Pasiones, humor, nostalgias, sentimientos y genes serán parte de esta entrevista; porque todo en la vida se relaciona y vuelve con los años; en este caso Magdalena Lunadei (contadora de historias y mensajera), hija del inolvidable actor Gianni, nos emociona con el recuerdo de su papá y nos habla de su herencia artística, hoy plasmada en la escritura; y adueñándonos de su talento en las letras, empezaremos esta introducción con sus palabras…
“Vericuetos de los genes. Extrañamente los seres humanos repetimos patrones, gestos, y afinidades de nuestros ancestros, aunque ni siquiera lo hayamos conocido. El ADN es un gran lector de señales, que trasciende generaciones y que va marcando los destinos. Lo que se hereda no se roba y lo que se elige con convicción, probablemente será una pisada fuerte que deja una huella en la historia de la sangre”
¿Cómo te presentarías?
Me llamo Magdalena Lunadei, única hija mujer entre tres varones y soy una mamá de tres varones: Laureano, Faustino y Martiniano y una buscavidas de la vida, suelo tener múltiples laburos, por ejemplo, durante la cuarentena fui niñera y le enseñé castellano a mellizos rusos. Vendí algunos libros que escribí y sigo con la continuidad de envíos (mensajería) en bicicleta, algo que hago con mucha felicidad.
Cuando decís tu apellido ¿te preguntan…?
Siempre, por lo menos de la gente, de 40 años para arriba. Se suma a que somos únicos, no hay otros Lunadei en el país, más que nosotros la familia. Cuando voy a un banco o a algún lugar que me nombran, siempre se dan vuelta y miran, te relojean, como que llama bastante la atención el apellido. Encima tengo en la nuca tatuadas las dos mascaras del teatro, así que si me las ven, van a deducir que algo tengo que ver.
Y seguramente, más de uno te debe preguntar…
Constantemente me preguntan, si tengo algo que ver con Gianni Lunadei, después me dicen que eran fanáticos sus personajes, que era un genio. Y no me molesta, porque la gente se maneja con mucho respeto; si bien los medios de comunicación tienen algún morbo, la gente solo me muestra cariño, su admiración, y a mí como que me da mucha emoción todo esto porque mi papá era la luz de mis ojos, entonces que me reconozcan a través de mi papá para mí es un gran orgullo. Había un amor muy grande entre nosotros
Llevar el apellido Lunadei ¿te ayuda?
Generalmente sí, es el día de hoy más de 25 años después de que mi papá no está, que ser la hija de Gianni Lunadei me abre puertas. Porque es como que la gente siente, como un cierto agradecimiento hacía él, me han dicho “este lugar te lo doy a vos, por todo lo que me hizo reír tu papá en mi infancia”
Ya que nombras la palabra infancia ¿Cómo fue la tuya?
Era una nena estándar “común y corriente” (risas); buena alumna, muy tranquila, no tenía esa cosa rebelde, que la tuve sí de más de grande. Siempre me recuerdo feliz en mi infancia.
Tu papá era italiano ¿Que te contaba él de su infancia?
Papá vino a los 12 años de Italia, me decía cosas terribles de su niñez, él vivió toda la guerra y la post guerra desde que nació, me contaba de la extrema pobreza que había en Roma, pero que eso no impedía que promulgaran la cultura para los niños que sabían mucho de historia, de lírica, él por ejemplo recordaba correr, a sus 5 ó 6 años, debajo de un bombardeo para ir a un teatro, yo eso después lo ví en una película, esa imagen que me contaba papá, corriendo los nenes agarrados de la mano hasta llegar a la ópera. Así fueron sus días de niñez allá, hasta sus 12 años, que se subieron a un barco con mi abuelo y recién ahí le dijeron que tenían plata para un pasaje, y tuvo entonces que estar un mes y pico solo arriba de ese barco, en esa travesía que habrá sido interminable. Acá en Buenos Aires ya lo esperaba su tía, que era también su madrina.
¿Tu papá era celoso tuyo?
Era re gamba; lo más de lo más
¿Qué heredaste de tus padres?
De los dos heredé la honradez, la dignidad por el trabajo y el sentido del humor. De mi mamá el carácter más fuerte; el de estar bien parada con los pies sobre la tierra y de papá la parte artística y de tener pasión, responsabilidad y valores por cada cosa que uno hace.
Cuándo te preguntaban que ibas a hacer cuando seas grande ¿Que decías?
Patinadora (risas). Soñaba con serlo. Me acuerdo que una vez me saqué una muy mala nota en matemática y me mando a llamar la directora, que además era mi madrina, para darme un sermón en la dirección, en un momento me dice “Que vas a hacer vos cuando seas grande” llorando le dije: patinadora, enseguida la llama a mi mamá para contarle la falta de inquietudes de la nena (risas); hoy queda como una anécdota.
Me nombraste a tu madrina… ¿Tu padrino es Miguel Ángel Sola?
La historia es así, cuando nací, mi padrino iba a ser otro actor (Fernando Vegal), que se fue exiliado a España coincidiendo con mi bautismo, entonces no me bautizaron; hasta que a mis 8 años entro a un colegio religioso, donde piden que esté bautizada, mi papá me pregunta quien quería que fuera mi padrino y aunque nunca lo había visto en mi vida, le dije Miguel Ángel Solá, me dice ¿Por qué? Respondí que lo admiraba mucho y que para mí, sería un regalo muy grande ser su ahijada… Y así fue, lo llamó por teléfono diciéndole que su nena lo quería como padrino y enseguida le respondió que sí, le encantó la idea, le pareció buenísimo. Lo conocí el día que me bautizaron en la Iglesia San Nicolás de Bari, yo estaba en el altar y el entró, cuando lo vi me empezaron a temblar las patitas, me acuerdo que después nos llevó con mi hermano a dar una vuelta en auto, nos compró caramelos y a partir de ahí somos familia, nos queremos mucho, estamos siempre conectados por las redes, por whatsapp y Facebook todo el tiempo, me hizo un hermoso prólogo de mi segundo libro, tengo su apoyo constante. Cuando volvió a Buenos Aires nos encontramos un par de veces, fui a verlo al teatro. Siento, además que Miguel Ángel Sola, es parte del legado artístico que me dejo papá, ellos se admiraban mutuamente.
A María Rosa Fugazot la llamas tía ¿Por qué?
Porque con mi papá se querían como hermanos, por eso es una tía del corazón, vivía cerca de casa y siempre nos veíamos. Es una gran mujer. Una excelente persona.
¿Cómo fue criarse entre libretos, ensayos en casa, escenarios, o estudios de televisión?
Lo más normal del mundo, recuerdo diciéndole a papá que vaya a buscarme a la salida del colegio, para ir juntos al canal, antes igual tenía que pasar por casa, mamá me vestía con mi mejor vestidito, mis medias altas hasta abajo de la rodilla. Impecable llegaba de su mano y me quedaba horas; me divertía muchísimo con el detrás de escena, de hecho después terminé estudiando producción de televisión y dirección de cine.
Siendo la hija de un genio de la actuación, todos te vemos como actriz
Pero yo no me imagino como actriz. De hecho siempre tenía un dialogo con mi papá, diciéndole que no sabía cómo hacía para ser actor, de estar en un teatro parado siempre en un mismo lugar, mirando al mismo compañero, diciendo la misma letra, vistiéndose de la misma forma. Yo me aburro, al tercer día me bajo del escenario y me voy le decía, me entendía y respondía que para él todos los días eran distintos, los estados de ánimo, de él, sus compañeros y el del público, eran distintos. Sentimientos que aún no conozco, porque la única vez que me subí a un escenario fue para presentar un proyecto mío y ahí entendí algunas de las cosas que me decía y por más que soy muy gestual e histriónica no me imagino siguiendo una letra, o haciendo reír al público un día que estoy triste.
¿Cómo definirías a tu personalidad?
Alegre; divertida; laburadora. Bastante estructurada en algunas cosas; me gusta mucho lo artístico… Soy vegetariana, no tomo alcohol, nunca me drogué, como que tengo una vida muy sana, muy aburrida (risas)
¿Cuándo se despertó en vos, la vocación por la escritura?
Debo reconocer que tuve un excelente nivel educativo, me enseñaron mucho. Aprendí cómo combinar las palabras, no repetir, usar sinónimos, comparaciones, metáforas, ser descriptiva, En la primaria tuve cuestiones gramaticales muy buenas, después en la secundaria, con otra chica, nos sentábamos las dos a escribir y compartíamos las escrituras unas de otras. Y después de muchos años de no escribir, me nació la necesidad de volver a hacerlo, fue después que me compré mi primera bicicleta, a partir de ahí empecé a contar en Facebook las cosas que me pasaban arriba de la bicicleta, como cambiaba mi mirada, como prestás más atención a todo, a percibir más los colores; a sentir el aroma de las flores, el viento en tu cara, la tensión en las piernas. En realidad el causal fue el incendio de mí casa, yo lo conté a través de las redes sociales y dije que lo único que se salvo fue la bicicleta, fue como una señal, porque no había explicación para que sobreviviera, así empiezo a escribir mi antes y después de ese incendio. El principio es todo lo que yo contaba muy asombrada arriba de la bicicleta, el nudo era el incendio y el final de ese primer libro es mi volver a empezar. “Relatos valientes y libres” es el libro con el que cierro la trilogía de Pedaleamos?, que comienza en año 2019 cuando me sumo al grupo ‘Los valientes del pedal’, al tiempo decido empezar a rodar sola en un constante aprendizaje de autonomía y de libertad.

¿La casa se incendió por un problema eléctrico?
Sí por un cortocircuito. Viste esos relojes negros con números rojos, si tenes mándalo al museo de la Ciudad porque son peligrosísimos, los bomberos me dijeron que se repiten los incendios por causa de ese radio reloj.
¿A qué atribuís la vigencia de tu papá, después de tantos años?
Grandes actores que lo consideraban maestro de maestros, me han dicho que lo que admiraban de papá, es el paso inmediato que tenía del drama a la comedia y de la comedia al drama y que eso solo lo hacen los que tienen un don natural y que están contados con los dedos de una mano.
¿Qué sensaciones te provoca verlo hoy en la pantalla de VOLVER?
Lo veo más como actor; porque como persona no tenía absolutamente nada que ver con ninguno de sus personajes y si bien la gente lo conoce más por su parte popular, era un actor dramático impresionante, el venía de la escuela dramática; pero me encanta verlo en “matrimonios y algo más” descubro entre líneas, cosas que de chica no entendía, como la profundidad de un chiste y ahora de grande empiezo a darme cuenta, porque es tan querido y admirado por sus personajes, mi preferido era “el moribundo”. Igual debo confesarte que de chica, estaba muy podrida que todo el mundo que me conocía como la hija de Gianni, me saludara como “Delanata” “Cureta” “Arteche”…Hola Cartucho…chau Cartucho… llega un momento que decías, decime Magoo (risas).
Vamos a jugar con la imaginación, si pudieras elegir a alguien del pasado que no está, para tenerlo con vos un ratito ¿A quién elegirías?
Ni siquiera se me ocurre mi papá, si él tomo la decisión de irse, no lo volvería a traer. Pero en general me pasa con toda la gente que se muere, la tengo presente hasta el momento que se fue y después los dejo ir; porque es parte de la vida, lo tomo con cierta normalidad. A la única muerte que le tengo miedo es a la de mis hijos, ni por mi muerte tengo miedo, aunque aún me considero muy joven (risas).
¿Qué nos podes decir del barrio?
Conozco mucho Villa Luro, estoy cerquita a unos pedaleos (risas) y me gusta mucho, tiene aires de provincia…con sus casas bajas, continuamente lo recorro con mi bicicleta, me encanta tomar Juan B. Justo cuando tiene sus jacarandas en flor, de un violeta hermoso. Voy siempre atenta mirando, descubriendo y acompañada siempre con mi música.
Una vez Fontova me dijo que todas sus guitarras tienen nombre ¿Tus bicicletas también?
Sí todas fueron bautizadas (risas), apenas la compro ya le pongo un nombre. Hace tres años que ando con mi “Black Queen” (Reina negra) que fue en reemplazo de “la Villana” que le puse así, porque era roja, tipo diablo…y la primera que tuve, que era de paseo y con canastito, la llame la “Magoocleta” que ahora está en córdoba, en la casa de una amiga, provincia que amo y viví y en donde nació mi primer hijo.
¿Cómo nos definirías la palabra barrio?
Es el lugar donde nos conocemos todos y en donde todos tenemos que tirar para el mismo lado. Es vecino, es aguante, es comunidad…Es familia
¿Conociste al vecino ideal?
A muchos, porque los vecinos fueron muy buenos conmigo cuando se me incendió la casa, Me acuerdo que cuando yo bajé del edificio, toda tiznada y con mi bicicleta azul en la mano, estaba toda la gente esperándome y me abrazaron entre todos y diciéndome que pidiera lo que necesitara, algunos solo me los había cruzado en el ascensor; todos fueron muy solidarios.
Villa Luro tiene en sus calles nombres de escritores y poetas ¿Sentís que un buen homenaje a tu padre sería que una calle lleve su nombre?
Sería un honor muy grande que una calle de Villa Luro o de cualquier lugar del país, tuviera el nombre de papá, de hecho el otro día estaba hablando con Gabriel Mesa, me decía que falta una escultura de nuestros padres, a pesar de que tendría miedo de que la vandalicen, le parece raro que no nos hayan propuesto hacer la estatua de ellos, como lo hicieron con Olmedo, Porcel, Portal… Sí tiene papá su estrella en la puerta del Lorca (Corrientes y Uruguay), que está muy cerquita de la estrella de Juan Carlos Mesa.
Por último y agradecidos por esta cálida entrevista te pedimos un saludo y una reflexión para los lectores de Mirando al Oeste
Gracias a todos los que siguieron la carrera de papá, a los que no la siguieron tanto, pero se están enterando ahora quien pudo ser. Agradecida a “Mirando al Oeste” y a quienes se interesen a través de esta nota quien soy yo, que escribo… pueden llegar a mí por mi muro de Facebook: Magoo Lunadei, en Instagram: @magoolunadei y mi Mail: magoolunadei@gmail.com… Y ¿Me queda una reflexión? “La risa puede ser una buena cura” porque después de tantos años de que papá se fue, todavía sigue presente en la memoria y en el corazón de los argentinos, porque los hizo y los hace sonreír, sigue dibujando sonrisas… Solo me resta agregar; que se siente un respeto y una calidez muy linda; vivencio esta admiración constantemente porque así me lo manifiestan. Es una caricia al corazón.
