos años de preparación.

¿Qué nos podes decir del barrio de Villa Luro?

Me encanta el barrio, he ido muchas veces y mirá lo que me pasa, cuando ando por ahí, siempre digo «Que lindo es Villa Luro»; es diferente a todos, porque conserva personalidad, es un lugar, donde sentís, que fue barrio obrero, de trabajadores, de gente sencilla que convive con una zona que es un poco más coqueta, pero que no empaña su esencia, al contario se integra; por la historia, ese pasado tan rico que tiene Villa Luro y por sus vecinos que son los que hacen la identidad de todo lugar, no solamente un barrio es geografía, también es el alma que le da su gente…Y yo tengo grandes amigos por allá: como Daniel Di Biase y su mujer Carola Noriega, ambos actores; muy sencillos y sensibles; con Daniel trabajé varias veces y me ha invitado a su casa de la calle Basualdo a comer asado junto a su familia, y me regaló, sabiendo que amo las cosas antiguas, una jarra de cristal y unos vasos antiguos, que aun conservo junto a un ponchito bellísimo, que tejió Carola que le compré y que justamente, ahora que termine de hablar con vos, lo voy a sacar del ropero para ponérmelo hoy que hace tanto y frio, es ideal porque me abriga y mucho, lo tengo desde el año 2004 y está impecable. De Villa Luro también lo conozco a Emilio Bardi, lo adoró, con él trabajé en el recital de Maradona donde interprete a la Tota y en «Madre Coraje» con Muscari. Emilio Siempre muy alegre y dispuesto, vino a ver la obra, es divino. También sé que de Villa Luro  Mariquita Valenzuela, hicimos juntas «Las chicas del calendario» y muchas cosas más. Es divina, yo la adoro, nos queremos mucho.

¿Cómo nos definirías a la palabra barrio?

Es la infancia, son los recuerdos y lo que te contiene.

¿Conociste al vecino ideal?

Mi vecinita de al lado, Viviana, que sigue siendo mi amiga.

¿A tu personalidad como nos la definirías?

Alegre, positiva, sensible y soy muy sobreprotectora de la gente que quiero.

¿Un encuentro inolvidable fue con……?

Fue cuando nació mi nieta Carmelita que tiene hoy 6 años

Una vez te dijeron que…

Que nunca iba a ser actriz, porque era muy tímida…y se equivocaron.

¿Un llamado que te sorprendió?

Nunca me voy a olvidar de ese llamado, estaba haciendo una obra de teatro, donde hacía un payaso y estaba llena total esa función, yo tenía 18 años y me llamó un productor de televisión para contratarme a coprotagonizar una novela en canal 9 y desde ahí no pare más en la televisión.

¿Un consejo que recordas?

Uno que me dijo Arturo Puig: «Tenés que ser siempre igual, porque en la subida y en la bajada, todos nos encontramos».

¿Anécdotas, tendrás miles?

Como mamá era protestante, yo no creía en las vírgenes; hasta el día que fui a dar una prueba con el hijo de Buñuel para coprotagonizar una película, él ya había visto unas 500 actrices y cuando voy caminando para la prueba me choco con una estampita de una virgen de manto verde, la levanto y digo «¡qué virgen tan bonita!» y leo que es la Virgen de Guadalupe, me dije «yo me la guardo» …me fui a la prueba y me tuvieron como una hora, cuando salí dije «Me tuvieron tanto tiempo que no les habré gustado, por eso insistían con preguntas», ahí me entero que a todas las había despachado en 5 minutos y que me habían elegido a mí y que mi personaje era el de Guadalupe, como el de la Virgen! Si no lo hubiese vivido no lo hubiese creído… ¿Y sabes otra cosa?, yo debuté a los 14 años y a los 16 en el teatro San Martín con contrato y firma de papá, fue un 12 de diciembre…¿sabes que me enteré con los años? que ese día es el de la Virgen de Guadalupe.

Jugando con la imaginación, si pudieras reencontrarte con alguien  que ya no está ¿A quién elegirías? 

Perdí hace muy poco a mi hermano; a mi papá cuando yo tenía 27 y a mamá cuando tenía 42, he perdido a toda mi familia y yo los querría a los tres en ese encuentro, porque soy la única que queda, soy el último testigo.

Sabes que Villa Luro es el barrio de las calles Románticas, porque tienen nombre de escritores y artista  ¿A quién homenajearías vos en una de nuestras calles?

En su pueblo ya tiene una calle que lo recuerda, pero me encantaría que Buenos Aires y un barrio de calles románticas como es villa Luro, tuviera una que se llamé “Osvaldo Terranova”.

Por último y agradecido por esta cálida entrevista, te pedimos un saludo para los lectores de Mirando al Oeste

Me encantan las cosas que se hacen en los barrios, me encanta que haya una Mirando al Oeste en Villa Luro, me encanta que haya un club o más de uno, me encanta que se hagan funciones de teatro vecinales, ante todo esto siempre mi apoyo y voy a estar cerca. Una manera de acercar a los vecinos es el teatro, hice en Villa Crespo una obra, justamente junto a Di Biase y me emocioné, porque el Teatro Azul se llenó de vecinos, fue conmovedor, estaba el del kiosco, el almacenero, mis compañeras del colegio, era todo el barrio. Es muy importante, que no esté todo tan concentrado en el centro, aliento a que haya proyectos culturales en Villa Luro.

¿Nos prometes una próxima visita al barrio?

Si, seguro, pero cuando se vaya un poco el frio… Gracias Rita Terranova por tu sensibilidad, calidez y tu tiempo.