Soy profesora de Geografía egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Desde los 7 años viví en el barrio de Vélez Sarsfield, aunque suelo decir Floresta cuando me pregunta, porque pocos lo conocen. Trabajé por más de 30 años en la Escuela de Comercio Hipólito Vieytes de Caballito y en la escuela de Cerámica Fernando Arranz de Villa Luro.

Durante  la primera década del siglo XXI, se renovó el impulso del centro comercial de Avellaneda con una nueva modalidad: los Paseos de compras. Algo menos sofisticados que las antiguas galerías, estos paseos consisten también en pequeños negocios dispuestos a lo largo de un pasillo central. El primero que recuerdo, 3 elefantes, se construyó en el espacio de un enorme garaje sobre Avellaneda entre Joaquín V. González y San Nicolás. A partir de ese momento proliferaron no solo sobre la avenida, sino también sobre las calles paralelas y perpendiculares, en particular en los terrenos de mitad de manzana que son los más largos. Así desapareció la histórica confitería Del Globo.

 La producción que se vende en esos locales, procedente de otras zonas, fue desdibujando el carácter fabril del centro comercial, pero se pudo mantener el atractivo económico gracias a los bajos precios que se ofrecen. El crecimiento superó la barrera geográfica de la Plaza Vélez Sarsfield ganando terrenos hasta la avenida Segurola. Los nuevos comerciantes  de origen peruano y boliviano empezaron a mezclarse con los históricos judíos y coreanos. Al mismo tiempo avanzó la venta callejera, no solo de vestimenta, sino también de comidas típicas que iban invadiendo las calzadas al superar el espacio de las veredas.

El tránsito por ese tramo de Avellaneda, se hizo más lento, y hasta casi imposible durante el tiempo en que se ensancharon las aceras, tomando un carril de circulación vehicular a cada lado en las esquinas.

Una vez terminada esta obra, cuando promediaba la segunda década del nuevo siglo, la policía de la Ciudad evitó que volvieran a instalarse los vendedores ambulantes, motivo por el que éstos se trasladaron a las avenidas Nazca y también Rivadavia, tornando el tránsito de la zona aún más caótico (de hecho la barrera de Nazca siempre lo fue).

Durante la pandemia, los comercios vendieron on line.

Al terminar este triste episodio, se sumó un nuevo público comprador, minorista de clase más acomodada, que llega a comprar en familia o en grupos de amigos a buenos precios mayoristas, prendas que pueden encontrarse hasta en los shoppings.

Entonces en los últimos años se comienzan a distinguir dos zonas, hacia el norte de la avenida se extiende un tipo de comercio con confecciones más exclusivas, se instalan bares, cafés y restaurantes para satisfacer la demanda de estos compradores (por ejemplo Le Blê) y hacia el sur los paseos de compras con prendas de menor calidad y venta de comida callejera. En la actualidad este tipo de espacio comercial está avanzando sobre las históricas mueblerías de usados de Rivadavia (como La Rueda) cambiando poco a poco la fisonomía característica de esa arteria en los barrios de Flores y Floresta.

Alejandra Napolitano