El heredero

No solo tiene un sorprendente parecido físico con su padre también heredó su talento y la pasión por el tango; en esta entrevista tuvimos el privilegio de compartir momentos de su vida y anécdotas con su papá, invadimos ese mundo íntimo con mucha curiosidad. Nos permitió recorrerlo y sentimos la presencia de Don Hugo del Carril, seguramente porque su hijo fue honesto, tanguero, nostálgico y frontal. Se mostró con la sensibilidad de una herencia.

¿Cómo te presentarías?

Cómo un hombre de nuestra cultura, en realidad como parte de ella. Mi nombre es Hugo Miguel Fontana y artísticamente soy conocido como Hugo del Carril hijo.

Recordanos tu infancia…

Preciosa, como la que todos los chicos deberían tener, junto a sus padres y en un buen hogar. Jugando mucho en la calle, con libertad y sin miedos.

¿Eras un pibe travieso?

Yo diría extremadamente travieso (risas), pero sin duda un poroto comparado con mi papá que me ha contado lo bravo que fue en su niñez, eran otras travesuras, otros tiempos (años´20) Salían a substraer algo de alguna quinta o a llevarse alguna pobre gallina; quedarse a dormir en una casa abandonada, todo transcurría en el barrio de Flores donde nació (San Pedrito 256) en una época donde por allí existían las famosas lagunas donde él iba a pescar, sobre todo ranas con sus amigos. Mayormente las calles eran de tierra y como Villa Luro, Floresta… eran lugares en desarrollo.

¿Te molesta que te sigan mencionando como el hijo de Hugo del Carril?

Para nada, si lo soy. Es un orgullo y un placer que lo hagan.

¿Y llevar el apellido del Carril te ayuda?

Al principio me ayudo en mi carrera, mientras mi padre estaba con vida. Fallecido él fue un arma de doble filo. Hoy por hoy en ocasiones me ayuda y en otras no.

¿Siempre te gusto el tango?

En casa no se escuchaba otra cosa que no fueran tangos; después lógicamente cuando entré en la adolescencia escuché otras músicas, pero nunca dejé de amar a esta pasión que tengo por el tango. Me recuerdo a Alberto Castillo viniéndonos a visitar, tenían anécdotas del barrio porque Alberto fue vecino de papá, había nacido en Homero y Alberdi…Era muy divertido escucharlos.

¿Cuándo llegas al barrio de Villa Luro?

Hace ya 22 años elegimos esta zona, donde me siento muy cómodo y contento (Barrio Kennedy-Juan B. Justo 9100).

¿Te reconocen los vecinos por la calle?

Fue cambiando a medida que fueron pasando los años, al principio me decían “Yo conocí a tu papá”, eran vecinos mayores, que muchos ya no están, me mostraban su admiración con mucho respeto y cariño; después ya me fui haciendo uno más, ya no soy el cantor de tangos o el hijo de…Hoy solo hablamos de bueyes perdidos (risas)… también de política y de esta vida diaria, que es cada vez más difícil.

¿Cómo te llevaste con la pandemia?

Pésimo…mal. Mal; lo artístico fue lo primero en cerrar y lo último en abrir, la reserva que uno podía tener económica se nos agotó, como a muchos. Tuve un problema cardíaco, con un pico de presión de 22 de máxima, que se lo atribuimos a la pandemia. Internado en el Hospital Vélez Sarsfield, donde me atendieron espectacularmente bien todos los profesionales; el tema son los turnos…más de uno capaz se te muere en la espera.

Volvamos a tu infancia ¿Cómo fue criarse entre escenarios?

Desde muy chico mi mamá me llevaba a verlo a papá, el encanto venía después de cada función, era uno de los pocos niños privilegiados en ira atrás del escenario y conocer toda esa magia y misterio que tiene el teatro.

Sí te preguntaban que vas a hacer cuando seas grande ¿Decías?

Siempre me lo preguntaban (risas) Y siempre respondía lo mismo cantor de tangos.

¿Consideras que tu personalidad es parecida a la de tu papá?

En algunas cosas. En común tengo todo aquello que uno hereda; papá era mucho más tolerante, algo que mi personalidad no lo permite. No tolero el engaño, la falsedad, la hipocresía; la diferencia esencial es de carácter; nos une el amor por la tierra, por el tango, por la gente, por el pueblo…

También la pinta, sos muy parecido a tu papá que fue un verdadero galán

Él tenía mucha más pinta. Y plata (risas). En su juventud, junto a Sandrini era el mejor pago del cine…y las mujeres salían atrás de él, lo perseguían siempre. Entonces para que no lo reconozcan se disfrazaba; cuando iba a trabajar hasta las corbatas le cortaban, las mujeres se llevaban sus tijeras…Son cosas que hoy quedan en el libro de las anécdotas.

¿A quién admiraba tu papá como cantor y a quien admiras vos?

Mi padre a Gardel, a quien conoció cuando tenía 15 años. Gardel fue a cantar a Flores, papá lo fue a ver a la entrada, porque no tenía plata para pagar, cuando Gardel lo vio le pregunto porque no entraba, mi papá le contó que, aunque no podía escucharlo cantar se conformaba con verlo bajar del auto. Gardel le tocó la cabeza y le dijo “Pasá…” Ese fue el único encuentro que tuvo de una sola palabra con Gardel y nunca lo dejo de contar. Y yo admiro a mi papá.

¿Hay hoy un resurgir del tango?

Sobre todo, del baile, pero faltan apoyos gubernamentales y de los medios; hay buenísimos cantantes y muchos son jóvenes, que cantan extremadamente bien y no se pueden mostrar, porque ni las radios, ni la televisión tienen producciones que los convoquen. Si no hay un cambio el tango se va a ir terminando de a poco; y con él una gran parte de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia, vamos a perder la identidad como pueblo.

¿Cómo nos definirías la palabra barrio?

Yo no soy poeta, pero podría decirles que el barrio es el lugar donde todos se conocen, todos son amigos, donde hay una tolerancia entre los seres humanos. Es el café de la esquina, el almacenero, el kiosquero, el electricista y el plomero…

¿Por qué decidiste vivir en el barrio?

Al principio de 2003 empecé a buscar algo por Versalles, porque tengo por allí conocidos, aparte es un barrio muy bonito y el vendedor de la inmobiliaria, con quien estábamos haciendo la recorrida nos llevó a conocer un departamento en el barrio Kennedy. Me gustó, me encontré con muchos árboles, mucho verde, muchos pájaros y lo vimos tranquilo; seguro y decidimos quedarnos acá. Fue todo un cambio Villa Luro, me había agotado vivir muchos años en el centro, mucho smog, mucho ruido…Quería abrir la ventana y ver el cielo, allá me era imposible y en el barrio en cierta manera lo encontré.

¿Cómo es un día en la vida de Hugo Miguel Fontana?

Me levanto temprano, sigo con ese habito, antes a las 6.00, ahora a las 7.15 o 7.30, antes leía el diario de papel ahora el digital. Y lo que no cambie es el mate, me encanta levantarme y tomarme uno buenos mates y desde casa comienzo a trabajar…

Un encuentro inolvidable…

Fue a mis 10 o 11 años, cuando estábamos comiendo con mi padre, tras un espectáculo que estaba haciendo…sentados en una mesa vimos que venía caminando un hombre con sobretodo y sombrero negro, acompañado por dos enormes personas y detrás de ellos estaba este hombre pequeño, que enseguida se estaba saludando con mi padre, en el momento del encuentro, papá me dijo, te voy a presentar a uno de los mejores presidentes del país…Era Arturo Illia; y mira que mi viejo era bien peronista, eso es lo que no se ve hoy en la política, no hay respeto por aquellos que piensan distinto.

Un llamado que te sorprendió fue…

En una noche, serian antes de las diez. Yo siempre atendía el teléfono y cuando llamaban tarde solía decir “quien molesta a esta hora” y del otro lado aquella vez me dicen “Disculpen la hora que llamó, quisiera hablar con Don Hugo del Carril” …Era Raúl Alfonsín

¿Un consejo que recordas?

De mi padre…cuando decido empezar con mi carrera artística me dijo dos cosas “abrázate con pasión a tu carrera y no trasnoches”.

¿A qué atribuís la vigencia de tu padre después de tantos años?

Cuando muere Gardel la gente busca a un sucesor y aparece Hugo del Carril, siendo un hombre pintón, con un color de voz similar. Muchos dijeron “Es el nuevo Gardel”, pero las comparaciones nunca fueron buenas; porque mi padre más allá de cantor fue un gran actor y un excelente director de cine, entre sus películas filmo “Las aguas bajan turbias”; y después fue un hombre muy ligado a la política, nunca claudico a sus ideales, no cambio de color ni de banderas. Siempre se mantuvo en una misma línea de conducta y fue admirado y respetado por quienes no compartían sus ideas. Toda esta elección de vida es lo que, a mi entender, lo mantiene vigente.

¿Contanos acerca del homenaje que le estas por hacer?

Es por los 110 años de su natalicio, que es el día 30 de noviembre. La idea es hacer un gran espectáculo, con mucho tango, muchos amigos y con cortitos de películas. Sera para el mes de noviembre, estoy viendo que teatro, pero cuando sea el momento ya se va a difundir, para que sea un verdadero homenaje, como mi padre se merece.

¿Te parece que faltan más homenajes para Hugo del Carril?

Atrás de la Estación de Flores hay un pasaje que tiene dos cuadras que lo recuerda y en la fachada de la dirección donde murió papá (1989) se colocó una placa…

¿Cómo ves hoy la noche de Buenos Aires?

Están faltando cosas más populares para la gente.

¿Qué nos podes decir de nuestra revista Mirando al Oeste?

¿Cuál es la edición que salgo?

Es la numero 348.

En principio habrá que jugarlo a la quiniela (risas) …348 ediciones ¡Que número! No cualquier revista barrial tiene tantos años ininterrumpidos en la calle. Los felicito, los conozco y siempre la disfruto cuando llega a mis manos, porque el contenido es muy bueno, está orientada hacia los afectos y a unirnos, y eso es muy importante para los tiempos que corremos.

Por último y agradecidos por esta cálida entrevista te pedimos un deseo y un saludo para nuestros lectores

No me voy a despedir, porque como decía Alberto Castillo “Quien dijo que me fui…siempre estoy volviendo”. Y a Mirando al Oeste le deseo de corazón que siga creciendo y a los vecinos un abrazo y que seguramente voy a seguir por acá, no tengo deseos de mudarme. Y si me tengo que ir por alguna eventualidad, me llevaré el mejor de los recuerdos de la gente, los vecinos de acá son realmente muy macanudos y la zona es muy linda. ¡Enamora!