Un quijote de guardapolvo blanco…
Doctor en Medicina, graduado en la UBA en 1999, especialista en Neurofisiología Clínica. Durante su carrera ha desempeñado cargos de docencia e investigación, tiene dos patentes de invención por el descubrimiento de nuevas técnicas médicas en afectaciones del aparato locomotor. Nacido en el barrio al que emigro en el 2003, vivió 16 años en Europa, donde siguió formándose como profesional; hoy de vuelta al barrio se reencuentra con sus afectos y con un pasado que nunca olvido, que se pone de manifiesto en todo momento en esta entrevista, con cada una de sus palabras, cada expresión, cada deseo…
¿Cómo te presentarías?
Soy Diego Vega Laiun y me presento como un ciudadano del barrio, un pibe de Villa Luro y Monte Castro que son dos barrios unidos, que creció en ese microclima, al cual le debo parte de todo lo que se me dio después en mi edad adulta, como el hecho de haber emigrado y viajado por el mundo. Sin duda admiro y agradezco haber tenido mi cuna, mi infancia y juventud aquí en el barrio; y ese niño, que gracias a Dios sigo atesorando, así como Mirando al Oeste atesora los recuerdos del barrio, yo atesoro también los recuerdos de mi infancia; con el paso de los años fue madurando, descubriendo y estudiando. Al día de hoy eso es lo que fui y lo que soy: ese pibe de barrio que es médico y que tiene bastante recorrido hecho con aventuras y desventuras, con amores de mi profesión y con crisis, porque soy un profesional y un ser humano imperfecto y gracias a eso pude entender también a otras personas imperfectas como yo.
¿Qué nos podés decir de tus padres?
Mamá Haydee Catalina Laiun y Papá Luis Antonio Vega de quien heredé la panza y el pensar demasiado, siempre papá está pensando cosas y de mi vieja heredé el espíritu quijotesco…
y también la nariz…
Vamos a tu niñez ¿Cómo fue tu infancia en Villa Luro?
En la calle, ahí aprendí los pequeños y grandes valores de la vida. Jugaba a la pelota, andaba en bicicleta, íbamos a la plaza, hacíamos picardías inocentes como el “rin raje”. Fue una infancia muy feliz, donde la vereda era el patio de tu casa, me sentía libre y la “caja boba” era la tele y la mirábamos 2 o 3 horas al día y creo que ya era demasiado. Del barrio también atesoro las reuniones familiares, eso que se está perdiendo y que no debemos dejar que se pierda.
Aquel barrio ¿Cómo lo recordas y como lo ves hoy?
Mi querido barrio de solo casas bajas, ya es una urbe, una metrópoli; donde hay muchos más edificios, en donde la gente vive uno al lado de otros, o arriba o abajo y no se conocen. Yo conocí un barrio con sensación de barrio; sin duda habrá que adaptarse a los cambios geográficos y sociales. Estuve 16 años viviendo fuera del país y cuando volví fui notando que no había chicos jugando en la calle, que la casa de doña María ya no estaba más y tampoco aquel viejo almacén.
Te pido sabores, aromas y sonidos de aquel barrio
Te junto el gusto y el aroma con las empanadas de mi vieja… salían del horno, y ya las atacábamos (risas) y también, quiero elegir la sopa de mi abuela, que era muy simple, pero que era riquísima, que me la servía en un plato viejo…imagen imborrable, me veo ahí sentadito en la mesa disfrutando esa sopa y de mi abuela.
Y ¿Sonidos?
El primero el de la canción Aurora a la mañana en el colegio, tipo 7, bien temprano con ese megáfono viejo que tenían; también elegiría los sonidos de los gorriones y no había muchos ruidos de autos, como anécdota al respecto les cuento, que cuando venía un auto, desde la terraza de casa jugábamos con mi viejo a adivinar que marca de auto era el que se escuchaba y estaba por venir, fíjate vos vendría uno cada 5 minutos (risas).
Cuando de chico te preguntaban que ibas a hacer cuando seas grande ¿Decías médico?
Nooo, yo quería ser ingeniero aeronáutico, porque me encantaban los aviones y luego me incliné por la astronomía, después fui a una secundaria militar, me gustaba el uniforme, marchar y todo eso, estudiando allí se me fueron las ganas de ser milita; hasta que empecé a sentir curiosidad por el ser humano, que pasaba por la cabeza de la gente, la persona como objeto de estudio, si se puede llamar así, se sumaba a que había visto un par de películas quijotescas, como “Hombre mirando al Sudeste” y “darse cuenta” que me hicieron sentir identificado con esos médicos en el medio de la tragedia, del drama, en ese limbo; porque el hospital es una especie de otro mundo, donde se asoma digamos, mucha tristeza, nostalgias y sentí curiosidad por atravesar esa puerta, donde se vive un mundo de carencias. Al principio me acerqué a la medicina y te lo admito con cierta vergüenza, por inquietud, por una cuestión de curiosidad, más que por vocación, que me llegó después, porque a medida que fue pasando, me fui dando cuenta que el mundo de las enfermedades y de las tristezas de la gente o de ese mundo hospitalario al principio fue chocante, porque una cosa es vivirlo desde adentro, ahí entendí que la enfermedad es contagiosa, si te duele una mano se contagia el resto del cuerpo y el cerebro; se contagia a los familiares y al personal que está trabajando dentro de un hospital, hay mucha patología, fui en su búsqueda y encontré muchas carencias; ahí tuve una gran crisis profesional, me sentí desorientado, en mis practicas me encontré con varios médicos que no tenían nada que ver con el ideal “novelero” que había yo forjado; la realidad me mostraba a colegas que transmitían cansancio, hastió, no era el medico
salvador en el cual el paciente se podía apoyar, a algunos los veía afectados por la enfermedad; entonces cuando uno se proyecta en los más grandes decidís si a esto te queres o no parecer.
¿Tuviste que trabajar de taxista para solventar tu carrera?
Si fui taxista y lo hice con entusiasmo y disfrutando de esos viajes por esta ciudad tan hermosa y disfrutando también de muchos pasajeros, recuerdo que una vez subió al taxi Diego Capusotto creo que venía a la casa de la madre y le dije que yo era también del barrio…Lleve a mucha gente más o menos conocidos y muchos desconocidos con quienes tenía charlas muy interesantes y atractivas. Cuando dejé el taxi o solo lo manejaba a la noche y seguía estudiando, empecé a trabajar como enfermero, aplicando inyecciones, tomando la presión; de a poco empecé a ser conocido como el enfermero del barrio, me generaba cierta ambigüedad porque mi ego era el futuro médico, pero después me di cuenta que la gente necesitaba que los vayan a ver a la casa, hice un poco el rol de médico de familia, que ya casi no existe y me sentía bien y quizás fue la época que disfrute más de la medicina, lo digo sinceramente, no me estoy poniendo ninguna mascara, los vecinos me querían me esperaban, me atendían con un café, los escuchaba…Villa Luro conserva muchos consultorios con esos médicos que tuve como modelo, referentes míos: como el Doctor Cáceres excelente cirujano, que desde toda la vida atiende en Lope de Vega y San
Blas, muy querido por la gente del barrio.
¿Una vez recibido emigraste a Europa?
Cuando me recibí, trabajé en un hospital de Provincia, hice la especialidad de cirugía ortopédica y traumatología y no encontraba modelos, veía bastantes cosas que desanimaban en el contexto social y demás; el país estaba como muy hastiado (2003); entonces decidí irme del país.
Además, sos un ferviente investigador en tu especialidad, incluso patentaste inventos
Siempre me gusto la investigación, con un tornero del barrio diseñe un implante para ayudar a las personas que perdían una parte del hueso, para volver a hacer presión desde adentro. Lo diseñamos en el barrio; ese implante lo tengo colgado en mi consultorio y tiene dos patentes una europea y una Argentina y se está utilizando ahora en Bélgica, en India y no sé qué país más. Lo hice, porque no entendía porque algunas cosas no se hacían de otra manera, vi sufrir mucha gente, que le cortaban una parte del hueso y se lo hacían crecer desde afuera con unos fierros, muy doloroso, una tortura medieval. Ahí empecé a estudiar (investigación que llevo 16 años) lo que iba a ser a futuro un implante no medular, para hacer crecer, desde una manera diferente, los huesos desde adentro y al paciente no le duela tanto, es un clavo endomedular, una especie de fierrito, para orientar es como poner una especie de aparato de ortodoncia en el fémur para que crezca o se enderece sin estar fuera de la pierna sino dentro del fémur o de los huesos. En el transcurso de estos años fueron surgiendo nuevos problemas de diseño, que se solucionan inventando cosas nuevas, porque no es solamente el implante, son también cada una de las partes que lo hacen funcionar, a medida que diseñas algo nuevo, todo es nuevo; entonces de esa idea original van surgiendo ideas secundarias que también se aplican en otras cosas
¿Cuándo y porqué volviste al País?
Volví en el 2017, sentía que ya había cumplido en el exterior un ciclo, cuando vos sos de afuera…sos de afuera ¿Vos porque me estas entrevistando a mí? porque soy del barrio, y no es poca cosa. Ser del lugar te abre muchas puertas, tanto en lo laboral, profesional y sentimental también; entonces cuando vos te encontras que te amputan una parte de tu pasado, porque yo soy médico acá y en Europa, pero allá no tengo ningún punto de referencia en común para progresar una relación profesional o personal, porque nadie sabe de dónde soy; podría ser un extraterrestre en el hospital, donde te relacionas con gente, pero no hay un punto de comunión, de empatía el del “te acordás de lo que hacíamos…”; y eso te guste o no, es muy importante para prosperar en una amistad, de hablar desde el corazón, son esos factores en común , que te acostumbras a no tenerlos , porque tampoco es que extrañas los mates (risas) …yo extrañaba el trato; hoy entro a cualquier hospital o a cualquier lugar y siempre hay alguien en común y
terminamos con charlas como si fuéramos grandes amigos, allá me fue muy difícil encontrar puntos en común. Además, te das cuenta que perdiste, fotos, fragmentos de tu vida, como crecen tus padres, tus sobrinos, los hijos de mis amigos, o de un ser querido que está pasando por un momento difícil y no podes ayudar.
La medicina es una ciencia donde el hombre es su mentor ¿Cómo te llevas con la religión?
La religión es parte inseparable de nuestra naturaleza humana, mi hija va al colegio Sacratísimo Corazón de Jesús (Moliere 856) que es religioso, creo que la religión es parte de la esencia como ser humano y que cada uno tiene que vivirla en la intimidad con su naturaleza, mi credo es ser católico y cada uno tendrá el suyo. En cuanto a la pregunta de que la medicina es ciencia, te agregaría que también es el arte de diagnosticar y de curar; no es solamente ciencia como se cree habitualmente, la gente confía más en un tubo de ensayo que en la consulta médica, y es un error, porque al paciente hay que atenderlo presencialmente, ningún análisis de sangre, de orina. La única manera de diagnosticar es teniendo al paciente frente tuyo, ni por teléfono, ni por video llamada…
La cuarentena entonces fue todo un tema, se perdió mucho la presencialidad en todo. Tengo una opinión muy profesional y personal de la cuarentena, es un tema polémico, lo que se ha hecho no lo estudie en ningún libro de medicina; porque sé que la medicina no puede ser generalizada, es una realidad diferente para una señora que vive en un departamento en Villa Luro a otra que está en la Quiaca, no podes ponerle el mismo tratamiento a todos; esa cuestión masificada donde un ministro o un político te dan clases de salud no me gusto, es un tema sensible y polémico.
¿Cómo es tu postura frente a la vida y la muerte?
Nacimiento, vida y muerte es algo con lo que estoy todos los días, me es bastante natural, pero si lo queremos llevar más allá, cuando uno abandona la conciencia terrenal, entiendo que sí evidentemente todo se transforma. Yo entre una de las cosas que hago, que es la neurocirugía, tengo que ver que el cerebro siga vivo durante toda la cirugía y como se va comportando; con unos electrodos controlo que no se apague, que el cerebro siga funcionando bien durante toda la intervención…que siga conectado con la vida y en todo quirófano se convive con la muerte usando todas las herramientas para combatirla, donde hay todo un equipo trabajando en coordinación y mi rol es ese navegar mapear el cerebro, hacer la cartografía del sistema nervioso del paciente.
Dejando la medicina de lado que otras cosas te apasionan
Reencontrarme con mis referentes, desde que llegué a la Argentina, me conecto mucho con el barrio, aunque ahora no estoy viviendo acá. Disfruto visitando a mis viejos que siguen en Villa Luro, a mis amigos y me gustaría pasar más tiempo con mis hijos eso es lo que más me apasiona. Básicamente es volver a convivir con ese pasado que no lo tuve por 16 años; y me gusta revivirlo, porque la gente está, no se me hacen irreconocibles, les encuentro muchas cosas que me unen.
Que personaje que conociste del barrio ¿Consideras que no debería quedar en el olvido?
El Doctor Cáceres sin duda, para mí un ejemplo que hoy sigue ejerciendo la medicina de la facultad que yo estudie, de conocer al paciente. También hay muchos otros médicos o enfermeras, que son anónimos, que no conocen y que quizás queden injustamente en el olvido.
¿Cómo definirías a la palabra barrio?
Barrio es un grupo de personas y familias que conviven, interactúan, se pelean, se aman y se odian y se vuelven a amar. Y que viven en casas también y algunos por generaciones. El barrio lo hace su gente más que su geografía
¿A tu personalidad como la definirías?
Un poco quijotesco, idealista, desorganizado, inconstante, imperfecto… pero soy un buen tipo.
¿Sos amigo de tus pacientes?
No, porque necesitan un médico y no un amigo. Yo honro a mis pacientes, es como que el habito hace al monje, en mi caso debo estar a las circunstancias.
Un encuentro inolvidable fue con…
Con mi amigo Miguel en Europa, nos encontramos en Portugal, en el medio de la nada
Un llamado que te sorprendió
El de Patricia Zapata, amiga en común, que fue quien me dijo que estabas interesado en hacerme una nota para Mirando al Oeste
¿Un consejo que recordas?
Que el chimichurri va en chorizo y no en el pan.
¿Una vez pensaste que…?
Hubo una vez que la vida de ese chico iba a ser toda ordenada y en el día de hoy se transformó en Diego.
Jugando con tu imaginación si pudieras reencontrarte con alguien de tu pasado que ya no está ¿A
quién elegirías y que le preguntarías?
A mi abuela Lela, la mamá de mí mamá y primero le agradecería sus sopas… y por la valentía con que vivió la vida, “la Lela” fue de las primeras personas que se divorció en la época de Perón, se hizo cargo de sus hijas ella sola, teniendo en contra a su ex marido que trabajaba para Perón. Ella salió adelante, se compró la casa, trabajaba en la tabacalera “Nobleza Picardo” y hacía sopas riquísimas… Y simplemente la abrazaría, no le diría nada, simplemente ¿Cómo estás? y le agradecería por tantas cosas.
Consideras que un médico debe ser reconocido
Es una de las cuestiones básicas que tenemos todos; uno puede saber mucho de algo, pero sino sos reconocido, o no podes difundir a nivel social lo que sabes no sirve de nada. Es como ese hepatocito que no era reconocido por ese órgano más grande y entra en una muerte cerebral programada; ser reconocido también nos mantiene vivo.
Por último y agradecido por esta nota te pido un saludo para los lectores de Mirando al Oeste
Lo primero es decir que en el barrio hay muchos tesoros en cada familia, en cada casa del barrio; es hermoso volver al barrio desde adentro y redescubrirlo… y agradecer a la revista por dar a conocer a personajes del barrio, donde me incluyo y por ser los guardianes de la memoria de aquellos que injustamente pueden ser olvidados el día de mañana. El barrio tiene mucha riqueza y como dije al inicio de esta nota, todo lo que hice en mi vida se lo debo a lo que aquí viví y quiero resaltar el trabajo de Mirando al Oeste, porque no es habitual. Hoy la revista del barrio me reconoce a mí, yo quiero reconocerlos a ustedes, porque se encargan de mantener viva la identidad de Villa Luro…Nunca hay que perder la memoria, se lo dice alguien que estando a la distancia, seguía recordando sus raíces.


