Cantante y compositor autodidacta, su tono natural es de tenor lirico, ya que sus notas son muy altas, su voz poderosa es reconocida como una de las mejores en el país y en el exterior. Hace 36 años conoció sus primeros días de gloria como cantante del grupo “Rata Blanca”, con quien gira (al igual que como solista) por todo el mundo.

Uno de los máximos referentes del Rock Nacional, aunque empezó cantando tangos; el dos por cuatro, también lo lleva en sus raíces, junto a todo lo que acunó desde chiquito, que lo llevaron a ser un tipo que nunca olvidó al barrio, ni a sus amigos, que justamente no son del ambiente artístico. Seguramente por todo esto, nos dijo, en esta entrevista:  “Nunca me subí al caballo del éxito”.

Adrián Barilari, nos brindó, en aquel inolvidable encuentro, su tiempo y nos abrió su corazón, recorriendo con Mirando al Oeste, su pasión por el canto, que comenzó hace casi 60 años siendo solo un niño.

¿Cómo te presentarías?

….Y como Adrían Barilari, nacido un 11 de noviembre de 1959, cantante y autor, vecino de la Paternal y de algunos lugares más.; Nací en Lugano, mis padres Aida y Luis siempre fueron mis pilares y dos hermanos Norberto y Alejandro, yo soy el del medio.

¿Vamos a tu niñez como fue tu infancia?

Feliz, con un tío que amé, fue quien me inicio desde muy chico ( 4 años) a la música, él era bandoneonista y cantante de tangos, se llamaba Florencio y empecé a cantar con su ejemplo, en realidad el de toda la familia, porque la música estaba en todos, yo pude expresarlo, por el apoyo de mis padres y la verdad que es una meta que se nos cumplió y lo tomé con orgullo, porque era una de las cosas que más ansiaba desde chiquito. Empecé cantando en los actos escolares y también en los carnavales en la murga.

Seguramente con dos hermanos varones, el futbol era tu juego favorito

Entre otras cosas, porque hacía de todo. Pero desde ya, que lo primero era el futbol, lo jugaba en el club Yupanqui de Lugano, también participé en los campeonatos Evita, la pelota es sin duda una amiga inolvidable de mi infancia.

¿Cómo fue que te inicio en la música tu tío Florencio?

Me hacía cantar sobre los discos de pasta o de vinilo que tenía en su casa, elegía uno y cuando empezaba a sonar la música me hacía vocalizar. Otro ejemplo, fue mi abuelo, que se había escapado de la guerra, y aquí era cantante de ópera del Teatro Colon, también aprendí de mi hermano mayor que tenía una banda de Rock y cuando ensayaban, yo estaba siempre en el medio, por eso cuando faltaba el cantante yo  lo reemplazaba, también les tocaba sus instrumentos, los desafinaba (risas)…y de alguna manera, por mérito propio, porque me gustaba; con ellos aprendí a tocar la guitarra.

¿Qué nos podes decir de tus padres?

Increíbles, mis ejemplos, mi viejo trabajó toda la vida hasta que se jubiló y mamá también trabajo desde muy joven en una fábrica de zapatos, fuimos clase media trabajadora, mi abuela hasta que vivió, era la cocinera de todos, un tana que apenas hablaba el español. Los domingos nos juntábamos todos, hermanos, sobrinos, primos, nietos a comer las pastas caseras de la nona.

¿Tu mamá te empezó a llevar a los canales de televisión?

Si me llevaba desde los 8 años a canal nueve, a “Si lo sabe canté” con Roberto Galán, en todos los programas, de aquella época, que me podía llevar para cantar lo hacía.

¿A los 12 compusiste tu primera canción?

Creo que sí, porque a esa edad, ya tenía ganas de hacer canciones propias, mis primeras letras fueron baladas y después, ya de más grande, empecé a ir a bares a tocar y a cantar, para ver qué pasaba, si gustaba lo que estaba haciendo con tanto entusiasmo, también lo hacía en las reuniones familiares y con amigos.

¿El servicio militar cortó en esos años tu carrera?

Para mí el Servicio militar fue algo sorprenderte, aunque en un primer momento mucho no me gustó, porque me llevaron a Puerto Belgrano, pero después entendí que aprendí un montón de cosas, sobre la dignidad, la amistad, uno de mis mejores amigos lo conocí en esos años de colimba. Yo siento que me sirvió, más allá de que sé que muchos estaban en contra, en mis tiempos que era obligatorio, pero como tuve una buena experiencia… Mi recuerdo es que me enseñó muchas cosas, entre ellas la amistad y el compañerismo.

En la colimba, seguro que te cortaron el pelo…

Sabes que en esa época no lo tenía tan largo (risas); desde 1987 lo uso así, desde esos años, casi 40 que no me lo corto.

Lo que conservas también, es tu figura ¿Haces dietas?

Nooo (risas) Por ahí, es genético, o porque de pibe hice mucha gimnasia y jugué mucho al futbol, en la familia, somos todos bastante flacos.

¿Cómo fue tu primera vez en el escenario?

No sabría decirte, porque desde muy chiquito me subí arriba de algún escenario. Sí recuerdo la vergüenza, siempre fui muy vergonzoso y tenía miedos, pero con el tiempo esto fue cambiando, seguramente por las ganas de hacer cosas con la música. Hoy la adrenalina sigue intacta, estar frente a mucha gente, sigue siendo increíble.

En 1989 llegaste a Rata Blanca, ¿Cómo viviste ese salto a la popularidad?

Fue raro porque yo me estaba alejando de la música, tenía 29 años, ya estaba casado y tenía a mi hijo Alan, que era muy chiquito, y evidentemente después de tantos años de intentar, había decidido abandonar, pero aparecieron los chicos de Rata Blanca, que ya habían sacado un disco, me hicieron la propuesta y no dudé y esa decisión me hizo seguir con la música, ser reconocido y seguir viviendo de esto.

¿Hoy como es tu relación con la gente en la calle?

En realidad, la gente tiene relación conmigo, y no yo con la gente. Es amena, me saludan, me piden fotos. Siempre buena onda, soy un agradecido a la gente y al público.

¿Cómo haces para cuidar la voz, teniendo en cuenta que sos tenor lirico?

La verdad que no la cuido demasiado a mi voz, dejé sí de fumar hace muchos años y trato de descansar mucho, de alimentarme bien, hago vocalización, pero nada fuera de lo normal, es todo bastante natural, tengo 66 años, canto desde los 7 y mantengo la voz que tengo. Gracias a Dios tengo cuerdas vocales fuertes y nunca tuve que hacer demasiadas cosas. Sí aprendí a hacer ejercicios de respiración, afinación y vocalización.

Me han dicho, muchas veces “si seguís cantando así te vas a lastimar la voz”. Seguramente hay un desgaste, en mi caso, tiene que ver la forma de vivir, fui siempre un tipo que mantuvo la conducta, y que nunca se subí al caballo del éxito, no fui arrastrado por las drogas ni el alcohol. Todo tiene que ver con la vida que llevas.

En una ocasión Alberto Castillo nos dijo a Mirando al Oeste “Yo soy parte de mi pueblo y le debo lo que soy, hablo con su mismo verbo, canto con su misma voz”

Me identifico, con esa y con muchas otras letras; creo que uno debe saber mirar hacia atrás y no olvidarte de lo que hiciste y de los que te ayudaron, en mi caso, mis viejos, mi familia y el barrio también.

¿Cómo mantenés viva la creatividad?

Para componer, me apoyo en músicos amigos, con ideas diferentes, y logro encontrar imágenes en la música, en la composición; me pongo a escribir, sobre lo que escucho. Hacer un disco tiene que ver con los momentos en que uno vive. Un ejemplo, cuando hice “Abuso de poder” hice catarsis, solucioné el tema de ir a un psicólogo. Todos mis discos solistas, son diferentes y es muy bueno poder expresarlo, con el pensamiento, con las palabras. Te diría que todos somos creativos, está en todos los seres humanos algunos con las manos, otros con los pies, con el cuerpo. Cada uno debe saber encontrarla y transformarla en algo. En mi caso en canciones, o en la vida diaria y cotidiana. Tiene que ver con tristezas y alegría, el amor, el compromiso con la gente. El mundo en sí, tiene que ver con la creatividad.

¿Cómo definirías a la palabra barrio?

Barrio es el diariero de la esquina, el gordo policía que estaba parado siempre en la esquina de casa y le llevábamos café, porque en invierno se cagaba de frio. El barrio también es el cine, la escuela primaria, el club, el barrio es mi viejo jugando a las bochas y  es el kiosco de Doña Rosa. El barrio es, sin duda, los mejores recuerdos.

¿Conociste al vecino ideal?

Teníamos algunos compinches, ahora, me vuelve a la memoria el almacenero Don Jorge al que le pedíamos fiado, porque no alcanzaba la guita, nos daba yerba cuando no teníamos para el mate, o lo que necesitáramos; el tipo lo anotaba en una libretita y le pagábamos a fin de mes, esas son cosas que se perdieron en el tiempo.

¿A tu personalidad como nos la definirías?

Yo soy, digamos un bicho histérico, que no se toma a veces tiempo para reflexionar, voy para adelante, trato de no parar, porque mi vida va bastante rápido, y como viajo mucho y tengo poco tiempo, en casa encuentro, aunque sea solo un fin de semana, ese lugar para reflexionar, para hacer una pausa. Mi vida es correr, salgo mucho de giras, a veces son cortas otras más largas, me encuentro siempre dando muchas vueltas.

¿Te sentís un hombre afortunado?

Soy feliz con lo que hago, con lo que tengo. No necesito, ni quiero más, por eso soy agradecido. Todo me llevó a esto que hago; no reniego y sigo siendo la misma persona que hace 40 años atrás, manteniendo mis amistades. Sigo igual afortunadamente.

¿Ya no te quedan sueños por cumplir?

Sí, siempre hay sueños por cumplir, si no los tuviera estaría muerto, si se dan mejor, sino, seguiremos esperando.

¿El artista necesita ser reconocido?

Principalmente el artista hace su arte, porque le gusta, porque ama hacerlo, y el ser reconocido es un plus que te da la vida, que te pone frente a alguien que te valora, que le gusta lo que haces. Sos reconocido por ambas formas, yo busco ser respetado, porque lo que hago es en forma apasionada y desde el corazón, pongo todo cuando subo a un escenario, trato de dar el ciento por ciento, y un poco más también.

¿Qué personalidad conociste gracias a tu trabajo?

Pude conocer artistas nacionales e internacionales, que admiro; pero por sobre todo agradezco conocer gente, otros pensamientos, otras formas de vivir, de aquí o de otras partes del mundo.

Vamos a jugar con la imaginación, si pudieras reencontrarte con alguien de tu pasado a quien elegirías y que le preguntarías…

Quizás a mi tío que fue el primero que me inició como cantante y me quedaron charlas pendientes, era yo muy chico, y hoy ya de grande le preguntarías otras cosas, y le agradecería como a mis padres por ser mis motivadores para mi carrera y mis ejemplos.

Villa Luro es un barrio que le dicen” El de las calles románticas”, porque las calles tienen nombres de artista y poetas ¿Lo sabías?

A Villa Luro lo relaciono con el futbol, he jugado mucho en ese barrio y tengo mis mejores recuerdos; y también conozco el nombre de muchas de sus calles; pero no sabía que le decían que era de las calles románticas…y me parece que está muy bueno que a un barrio se lo identifique por sus poetas, músicos y escritores. Aunque me parecería aún mejor, que se reconocieran también a nuestros artistas contemporáneos, por eso apoyaría un proyecto, para que una calle se llame Flaco Spinetta, o Alberto Castillo y otros tantos artistas, algunos hasta olvidados, que tanto hicieron por la música y nuestra cultura.

¿Qué heredaste de tus padres?

De mi papá la insistencia, el ser laburante y de mi mamá la pasión y de ambos el estudio, el sacrificio y el de hacerte un futuro, no podés estar esperando a que la vida te regale cosas.

Por ultimo y agradecido por esta cálida entrevista, te pedimos un deseo y un saludo para nuestros lectores de mirandoaloeste,com,ar

El país necesita un poco más de paz, educación, seguridad, de trabajo…eso es lo que pedimos todos, ese es mi deseo. Y mi saludo para toda la gente que está leyéndome, que seguramente son muchos, sería; un Hola; un GRACIAS (nos aclara que lo escribamos mayúscula), un chau  y un hasta siempre.

Marcelo Costa