Siempre vigente y popular, querida (ayer y hoy) por el público. Una gran actriz que nos habla en esta entrevista con sentimiento, nostalgia y con la sencillez de la chica de barrio que nunca olvido y que eternamente vive en su interior.
¿Cómo te presentarías?
Como una chica de barrio, que tuvo la suerte de leer mucho; y no fue porque en casa fueran lectores, sino porque mi papá, que trabajaba siendo chofer del presidente que inventó el GENIOL, me daba siempre un libro los días sábados, para que yo tuviera tiempo durante la semana para leerlo y la condición era que el próximo sábado se lo tenía que contar; entonces desde chica me convertí en una lectora.
En esos años mi pelo era muy enrulado y como no se usaba tenerlo así, me daba vergüenza salir a la calle. Me quedaba en casa y después cuando empecé a ir a los bailes, no me sacaban a bailar y era por culpa de los rulos (risas) ¿para qué iba a ir? La lectura fue siempre mi fiel compañera.
¿Recordanos tu infancia en el barrio de Villa Luro?
Divina; yo nací en la calle Zelada a una cuadra de la Iglesia San Francisco Solano (Zelada 4771)…siempre cuando estaba en casa escuchaba sus campanitas, eran parte de la rutina diaria. Mi infancia fue muy divertida, porque vivía mucho en la calle; mi hermana era la nena frágil que había que cuidar, porque en la segunda epidemia de parálisis infantil se enfermó, fue cuando yo recién había nacido y un medico del Hospital de Niños le dijo a mi mamá: “¿Usted tiene otra hija?” y le responde que sí, que tiene otra de 15 días y con total frialdad el Doctor sentencia su diagnostico “Entonces ocúpese de la otra”…la otra era yo; mamá hizo todo lo contrario; me largó a mí con toda la gente del barrio y con mi abuela y con mi tía y se ocupó a pleno de mi hermana. Entonces yo me crie de mano en mano; con los vecinos. Siempre recuerdo con mucho cariño el afecto que recibí en el barrio de Vila Luro.
¿Porque tus padres eligieron a Villa Luro?
En realidad, fue por mis abuelos, porque cuando vinieron a la Argentina de Italia, fueron a parar por consejos de otros paisanos a esta zona, porque era un lugar que estaba poblándose y había muchos inmigrantes tanos y gallegos. Mi abuelo tuvo una carnicería en las calles Medina y Santiago de las Carreras; toda la vida vivieron en Villa Luro; después siguieron mis padres y varios años también yo disfruté esa casa de la calle Zelada, que lamentablemente la tiraron abajo para la construcción de la autopista; fuimos otra, de las tantas familias afectadas, lo recuerdo como muy doloroso, las casas con sus historias desaparecieron de un día para el otro, había mucha tristeza en los vecinos, no solo de los que tuvieron que irse, también de todos aquellos que se quedaron, este sentimiento de fractura, esa grieta generada por la construcción de la autopista duro sin dudas en el barrio muchos años.
¿Fue la llegada de la autopista lo más triste que viviste en tu sentir barrial?
Como te dije, la autopista generó una grieta, partió al barrio en dos, le saco luz y atractivo, cuando tiraron mi casa yo ya no estaba viviendo allí, pero igual fue terrible. Una amiga tuvo la genial idea de fotografiarla y después me la mando. Esa foto me quedó como testimonio y la sigo guardando con todo amor.
¿Es verdad que quisiste ser socia de Vélez, pero te asociaron a Ferro?
En el barrio los chicos eran de Vélez o de Chicago, mis primos eran socios y fanáticos de Vélez, pero mi mamá no me quiso hacer socia del club, porque decía que había mal ambiente y entonces me hizo socia de Ferrocarril Oeste, para lo hizo para tenerme más lejos de casa (risas).
¿Cuál es uno de tus recuerdos más lindos de niñez y juventud?
Todos están presentes. Hace unos veintipicos o casi treinta de años la madre de mi primer novio me llamó para saludarme, me ocasionó gran sorpresa y recordé hablando con ella, con gran cariño al barrio y a los vecinos. Siempre estuve conectada con mis raíces. Además, me encantaba Villa Luro, incluso a mi primera película, coincidencia del destino, la hice muy cerquita de mi casa, más para el lado de Rivadavia; se filmo en 1968 y la película se llamó: “Breve cielo” junto a Alberto Fernández de Rosa; la casita que aparece el film, estaba a pocas cuadras de la estación de Villa Luro; por eso también aparecen muchas otras imágenes del barrio. Con esa película me dieron un premio en Moscú.
¿Sabías que mucha gente de Villa Luro, te nombra como vecina?
Lástima que no esté mi casa… Siempre digo de donde soy. A la gente le gusta que no te olvides de tu barrio y seguramente porque nunca renuncie a mi pasado los vecinos no se olvidaron de mí y me reconocen como una actriz del barrio, cuando yo era chiquita se comentaba con admiración que Malvina Pastorino era del barrio.
Otros recuerdos del barrio…¿Serían?
Cuando iba a visitar a mi amiga Lucia Sampayo, que vivía en pleno corazón de Villa Luro, porque nosotros estábamos más al sur…para ir a su casa hacía todo un camino por callecitas chiquitas, me encantaba el olor que había en su cuadra, había muchas plantas y flores, conservó aun hoy de ese lugar los mejores aromas y sabores, porque la leche chocolatada y las vainillas que te servían en su casa eran deliciosa. Tenían otro encanto las meriendas en la casa de algún amigo.
Otro recuerdo era el de un personaje que le decíamos “El hombre de la Cruz”. Era un tipo que vivía en Zelada entre Mozart y Moreto, era de una familia bastante acomodada. Pasaba todos los días por la Iglesia, se quedaba un rato, tenía barba y siempre usaba un sobretodo negro en invierno y en verano y rezaba en voz alta; no se porque nos daba tanto miedo a los chicos del barrio.
¿Cómo viviste el paso del anonimato a la popularidad?
La verdad que desde niña fui una “chica popular”, porque creo que todo aquel que pertenece a un barrio ya es popular, allí todos te conocen, te quieren o no te quieren; y como te conté, a mi se me sumo, que fui bastante callejera, además yo decía versos, cantaba y no tenía problemas de entonar una canción mientras estaba haciendo compras en el almacén , o sea que el tema del espectáculo, lo tenía incorporado; aunque en realidad quería estudiar medicina, no quería ser artista, pero me fastidiaron tanto que la medicina quedo atrás, como algo pendiente, igual sentí que de alguna manera, también, esto que hago, es para ayudar y transformar la vida de la gente.
Serías una Actriz que cura
Que bueno, nunca me lo dijeron. Esta bueno para que titules así la nota (risas). Porque lo cierto es que el actor puede ayudar a mucha gente; recuerdo que cuando estaba con Guillermo Francella, haciendo un espectáculo muy divertido, la gente nos esperaba en la puerta y nos decía cosas como: “A mí se me murió mi marido hace un mes y ustedes me hicieron recuperar la sonrisa y olvidarme por un rato mi dolor” Cuanta gente que sufre la soledad, siente que los actores son su familia. Uno recibe, todo el tiempo, muchas muestras de agradecimiento y afecto,
¿Dónde te sentís más cómoda trabajando en cine en teatro o en la tele?
La televisión es lo masivo, llega a toda la gente, pero cuando hago cine me encanta. Lo mejor es el teatro, me encanta la relación que se genera entre el actor y el público; pero cuando dejo de hacer una cosa, te aseguro, que extraño la otra (risas).
En tu opinión ¿El artista necesita estar siempre vigente y ser reconocido?
Creo que es relativo, incluso me parece que es un misterio. A veces pienso que sería de mí, sí estoy un año sin trabajar y mi respuesta es que la gente no se olvida de uno. Cuando te elige, te espera, se preocupa, te sigue.
¿Te viven pidiendo selfis en la calle?
Si…y eso que yo soy de la época de los autógrafos (risas). La relación con la gente en la calle es excelente. Vengo de una educación donde mamá fomentaba una relación con los vecinos, uno se preocupaba por saber acerca de la vida de tal persona, nos manteníamos actualizados. Te diría que la relación y los recuerdos que uno tiene con la gente, a veces es más fuerte que la de tu propia familia. Generalmente no atiendo el teléfono de línea, por eso durante un tiempo tuve un mensaje, en el contestador de un señor que me decía que era de la calle Zelada tenía 82 años y que quería hablar conmigo, pero nunca me dejaba su número de teléfono para contactarme; así que nunca pude responderle. Quizás termino enojándose conmigo, sin tener yo culpa.
Vamos a jugar con la imaginación ¿Con quién te gustaría reencontrarte de tu pasado?
Me gustaría charlar una vez más con Horacio que fue mi novio del barrio.
Por ultimo y agradecidos por esta cálida entrevista te pedimos un deseo y una despedida para los lectores de mirandoaloeste.com.ar
Mi deseo es que Villa Luro y los barrios del Oeste que tantos recuerdos me traen, vuelvan a ser como eran antes, que la gente se sienta mucho más segura en la calle, en sus casas y que mejore la situación económica. Que el vecino vuelva a ser regalón, antes todos te daban “la Yapa” todo el mundo te “daba”; hoy la gente, no lo hace porque verdaderamente no tiene, no puede y mi saludo es de agradecimiento y de amor, porque hoy día, siempre que escucho alguna noticia del barrio, renace en mí el sentimiento de pertenecía que tengo hacia ese lugar. Me gustaría volver a visitar al Club Leopardi, tenía una vida social importantísima, con inolvidables bailes, cuantos matrimonios se habrán formado gracias a ese y tantos otros clubes de barrio.
¡Gracias Ana María!
Gracias a ustedes por haberme permitido compartir tantos recuerdos inolvidables.
