Alejandro Dolina nos citó para entrevistarlo, en aquella inolvidable ocasión, café de por medio, en el Tortoni, tradicional y emblemático rincón de Buenos Aires, donde Dolina transmitía todas las noches su programa radial. Actualmente se transmite desde el auditorium de la Radio AM 750, de lunes a viernes a la medianoche. En aquella ocasión se mostró como esperábamos: inteligente, honesto, pícaro, divertido…y hasta nostálgico, nos regaló la risa rápida y la reflexión. Villa Luro y el Oeste porteño también están presentes en esta charla. Tratamos de hacer un reportaje, con un toque artístico, hasta con un propósito educativo y aleccionador; así que vamos a empezar con la primera pregunta, que es la que siempre hacemos…
¿Cómo se presentaría?
No lo sé, porque suele ocurrir, cuando uno se presenta, que dice cosas, que, para las personas, que ya me conocen son superfluas y para aquellas que no te conocen son absolutamente insuficientes; o sea que navega en dos ríos, totalmente distintos y equivocados; uno es el de la superfluidad y el otro el de la insuficiencia. Yo optaría por llenar una solicitud de crédito, o algo así…en esa solicitud pondría: Alejandro Dolina, que trabaja de haciendo algunas cosas, como por ejemplo escribir o componer música; hasta cantar y conducir programas de radios.
Vamos a los recuerdos de su niñez ¿Cómo fue su infancia?
Fue oficialmente feliz, está así establecido por la familia y yo no me resisto a ese dictamen. Incluso a veces pienso, que cuando recurro a mis recuerdos algunos ni sean míos. Por ahí son recuerdos que me han sido prestados por la historiografía oficial de la familia, encarnada en mi tía o en mi madre, y como son las únicas fuentes posibles, tengo que decir que tuve una infancia feliz y familiar, que comenzó en una casa muy grande, donde vivía con mis abuelos, mis padres, con algunas de mis tías solteras…y en esa casa también venían nuestros parientes de Baigorria (donde yo nací). Aquí se alojaban cuando llegaban a Buenos Aires y también muchos amigos que caían en desgracia y siempre paraban en casa. De modo que yo crecí en estado de asamblea permanente (risas) siempre acompañado de mucha gente.
Cuando en esos años le preguntaban “¿nene que vas a hacer cuando seas grande?”¿Que decía?
Cada día una cosa distinta; me pasaba haciendo planes hacía un futuro, que para albergar mis sueños tendría que haber sido infinito. Soñé con muchas cosas: con ser periodista, colectivero, boxeador, futbolista y hasta actor de cine. Incluso soñé con esto, que soy ahora: poder hacer música y tener un programa de radio, pero no de un modo tan señalado, que pudiera interpretarse como una premonición, porque las otras no se me cumplieron, porque por ahí también alguna vez soñé con ser ingeniero agrónomo y tampoco lo fui ni por casualidad (risas).
Ese chico tan soñador ¿Fue un escritor precoz?
Hacía lo que las maestras llamaban buenas composiciones, quizás ya en el secundario tenía algunas ocurrencias más graciosas que volcaba al papel incluso en un periódico que llame “El pasquín”; de chico, también dibujaba muchísimo, pensé que era bueno, hasta que aborté por mi absoluta incapacidad. No tengo el menor talento, justamente fue eso lo que me obligó a desertar tempranamente, tendría 10 u 11 años cuando me di cuenta que todos mis compañeros dibujaban mejor que yo; aún aquellos que no tenían ninguna vocación por el dibujo. Así que abandoné…pero todavía mis tías conservaban algunas boletas del partido Radical, al que era afiliado mi abuelo, en cuyo dorso, yo dibujaba unos automóviles espantosos. Horribles (risas).
¿Sabía, que muchos lo asocian con el barrio de Flores; incluso con Villa Luro?
Qué curioso, porque realmente el que era de Villa Luro fue Roberto Arlt. Borges juraba que Arlt, le dijo en una ocasión que no entendía el lunfardo, porque venía de un barrio del arrabal que es Villa Luro y ahí el lunfardo no se conoce. Borges también decía que el lunfardo era un academicismo del Centro, una invención. Y sabe una cosa, yo también creo eso.
¿Seguramente tuvo que caminarlo al Oeste porteño, para dar vida a las ingeniosas crónicas del Ángel Gris?
A Villa Luro lo conozco y mucho, incluso he tenido alguna novia por ahí. Yo tomaba el viejo colectivo de la línea 81 (hoy línea inexistente), colorado y blanco era, venía de Caseros a Villa Luro, daba una especie de vuelta, de tal modo que en algún punto coincidía el colectivo que venía de José María Moreno con el que venía de la provincia. Tenían que hacer la misma vuelta manzana y en una parada coincidían los que iban para direcciones opuestas. O sea que uno tenía que prestar mucha atención y preguntarle al colectivero “¿Este para qué lado va?” lo que me provocaba una enorme confusión. Y volviendo a Villa Luro, no le miento, cuando le digo que lo he caminado mucho. Conozco esas plazoletas extrañas, que vienen a completar lo que sobró de la Avenida Juan B. Justo (a la altura del 8000) cuando entubaron al arroyo Maldonado. He caminado hacía más arriba, donde está la Aranguren ancha y la otra: Corro, que me gusta más por su empedrado, que es aún más ancha y abierta, que se precipita con su grandeza hacia las vías del Ferrocarril Sarmiento.
Y después, también, escuché de Villa Luro, algunos cuentos del barrio, como el de aquel antiguo tren de Villa Luro, que ninguno de nosotros ha podido ver, porque desapareció hace muchos años, y que unía nada menos que Villa Luro con Sáenz Peña; mi abuelo era maquinista de ese tren y cuando él me contaba, yo lamentaba muchísimo, la abolición de aquel ramal ferroviario, porque podía haber seguido teniendo (hoy día) gran utilidad. Juntaba la línea del Sarmiento con la de Caseros, Pero desapareció, hoy solo quedan sus cuentas, sus historias.
En su libro Crónicas del Ángel Gris, nombra a dos personajes de Villa Luro: al cineasta Julius del Piero y al cantor del olvido…
Sí del cineasta me acuerdo, de sus documentales con las parejas afilando en los zaguanes de Villa Luro, pero del cantor…me olvidé (risas), pero mire qué destino de olvido, que ni yo me lo acuerdo (risas). Lo que me viene sí de ese cantor, es que cumplió con la consigna: de que siempre parece, que, para cantar bien, hay que presentar dudas, acerca de la locación del propio nacimiento. Por eso será que los vecinos, reclaman su natalidad en Villa Luro.
Volviendo al cineasta ¿Cómo surgió la idea de crear un personaje que filmaba sus películas en Villa Luro?
Debo confesar que son más inventos que descubrimientos. Sin embargo, a mí me parece que es mejor dejar la sensación que uno ha descubierto las cosas, especialmente al escritor que tiene la pretensión del mito. Creo que sí hay cierta destreza, uno debe dejar la sensación de que algo de cierto hay. Yo más que inventarlo, oía, a veces hasta en susurros, a alguno que hablaba sobre el asunto…y eso es mucho mejor. Ningún personaje es real, pero al mismo tiempo son todos reales.
Muchos se preguntan que fue de aquel Ángel Gris; Humberto Sobrado (escritor de Villa Luro) siempre nos decía que… se vino para Villa Luro.
A mi me parece bien que los personajes se escapen de la dudosa tutela, del que dice haberlos inventado. Si el personaje es bueno, creo que se te tiene que escapar de las manos. Ya en una instancia superior, uno ya tiene que ser un poco manejado por el personaje; cuando vos tenes su más absoluto dominio, es porque el personaje no está hecho, si puede hacer cualquier cosa, es que no lo terminaste. Y cuando está bien hecho, hay cosas que el personaje te ordena que hagas con él.
Sus éxitos no son solo literarios, sin duda la radio le ha dado la posibilidad de trabajar sus pensamientos filosóficos…
Sí, hago un ejercicio de pensamiento, pero no diría yo que filosófico, podríamos decir que es un intento de pensamiento crítico y nada más.
¿Llegó a tratarlo a Borges?
Yo he tenido la suerte de escucharlo a Borges. Fue una de las experiencias más hermosas de mi vida; pero no estoy seguro de estar interesado en una charla de café con él; porque yo no tengo nada que decirle. Yo conocí a una persona que cada vez que se encontraba con un personaje de peso pesado, le ofrecía mostrarle sus obras (dígase una poesía, un cuento o lo que sea) y eso me parece de mal gusto, imposible de soportar. Yo no haría nunca eso.
¿Sabía que Villa Luro es el barrio de las calles románticas, por el nombre de escritores y poetas que tienen sus calles?
Esa autoría esta por verse; porque Lope de Vega no solo cruza por Villa Luro llega a Villa Real; Cervantes igual toma Monte Castro; Moliere igual no viven solo en Villa Luro esos nombres…y así le puedo nombrar varios más…me parece que no hay que ser egoísta y compartir el romanticismo con otros barrios.
Villa Luro sí tiene su estación de trenes
Me gusta, porque yo estoy muy relacionado con el ferrocarril, no solo por la profesión de mi abuelo, sino porque mi casa estaba pegada al ferrocarril, terminaba en las vías. Así que yo crecí disfrutando de la estética del ferrocarril.
¿Nunca le molestó el ruido de los trenes?
¡Cómo me iba a molestar! Al contrario, otros ruidos molestaban, los perros molestan, los camiones de la basura, pero el tren era un ruido mucho más noble.
¿Vuelve a Caseros?
No vuelvo a Caseros, porque ya no encuentro un pasado en común, ya no me quedan familias que conocí, en la casa de fulano ahora está perengano. Tengo que hacer hoy, una suerte, de traducción. Seguramente hay alguien que vive en la casa del negro Dolina, que desde luego no soy yo.
¿Le parece que le toca el cielo junto al Ángel Gris?
Ojalá, pudiera responder. Sí contesto desde mi absoluta sinceridad, debería decir que cada vez menos creo en cielos e infiernos.
…Por ultimo y agradecidos por esta entrevista, le pedimos un deseo y una despedida a nuestros lectores
El deseo que Villa Luro conserve a esas características que lo hacen tal, que la gente pueda seguir saludándose, que las casas tengan nombre y apellido. “Hoy pase por delante de lo de Figueroa” y no se tenga que dar ninguna explicación…Deseo también que Mirando al Oeste siga teniendo al barrio como marco referencial. Yo lamento cuando leo en “La voz de Ballester” “Crecieron las plantaciones de árboles en huertos y jardines urbanos en Estocolmo”.
Y la despedida…
Sería muchas gracias, y me despido rápidamente, porque no quiero caer, en ese típico defecto de los invitados que no terminan nunca de irse.

Felicitaciones ALEJANDRO DOLINA por este nuevo MARTIN FIERRO de la radio, que premia también a tus 40 años haciendo un programa GENIAL y UNICO, con un humor siempre inteligente y mucha cultura. GRACIAS MAESTRO!!!
