Carlos Salim Balaa (1925-2022)

En nuestra Revista Mirando al Oeste N° 120 de septiembre de 2001 llegábamos a los lectores con una entrevista fenomenal a Carlitos Balá de la mano de su representante Oscar Licropani vecino nacido en la calle Ruiz de los Llanos al 600 y responsable de que el Gran Carlitos tuviera una fuerte relación, un “lazo inolvidable” con nuestro barrio de Villa Luro.

Fue una charla imperdible, que hoy… después de 21 años sigue con la misma frescura de cuando la hicimos. Queremos, tras su partida…volver a recordar aquella nota a modo de homenaje y admiración a quien fuera sin duda el más grande generador de ilusiones y sonrisas de varias generaciones de niños argentinos y también de otros lados, porque “Carlitos” fue universal, por ello el Papa Francisco lo nombró, hace 7 años, cuando Carlitos cumplió sus 90 pirulos: “Embajador de la Paz mundial”.

¿Cuéntenos cómo nació su amistad de más de 30 años con el Villalurense Oscar Licropani?

En el año 1968 fui con el circo al barrio de Liniers a Cuzco 250 a dos cuadras de la Iglesia de San Cayetano, tenía en esos años un administrador en el circo que se encargaba de varias cosas, entre ellas buscar gente para repartir folletos y vender mis caretas, anillos, pulseras, banderines…Entre los postulantes estaba Oscar (Licropani) en esos tiempos tendría unos 35 años… y así empezó con nosotros; nos ofreció incluir una pista de karting y un carrusel al lado del estacionamiento y lo hicimos, siguió durante un tiempo, incluso nos acompañaba en las giras…hasta que en el año 1975 le propuse si se animaba administrar y hacer todo el control del Teatro Colón de Mar del Plata y desde esos años hasta la fecha Oscar está al lado mío.

Hace poquito cumplió años como los festejó

Si cumplí 76; fue el 13 de agosto. Siempre mis cumpleaños son muy familiares y también los comparto con grandes amigos, nos reunimos con mucha alegría; este año también volvieron a acompañarme el grupo de fans, a los que quiero muchos que son “Fideos con manteca”, ellos están haciendo un libro que esta pronto a terminarse, incluso están juntando firmas para que vuelva a la televisión.

¿Dónde firmo? Ya lo queremos de vuelta en la pantalla chica…

En el circo estoy muy contento, es emocionante toda la gente que viene y se acercan a la carpa para decirme “Usted me hizo reír a mí, a mis hijos y ahora a mis nietos”. O sea, son tres generaciones y creo que siguen acompañándome porque siento que tengo mucho aún por dar arriba de un escenario; salgó con alegría con mis pantalones blancos recién planchados y entre función no me siento para no arrugarlos, y tampoco puede faltar mi campera de lentejuelas…

¿Cómo es un día en la vida de Carlitos Balá?

Soy muy casero, disfrutó mucho de mi familia, también me gusta salir a cenar con ellos en la semana; después viernes, sábados y domingos me concentro en el trabajo, ya el jueves no salgo para no tomar frio, no quiero engriparme, ni que la voz se me ponga mal por culpa de un resfrío. En estos momentos el circo lo tenemos montado en José León Suarez

¿Cómo es la relación con la gente?

Siempre me regalan aplausos interminables y se ponen de pie al terminar cada nueva función ¡Es muy emocionante! y después siempre me dan cartas, dibujos…Lamentablemente no todos pueden pasar al camarín, a veces llegan chicos enfermos…trato de no quebrarme.

¿En la calle también la gente también le demuestra cariño?

Es increíble el cariño de la gente, no podría pasar desapercibido, hasta desde arriba de un colectivo me gritan “Chau Carlitos” …a veces me pregunto ¿cómo me vieron?, pareciera que tuvieran un radar (risas).

Hasta no hace mucho tuvo un deposito en nuestro barrio de Villa Luro en la calle Dante a metros de Ramón Falcón, donde entre otras cosas guardaban al “chupetometro”

Exacto, desde ahí nos manejábamos cuando hacíamos las giras por las provincias, en un año me acuerdo hicimos 60 vuelos. Era un ir y venir; el elenco, más los choferes, sonidistas, iluminadores, unas veinte personas que viajaban en un camión que iba todo cargado con las escenografías y demás cosas para el circo, entre ellos iba, por supuesto: “El chupetometro” donde en la actualidad los chiquitos siguen dejando sus chupetes. Eso se traslada todo desde el depósito de Villa Luro, que fue nuestra sede de idas y venidas durante más de 10 años.

¿Usted Carlitos venía seguido a Villa Luro?

Claro y lo cargaba a Oscar Licropani, porque le decía “Otra vez en el barrio de Vélez, club que siempre a nosotros (los de Chacarita) nos ganaban”; pero más allá de las bromas, el barrio es muy lindo, me gustaba ir a Villa Luro, me parece una zona preciosa por eso compré allí el deposito…Llegaba hasta el barrio con mi auto, iba por la Avenida Rivadavia, tomaba Yerbal, salía a Virgilio y agarraba Dante…Y cuando agarraba esta calle y me acompañaba alguien que nunca había venido al barrio yo le decía que esta era la calle de nuestro poeta.

¿Es verdad que sus inicios fueron contando chistes en los colectivos?

Claro…Hacía shows gratuitos en la línea 39 que salía de Chacarita; trabajaba en complicidad con los choferes (risas). En una ocasión le pregunté al chofer “Ya llegué a México”. No todavía falta me respondía y a las dos cuadras volvía a preguntarle “¿Ya llegué?” y a la otra cuadra … “¿Pero llegamos o no llegamos?” … Hasta que de repente un pasajero se me acerca para tranquilizarme diciéndome que él me iba a avisar “¿Usted me va a avisar?”. “Claro, porque yo bajo ahí” . Enseguida yo le dije al pobre tipo “No me mienta” …hasta que la gente se daba cuenta que ya era una broma y después subía a otro colectivo e inventaba otra cosa y siempre los pasajeros se reían, en un momento se daban cuenta…que no podía ser real (risas).

¿Dónde se sintió más cómodo trabajando en el cine, la televisión, el circo?

Nunca me gusto hacer dos cosas a la vez, si hago televisión o una película me abocó a eso, soy muy estudioso de mis libretos, por ahí podía hacer alguna actuación los fines de semana. Ahora por ejemplo disfruto mucho y trabajando en el circo, hace unos 5 años andamos de acá para allá con la carpa. Pero un teatro siempre es muy importante para un actor.

¿Qué le cuenta Oscar Licropani del Villa Luro de ayer?

Me dice que el barrio cambio bastante desde sus tiempos de niñez, había muchas quintas y que había conocido el arroyo a cielo abierto, que siempre había pibes en los potreros jugando a la pelota o remontando barriletes, como en mi barrio… tenemos muchas vivencias en común y también muchas nostalgias de tiempos pasados, que ambos atesoramos en nuestros corazones.

¿Qué opinión le merece el periodismo barrial?

Me parecen muy valiosas las revistas que tiene identidad barrial, manteniendo presente (en sus páginas) el pasado y la actualidad.

¿Seguramente Carlitos Balá es muy buen amigo de sus amigos?

Portada Revista sept. 2001

Trato… porque respeto mucho a la amistad. También nos reímos mucho…Quizás en casa, o en otra casa, o viajando en un coche empiezo a hacer imitaciones o te digo a alguna frase como…. ¡Cuando no vamo!…quédensen tranquilo y duerman sin frazadas…eeeapepeee…sasasasasassaa…cómo le va a usted. O te la remato con la de un kilo y dos pancitos…o le hago un sumbudrules.

Por último y agradecidos por esta cálida e inolvidable entrevista, le pedimos un saludo para los lectores de Mirando al Oeste.

Un saludo…Un abrazo sincero. Deseándoles felicidad y que Dios los bendiga a todos.

Marcelo Costa/ Archivo Mirando al Oeste/ septiembre 2001

EL DEPOSITO DE BALÁ EN VILLA URO

En los comienzos de la década de los ochenta (aproximadamente en 1982) hace más de 40 años Carlitos Balá le compró a mi familia: a mi papá Alejo y a mis tíos Roberto Bouvier (hermano de mi viejo) y a Víctor Suriano (su cuñado) el local de Dante 146, que Balá utilizó durante unos diez años como una gran cochera y baulera, donde dejaban el camión MB que usaban para transportar de todo y a todos lados, incluso para cuando hacían las temporadas en Mar del Plata. También guardaban allí la carpa, muebles, vestuarios, promociones, objetos… Salía de Villa Luro lo que usaban para el circo de Carlitos Balá.

Cuando fue dejando esa actividad, empezó a dejar de usarlo al depósito, hasta que lo fueron vaciando de a poco; terminó vendiéndolo a un fabricante de camisas. Hoy funciona allí consultorios de kinesiología.

Bala estuvo varias veces por el local, pocos llegaron a verlo, seguramente porque no se sabía muchos en el barrio que ese local era suyo, en realidad pocos vecinos tenían el dato, se resguardo siempre su privacidad; el que venía más era su representante Oscar Licropani.

Nuestro primer recuerdo de Carlitos Balá es de cuando se vieron mis tíos y papá en la escribanía el día que compró. Después siguió un trato, siempre nos dejaban entradas, fotos, propagandas para la familia, en esos años teníamos con Marta a nuestros hijos Adrián y Andrés chiquitos. Después de la venta no lo vimos más por acá, pero nadie nos quita el recuerdo de haber conocido al ¡GRAN CARLITOS! y porque no, de ser en parte responsables de traerlo a Villa Luro

Jorge Omar Bouvier