En Milton y Sarachaga, donde sigue estando la casa de su mamá Carmen, Diego Capusotto pasó su “inocente” niñez, su “rebelde” adolescencia y su “loca” juventud, por eso conserva mucho cariño por esas paredes, sin olvidarnos de los techos, aunque más de una vez tuvieron goteras… que lo cobijaron desde pibe. El día que hicimos esta entrevista, que la elegimos, para homenajearnos y homenajear a los lectores por nuestros 27 años con Mirando al Oeste, hacía frio, bastante frio, por suerte, una antigua salamandra encendida nos dio la bienvenida, que además de regalarnos su calor, daba una cuota de encanto al hogar. Al comenzar la nota Capusotto se acomodó en un sillón y esperó las preguntas, a que el grabador se ponga en on para empezar la charla; no buscó hacernos reír, aunque el humor está con en él todo el tiempo: en su sonrisa contagiosa, en su modo de hablar y en su mirada. La charla fue fresca y natural, como cuando nos cruzamos en la calle, aunque ahora ya no se lo ve tanto por “nuestras callecitas románticas”, el barrio de Barracas es donde hace años vive; pero el sentimiento por Villa Luro sigue presente en él, porque es sin dudas, un eslabón fundamental en el rompecabezas de su vida.
¿Cómo te presentarías?
Mi nombre es Diego, mi segundo nombre es Esteban y mi apellido Capusotto, nací un 21 de septiembre del año 1961, en la localidad de Morón, después vivimos un poco en Castelar y cuando tenía 6 años llegamos a Villa Luro. Mi profesión es la de actor y si no fuese actor seguramente sería actriz…Jajá. También me gustaría decir que en mi niñez me destacaba entre mis amigos, por ser el mejor tirador de piedras a los trenes cargueros, acá en Villa Luro. Y que tengo o conservo el Hobby de esquivar las baldosas flojas de la calle.
¿Recordamos tus años de niñez en el barrio?
A Villa Luro llegamos en marzo de 1968 y estuve en esta misma casa, que es la de mis padres, hasta 1995, que me fui a vivir con mi mujer María Laura. Los recuerdos son los mejores: La canchita y sus partidos; la esquina con los amigos; el corsito que se hacía en la calle Bacacay entre Milton y Lope de Vega, te estoy hablando de los años 1971 y 1972. La escuela primaria la hice en la N° 7 “República Árabe de Egipto” en Rivadavia y Moliere, donde también estudio Guido Kaczca, con la diferencia que él estuvo un par de años después, mejor no hagamos la cuenta…Jajá. Después pasé al Verthier (1970 / 1976), al San José del barrio de Once y…Iba cambiando de escuelas, porque me echaban, no sé por qué…jajá.
¿Tuviste una infancia humilde?
Nunca nos faltó nada, pero si queres que te defina pobreza te diría que es un sistema político, creado por el hombre
¿Cuál es tu lugar preferido en Villa Luro?
Todo el barrio es mi preferido, pero si me haces elegir, sobre todo me gusta la avenida Lope de Vega, porque yo la pateé mucho, solo y con los amigos. Pero cualquier rincón de acá me gusta, porque me hace acordar a distintos momentos de mi vida…
¿De chico fuiste un buen jugador de fútbol? Sabemos que jugaste en el Club Stentor
Siempre me gustó jugar al fútbol. Era bastante habilidoso, pero sin duda, mi mejor habilidad era tirar los centros atrás del arco, también era un jugador que devolvía paredes y con los pies era bastante bueno, tenía una cierta visión del juego. Con los años empecé a jugar de costado, mirando al compañero…jajá. Esa es la posición que más me gusta.
Cuando te presentaste nos dijiste que te gustaba tirarles piedras a los trenes cargueros ¿Eras bastante heavy?
Bueno uno de chico siempre tiene ese placer por hacer lio, pero sí es verdad que era muy tirador de piedras, me acuerdo que cuando venía con mi amigo Marito Suarez de la escuela, nos parábamos siempre en Corro y Sarachaga, donde aún estaba el edificio del antiguo mercado, ya sin funcionamiento y deshabitado, que tenía un montón de vidrios y a nosotros nos encantaba romperlos. ¡Ojo nunca rompimos vidrios con gente adentro!…esas cosas no hacíamos. Creo que uno de niño tiene ese placer por la destrucción, como cuando te regalaban un muñeco y le arrancabas la cabeza, o desarmabas un juguete mecánico, para saber que tenía adentro y después no lo sabías volverlo armar, eso también era destruir.. Jajá.
¿Qué recuerdo tenes del colegio Verthier?
En el año 1974 cuando yo estaba en el colegio murió Perón, me acuerdo que la Directora nos vino a decir que se había muerto Perón. También recuerdo al Padre Jorge Munier era bastante capo el tipo (dejó los hábitos y cuando se cansó de las minas volvió a ser cura), después estaba el Padre Alfredo, el Padre Santiago que era Alemán y de los maestros me acuerdo de casi todos, de los que querías y de los hincha pelotas como el de matemáticas…En el año 1975 tuve a una profesora que daba Religión, que era una piba joven y muy linda, que había sido novia de mi hermano mayor.
Yo repetí en el 76, volví a hacer primer año, pero me fui porque tuve unas palabras con una profesora. Tuve problemas de conducta, no se los puedo negar ni a mis hijas. Jajá; en tiempos de la secundaria me puse a trabajar, me tocó la colimba, seguí trabajando y después me puse a estudiar teatro.
¿En esos años de juventud, llegó el humor a tu vida?
El humor es algo que estuvo permanentemente en mí. Teatro empecé a estudiar en 1986, en ese año comencé a hacer cosas relacionadas con el humor, en los espacios que había en esos momentos, entre ellos el Parakultural, allí conocí a Alfredo Casero. Lo de la televisión vino recién en 1992 y fue por casualidad, porque el canal América quería un programa de humor, ya que no tenía ninguno y por eso entramos.
¿Qué cómicos de ayer y de hoy nombrarías como buenos?
Primero Buster Keaton, después los hermanos Marx, toda la gente del cine mudo: El Gordo y el Flaco; Chaplin…Y de acá siempre me gustó Marrone, Bondi, el negro Olmedo y Porcel, me hicieron reír mucho cuando era chico, y de todos aprendí algo.
¿Cuál fue tu primer trabajo oficial?
El primer laburo importante para un actor es el teatro, es cuando trabajas en público. Mi primera experiencia fue en San Telmo y lo recuerdo como muy importante, porque lo primero que haces es lo que te marca, ese trabajo es el que te hace decidir, si vas a seguir con esto o no.
Juntamente con el teatro hacía radio, estábamos en una F.M. del Barrio de La Boca, fue importante incursionar en radio, el programa que fue bastante bueno, no sé si exitoso, se llamaba “Tres caries en La Boca”
¿Contanos como fueron tus primeros pasos en la televisión?
Nos dimos cuenta que el ámbito de la televisión era totalmente distinto, no conocíamos nada de este medio, el tema de la cámara, o mejor dicho de las cámaras; estás rodeado por cuatro o cinco que te miran y ahí es cuando tomas conciencia que te están grabando, fue un examen a nuestro humor, en un lugar desconocido. Por suerte esa oportunidad en América se dio, gustó, se rieron y entramos. Empezamos a darnos cuenta que la televisión era un tipo de trabajo distinto al de teatro, porque la cámara en algún punto te achica, hasta que le tomas la mano y empezás a prescindir de la cámara.
Con Mirando al Oeste un día te vimos con Alfredo Casero haciendo exteriores por Villa Luro, en realidad nos avisó un vecino sobre la hora y llegamos tarde, ya se iban…
Habrá sido el mismo que llamó a la cana Jajá…. Ese día nos pasó de todo. Fue en el año 1995 y era cuando hacíamos el sketch “División Burzaco”, teníamos que grabar una persecución y la hicimos acá en Villa Luro en la calle Corro, que siempre está tranquila, creo que desde que se fue el mercado (itinerante) que estaba en la calle no pasa nada por allí, por eso la elegimos; teníamos que hacer un persecución, nos perseguían a mí y a Tacashima; fíjate la movida y el despliegue que hicimos que un par de vecinos llamaron a la policía y en un momento calló un patrullero, así como para tirar nos encararon. Vinieron los tipos con los chumbos en la mano, fue un momento violento, porque se creó una escena confusa entre ficción y realidad. Claro, pasó que algunos vecinos se asustaron, porque escucharon gritos, vieron corridas y por eso hicieron la denuncia policial, increíblemente la cana llegó enseguida, para mí que sabían que no éramos chorros de verdad…Jajá
¿Era en horas de la tarde, si mal no recuerdo?
Sí un horario tranquilo, cuando todos duermen. Jajá… Creo que eran las tres de la tarde. Ese sketch lo fuimos grabando en varios puntos de la Capital y lo terminamos acá en Villa Luro. Me acuerdo que comimos pizza en “El Fortín” de Jonte y Lope de Vega y ahí fue que propuse, sí fui yo el culpable. Jajá…de venir a la calle Corro, era un día de semana y les comenté, que mi barrio era muy tranquilo en el horario de la siesta. Así fue que los hice decidir y casi terminamos todos muertos o en cana.
¿Te pone nervioso que te salude la gente en la calle?
En realidad la gente es muy amable cuando me saluda, es siempre muy respetuosa y tiene la mejor onda. Yo salgo a la calle y sé que alguno me va a conocer, pero no es un problema para mí, lo tomo con naturalidad, porque sé que no soy ninguna estrella, soy un laburante, como el que me saluda, con la diferencia que yo salgo en la tele.
¿Una frase; y un sueño?
La frase sería sin duda: ¡Guarda que viene el tren! Y el sueño: una siesta inolvidable que me hice en el año 1974 en el Verthier, que la pase bárbaro.
¿Cómo definirías a tu personalidad?
Soy una persona que vive el aquí y el ahora, no tengo o no me gusta proyectarme a futuro. Aunque hace unos años esa proyección la tengo con los vínculos de mis hijas y mi mujer. Quizás mi personalidad prefiere mantener el misterio…por ejemplo, yo intuyo que cuando nos morimos, no vamos a ningún lado, pero prefiero no saberlo, para no amargarme antes.
¿Cómo es tu relación con la fe?
Cuando hay un penal para Racing siempre rezo. Jajá. Pero bueno respondiéndote seriamente te diría que una vez en que casi me ahogo, si Dios existe me habra sacado él, yo la verdad ni me di cuenta, fue en Santiago del estero en el año 1985, me caí en un rio y me ahogaba y no sé cómo pude salir. Muchos dirán que fue por un milagro.
¿Cuándo volvés al barrio te reencontrás con los recuerdos?
Uno vuelve a caminar por calles donde caminó muchos años. Cada rincón tiene una vivencia distinta, acá me paso tal cosa, allá tal otra, eso es real. Siempre desde chico, no me preguntes porqué, me gustó caminar por el barrio imaginándome historias, iba envuelto en mis pensamientos y hoy cuando camino, lo hago con otras cosas en mi cabeza. En la actualidad estoy muy afianzado a Barracas pero con Villa Luro tenemos una gran historia. Fueron muchos años en el barrio: Infancia, adolescencia, adultez, todo eso lo viví acá.
Sabemos que entre esas historias, hay dos hermanos tuyos que ya no están ¿te costó hacer humor, trabajar con la risa después del dolor?
El humor me enfrenta a la tragedia, porque uno “buceando” sabe que todo esto proviene de la tragedia y con el humor encontré una forma de respuesta, una forma de huir, una forma de enfrentar las cosas inesperadas que te depara la vida; porque la muerte de un padre es dolorosa, pero sabes que es parte de la vida, pero la de un hermano y en mi caso dos es más inexplicable.
..Y los amigos del barrio ¿siempre están?
Siempre que puedo, paro un rato a charlar con mi amigo Claudio Cima que tiene la casa de auto radio (COC) en Cervantes y Juan B justo. Y cuando me veo con los muchachos recordamos cuando jugábamos al fútbol en el club Stentor, o en el Leopardi, en la Sociedad de Fomento “Los Amigos de Villa Luro”, o en la calle, también mucho en el campito que estaba en Milton y los terrenos del ferrocarril, frente a donde vivía Macaya Márquez, en esos años me hice amigo de su hijo, que tiene más o menos mi edad.
¿Sabías que Villa Luro es llamado el barrio Romántico, por los nombres de escritores, que tienen nuestras calles?
No lo sabía, pero es coherente el eslogan, muchas veces comenté que mi barrio tenía nombres de escritores y poetas, pero que eran solo extranjeros y eso no me gusta tanto; por eso yo le pondría a algún pasaje del barrio: Narosky o a una calle Poldy Bird . Se han olvidado de grandes, que han hecho emocionar a toda una generación de argentinos.
¿Qué opinión te merece “Mirando al Oeste”?
La revista siempre fue muy querida y conocida en casa, especialmente por mi mamá Carmen, nos parece muy buena y necesaria. Creo que estas cosas cuestan mucho hacerlas y por eso hay que apoyarlas. Es importante que cada uno pueda crear su propio espacio, es como cargarse el bolsito y salir a laburar. Todo es bueno para mantener vivo el oficio; esto también pasa en el terreno teatral. Uno debe buscar por cuenta propia, crear un espacio; en mi caso el de actor, él de ustedes el de periodistas. Alternativos o no, todo es respetuoso y saludable. Esto es lo que te sostiene también para seguir creciendo.
Por último, te pedimos un saludo y un deseo para los lectores de nuestra revista
Mi saludo, quiero hacerlo bien grande, por eso sería “un gran saludo”, un enorme abrazo a Villa Luro, un barrio lleno de proezas, un barrio lleno de guerreros, un barrio lleno de atorrantes, un barrio de los que a mí siempre me gustan…
¿Y el deseo?
Son varios: que Villa Luro siga donde está, que siga Llamándose Villa Luro y que tengamos recreos de felicidad
Chau y hasta siempre
